Comentario
del libro “Impostures intellectuelles”
De
Alan Sokal y Jean Bricmont
El libro y su enfoque.
Hemos leído el libro de Alan Sokal y no deja de provocarnos una reacción de cierta satisfacción, nos explicamos. Hasta el momento han aparecido muchos libros en los que los filósofos y otros especialistas de las llamadas ciencias humanas, que no es lo mismo en tanto la filosofía no es una ciencia, leían desde sus presupuestos las consecuencias para el pensamiento en general de dichos avances o impases. El esfuerzo para aclarar la nueva episteme en la que se mueve el momento actual, que algunos han bautizado como post-modernismo, ha provocado una explosión de obras, libros y trabajos, desde cada disciplina, para intentar rigorizarse en su teoría.
Este libro es una lectura desde una disciplina científica de obras de filósofos y de obras encuadradas en las ciencias sociales, no deja por tanto de ser una novedad.
Las críticas a los medios intelectuales americanos sobretodo a los dedicados a las ciencias humanas, ligados a una corriente llamada post-modernismo, que achaca a medios parisinos, proviene de tres factores:
- rechazo de la tradición racionalista de las luces.
- son elaboraciones teóricas desligadas de toda prueba empírica.
- relativismo cognitivo y cultural que supone tratar a las ciencias como narraciones o construcciones sociales entre otras.
Aclaremos, antes de entrar en sus afirmaciones e imputaciones, algunos conceptos previos que el libro pasa por alto. La segunda mitad del siglo XX se caracteriza por el intento de las ciencias sociales (las que explican los fenómenos ligados al hombre, tomados en un sentido antropológico) por adquirir un rigor, en algún sentido, semejante al de las ciencias físico-matemáticas. En ese contexto el debate interno ha sido, a nuestro entender, entre dos corrientes. Una empírico-racionalista y la otra ligada a la corriente lingüístico-estructuralista.
Condiciones del Paradigma empírico-racionalista.
Las
disciplinas que han optado por lo empírico-racionalista (por ejemplo
1.- En la teoría debía respetarse el método hipotético-deductivo con todas las exigencias que comporta. La mayoría de esas exigencias están ancladas en los conocimientos que la lógica ha aportado históricamente. Con esas exigencias se ha construido todo el entramado de las propiedades que debe cumplir una teoría bien construida, el que muchas veces no se haya conseguido se debe a la falta de conocimiento suficiente pero se tiende, cada vez más, a una formalización lo mas rigurosa posible. Esa formalización intenta, una vez explicitados los axiomas fundamentales y los teoremas primitivos de la disciplina obtenidos de la experiencia, observación, clínica etc., encontrar un aparato formal lógico-matemático bien establecido por la lógica y/o las matemáticas [1] que le sirva como modelo (algunos prefieren el concepto de metáfora, aunque tomada en un sentido muy restrictivo). Para ello deben darse una serie de justificaciones, y muy explícitas. Concedemos a Sokal que esa es la forma de hacerse, cualquier otra manera de mantenerse en lo racionalista es una impostura.
2.- No podía dejarse a lo deductivo funcionar en vacío con sus reglas de validez interna sin importar también el método científico en lo que llamamos la contrastación con lo empírico, los datos de experiencia. La validez externa de los resultados obtenidos por deducción debe hacerse con unas reglas determinadas, en las que la verdad no es la verdad formal sino la verdad empírica validada habitualmente mediante el método experimental. En este segundo aspecto la inducción juega un importante papel. En general nos referimos al discurso de los metodólogos.
Condiciones de importación de un modelo lógico-matemático.
En la importación de los modelos lógico-matemáticos, se debe respetar como mínimo la coherencia interna de los conceptos importados, su significado interno, y el dominio en el que son correctos sin extrapolaciones injustificadas. Al contrario, las más de las veces, deben ser restringidos a dominios más precisos. Por ejemplo, eliminar soluciones negativas, matemáticamente correctas en el modelo, imposibles en la teoría concreta. Este paso también debe ser justificado y desde la teoría concreta -no desde el modelo - en función de sus presupuestos o de los datos obtenidos de lo empírico.
Condiciones del Paradigma lingüístico-estructural.
Por
contra, las disciplinas que han optado por el modelo
lingüístico-estructuralista, se han mantenido en un paradigma totalmente
distinto (por ejemplo la antropología estructural). Este modelo, que no parte
de la gran ciencia física y sus modelos lógico-matemáticos, sino de la otra
ciencia -
- a) La teoría del signo tal como la definió Saussure, mediante la juntura de dos planos distintos: el del significante y el del significado, que siendo de naturaleza distinta se sellan en el signo.
- b) El hecho de que los signos se despliegan, en lo temporal, en un hecho importantísimo: el discurso. Para ello aparecen dos niveles de relación entre los signos. Uno, el nivel paradigmático, en el que los signos se articulan por una relación sincrónica entre ellos, sea por articulación en el plano del significante (en su constitución léxica) o por la similitudes en su significado (en su dimensión semántica). Dos, un nivel sintagmático, en el que los signos se despliegan mediante unas reglas sintácticas. Tener en cuenta el discurso como realidad primera supone que lo empírico desaparece y es sustituido por los decires como hecho primordial.
Condiciones de importación del modelo lingüístico-estructural.
Atenerse al modelo de discurso impone, naturalmente, justificar que la disciplina que lo utilice tenga como hecho principal un hecho de discurso y no un hecho puramente fenoménico. Que en algún sentido el hecho estudiado esté estructurado por decires que puedan modelizarse mediante signos y éstos estén estructurados a la manera de un lenguaje.
Diferencias entre los dos paradigmas.
La primera diferencia que hay que subrayar, entre los dos paradigmas, es su concepto de real. El paradigma empírico-racionalista mantiene un concepto de real existente y exterior a toda construcción humana, este real producirá el fenómeno que es lo que se estudiará. En la física el real es material sea en forma de materia, energía, ondulatorio o cuántico. En la lógica no existe real pues se queda en lo puro formal y en la matemática el real son los números. En el paradigma empírico-racionalista lo real y la realidad son términos equivalentes.
En el paradigma lingüístico-estructuralista es preciso diferenciar claramente entre real y realidad. El hecho de que se estudie el discurso supone diferenciar la construcción que ese discurso establece, que es la realidad, del real que actúa como referente. Por ejemplo, en la antropología, el discurso crea una realidad (el mundo simbólico en el que el sujeto vive como ser) y lo real unas veces es la naturaleza y otras es el propio hecho lingüístico tomado en su materialidad [2]. Bien es verdad que muchos autores en este paradigma no explicitan correctamente estas dos dimensiones, lo que puede llevar al lector poco avezado a confundirlas y llegar, en el límite, a pensar que toda realidad es puramente discursiva. Esta última posición creemos que es errónea.
Esta confusión, en la que claramente caen muchos autores americanos cuando leen los trabajos de los europeos y también los propios europeos entre si, se debe a dos causas. Una, en el propio paradigma no está bien explicitada la referencia a lo real. Dos, su formación empiricista les obtura para hacer la distinción. Y es entonces cuando, al no ver claramente esta distinción, optan o por entrar en un relativismo cognitivo, en términos de Sokal, o en un juicio equivocado: suponer que ese paradigma no tiene un real claro de estudio, o incluso que niega la existencia de ese real.
La segunda diferencia entre los dos modelos es que el primero se mantiene en “lo objetivo”, entendido como la explicación del fenómeno mediante unas reglas formales y experimentales. El segundo por contra debe abordar lo subjetivo. Que nadie se confunda, lo subjetivo no es la opinión cognitiva-emocional, en términos de la psicología americana, los subjetivo está estructurado mediante sus propias leyes. En algunos trabajos se lo denomina la intersubjetividad. El estudio de lo subjetivo no supone un sujeto congnosciente aislado del fenómeno que estudia, por contra supone a un sujeto implicado y determinado por su propio acto; un sujeto “sumergido y determinado” por aquello mismo que quiere conocer. Y diría más, es la propia existencia del sujeto la que se pone en juego en sus actos. No se trata de explicar un fenómeno provocado por un real exterior a nosotros sino como el real exterior o interior o simplemente excéntrico, del que formamos parte, nos determina en nuestra construcción; sea cultural, antropológica, lingüística, o económicamente, etc.
En consecuencia desde el paradigma ligüístico-estructural existe la licencia de “leer” una de las construcciones del humano de nuestro tiempo: la ciencia. Dicho de otra manera la ciencia es producto de nuestra relación a lo real, producto que retroactivamente nos determina, en tanto viene de lo real pero también nos permite actuar sobre lo real. Lo objetivo no deja de ser una manera con la que lo subjetivo de relaciona con lo real. Por eso es imprescindible mantener que lo subjetivo está anclado en lo real y no es una “narración”. Pero que no haya confusión, desde lo objetivo no se puede interpretar lo subjetivo desde una posición de dominancia, pues lo objetivo es una modalidad de lo subjetivo. Si se hace se cae entonces en la pura ideología dominante, en este caso en el cientificismo. La ciencia es un tipo de discurso humano que ha olvidado su construcción como discurso, su origen, y que se mantiene en la conclusión de ese discurso: el método.
Interrelaciones entre los dos paradigmas.
Quisiéramos puntualizar, que no por ser paradigmas distintos dejan de interpenetrarse el uno en el otro. Por un lado el paradigma estructural echa mano, en sus trabajos, de las formalizaciones fuertes que el modelo lógico-matemático les puede proporcionar; y es en ese paso dónde aparecen confusiones ya que algunos lo hacen al modo que lo hace el paradigma empírico-racionalista cometiendo errores serios. Por otro los teóricos del paradigma empírico-racionalista importan conceptos Semiológicos del otro paradigma, por ejemplo significado, símbolo, reglas sintácticas, interpretación semántica de una teoría etc. Conceptos que importan también erradamente, nos explicamos. El error es que aplican términos teóricos que se refieren a un discurso incorporándolos a sus teorías formales científicas que justamente no se basan en un discurso sino todo lo contrario en una formalización sincrónica de axiomas, reglas de deducción o transformación, teoremas, etc. Por ello pueden decir que las reglas de inferencia lógicas “son sintácticas” o que interpretar una teoría es el paso “semántico” o que el “significado” de un término debe ser unívoco confundiendo muchas veces significado y concepto. Es decir utilizan los conceptos del paradigma lingüístico-estructural mal, o simplemente con el mismo nombre se inventan otros que les convienen a su propósitos.
Lo que sucede habitualmente es que cuando los teóricos del modelo lingüístico-estructural leen esas importaciones en los trabajos de los empírico-racionalistas comprenden que son utilizados de forma distinta y con definiciones restrictivas (aunque muchas veces abusivas), mientras que cuando se trata del proceso inverso; cuando los teóricos del paradigma empirico-racionalista leen sus términos teóricos en los trabajos de los teóricos del paradigma lingüístico-esctructural “creen” -y es el caso del libro que comentamos- que son los mismos que ellos utilizan y además no ven a qué real se aplican, con lo que ponen el grito en el cielo.
Evidentemente reconocemos que en los dos casos pueden haber errores o metáforas o analogías simplemente lingüísticas, que deben ser combatidas. Pero exigimos que en la crítica no se cometa el mismo error que se denuncia y nos referimos concretamente al libro comentado. Vayamos por pasos.
El error en el libro.
Nos centraremos en el capítulo dedicado a Jaques Lacan pues pensamos que, de los otros autores, podrán responder o corregir los errores, si fuese el caso, mucho mejor ellos mismos o personas que los conozcan a fondo. Hacer lo contrario sería actuar, al estilo del libro, sin valorar a qué responden sus referencias, acertadas o erradas, a conceptos científicos y caer en el mismo error de los autores; que consiste en: hacer una lectura de las referencias a conceptos lógico-científicos y “creer” que son modelizaciones al estilo empírico-racionalista, con lo que pueden ser criticadas por falta de rigor en su definición o aplicación. Si fuese así, los autores tendrían razón en que no aportan nada mas que confusión. Pero si son “lecturas” desde el modelo lingüístico-estructural, es decir desde el discurso, de conceptos que están en el <código>, en este caso lógico-matemático, habrá que ver en cada caso lo que aportan; sí, y sólo si, analizándolos dentro de todo el discurso del que forman parte, y no mediante la mutilación del discurso en trozos sueltos y desgajados.
Quisiéramos recordar a los autores del libro la más elemental técnica del “comentario de texto”, que se aprende, o se debería aprender, en cualquier facultad de Filosofía. En ese comentario, basado en el análisis estructural, se debe hacer un análisis terminológico serio pero no debe olvidarse nunca, entre otras cosas, el análisis de estructura, en el que cada término toma su valor en relación a los otros términos. Evidentemente ese análisis no puede obviarse mediante la coartada, que usan los autores, de que ellos no entran a valorar el valor de las teorías de los autores criticados sino su uso de términos científicos. Se ve claramente como entran a analizar un paradigma con los presupuestos del otro paradigma. Y no dejaremos de indicar, que analizar el paradigma del discurso mediante los presupuestos del paradigma del fenómeno, además de errado nos parece de cierta deshonestidad, diremos por qué.
Porque para hacerlo, lo hacen mediante el paradigma del discurso, no utilizan el método científico sino el método del comentario de discurso, que tal como lo utilizan en el libro o desconocen u obvian -que sería peor. Utilizar el paradigma del discurso supone que el sujeto, que enuncia está implicado en lo que enuncia, a diferencia de la ciencia en la que este sujeto no aparece excepto en la firma del artículo. Resultando de ello una cierta intencionalidad que termina por explicitarse en el siguiente razonamiento: “si los términos científicos utilizados lo son sin rigor podemos inferir dudas sobre el valor del resto de sus teorías”. No podemos dejar pasar este razonamiento por implicación, en el sentido lógico, en el que se hace un paso inductivo: “si una parte es falsa seguramente lo será el resto”. De lo particular a lo universal en el razonamiento, ¿y qué decir de su efecto de discurso?; claramente: de la afirmación a la imputación. No se hace una crítica, constructiva, en términos de compañerismo, a los teóricos del otro paradigma con el fin de ayudar al mejor entendimiento y aprovechamiento de los saberes que se desprenden de cada uno; e intentar ver que se puede aprovechar de el uno para el otro; que estaría en la línea del conocimiento de la luces que reivindican. Todo lo contrario van en la dirección del descalificamiento y de la imputación. Los autores entran en las obras de los teóricos a los que critican con una técnica que podríamos metaforizar mediante la locución: “entrar como un elefante en una cristalería”.
Sobre
Jacques Lacan.
Toda su obra está dirigida a rigorizar el Psicoanálisis y para ello utiliza tanto conceptos del paradigma lingüístico-estructuralista con sus modelos semiológicos como del empírico-racionalista con sus modelos lógico-matemáticos; pero lo que se les escapa a los autores, por lo anteriormente dicho, es que lo hace con un paradigma nuevo, a medio construir, que no pertenece a ninguno de los dos anteriores que hemos comentado. De ahí que, para dar cuenta de la experiencia del Psicoanálisis (jamás lo planteó como una ciencia) que basó, de entrada, en una hipótesis “El inconsciente está estructurado como un lenguaje” [3] recurra a una teoría del significante. Esta teoría del significante no se refiere ni al significante puramente lingüístico, es decir a la teoría del signo, ni al significante puramente lógico-matemático, al número. Hay un intento de construir una teoría del significante que incluya aspectos del significante en los dos sentidos mencionados. La hipótesis “como un lenguaje” implica tanto los hechos de discurso “El inconsciente es el discurso del Otro” como los hechos de estructura.
En esos hechos de estructura recurre a algunos conceptos lógico-matemáticos, sobretodo topológicos; pero, insistimos, no los importa. De la misma manera que dice que él no hace lingüística sino lingüistería, podríamos decir que no hace topología sino topologería. El aspecto que, en este artículo, nos interesa destacar es que la teoría del significante que va construyendo es una teoría del significante en sí mismo y no del significante en relación al significado. Esa relación al significado aparecerá en un segundo tiempo pero lo primordial es el significante en relación a los otros significantes; relación sostenida por su propia construcción material (ya mencionada). Mediante el mantenimiento del significante en su puro registro de significante -lo que llamará el registro simbólico- podrá sostener un hecho de discurso: la enunciación, tajantemente diferenciada del enunciado, y con ello diferenciar, así mismo, el sujeto de la enunciación del sujeto del enunciado. Este sujeto de la enunciación -el sujeto del inconsciente, no es el sujeto clásico, es un sujeto en su propia temporalidad y en su propia división [4].
En
este registro simbólico es donde, siguiendo el concepto de sobredeterminación
de Freud, Lacan propondrá un topología a entender en el sentido primitivo “Análisis
Situs”. Para establecerla, en tanto es una escritura, utilizará todo lo que
sabemos desde otras disciplinas sobre escrituras, fundamentalmente las
escrituras Lógicas y las de
¿Por qué esa desconfianza, en el discurso psicoanalítico, de las escrituras que la ciencia nos aporta?. Debido a que cualquier formalización científica o lingüística, tal como están formalizadas, sutura al sujeto de la enunciación que es el que el Psicoanálisis debe mantener a todo precio y además no tienen ninguna posibilidad de dar cuenta de la construción del objeto humano por excelencia sin confundirlo - a la manera de la ciencia con el sujeto. Un ejemplo nítido de la confusión del sujeto y el objeto puede ser encontrado en cualquier manual de lógica cuando se define el universo del discurso mediante un conjunto de individuos; y al mismo tiempo esos sujetos son sujetos gramaticales en las proposiciones, ¿el sujeto de la enunciación dónde está?; se nos contesta que está supuesto; en psicoanálisis no está supuesto: debe formar parte de la escritura, en tanto forma parte del discurso; y no debe ser confundido ni con el sujeto gramatical ni el objeto en la extensión.
Para ello, Lacan, hace una lógica temporal y basada en las propias paradojas lógicas -a las que da una respuesta distinta. No las sutura o elimina sino todo lo contrario las mantiene para dar estatuto al Psicoanálisis. Es una lógica actuando sobre lo real y no modelizándolo. Es una topología no de la continuidad sino una topología de lo discontinuo - del corte y sus efectos en los diferentes registros. Recordemos que el Paradigma Lacaniano, correlativo a la hipótesis “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, es un paradigma de tres registros -simbólico, imaginario y real. En ciencia y en lingüística sólo se utilizan dos: símbólico y real y no con las mismas definiciones.
Nos explicamos, para construir “su lógica”, “su lingüistería”, “su topologería”, decimos “su” en el sentido de la que conviene al Psicoanálisis, utiliza las definiciones y las discusiones que sobre esos conceptos han elaborado cada una de las disciplinas pero las modifica, lo que hemos llamado una teoría del significante que implica una escritura, pero no una formalización en el sentido que tiene el término en la ciencia[5]. ¿Por qué no sería posible hacer una escritura distinta y no anclada en el paradigma empirico-racionalista ni en el lingüístico-estructural?, si justamente todo lo que el inconsciente Freudiano aporta va en la dirección contraria a esos paradigmas tal como están formalizados. Podría objetarse que si son conceptos distintos deberían tener nombres distintos. Puede ser, pero la historia del pensamiento enseña, que cada salto de paradigma mantiene reconceptualizaciones nuevas de los conceptos con el mismo nombre.
En
consecuencia es preciso, en la crítica, el análisis estructural para no
interpretar lo que pertenece a un paradigma con las definiciones del otro o de
un paradigma distinto, que es como mínimo un error y mucho nos tememos que una
deshonestidad, Pondremos un ejemplo histórico de un tal proceder; cuando en una
conferencia Newton explicaba su formula de la gravitación los teóricos del
paradigma anterior le preguntaron “¿Cómo sabían las partículas incluidas en la
masa la distancia que tenían al centro de la masa?; ¿Se imaginan la cara de
Newtón?. Lo hicieron así porque en su paradigma
La “episteme Lacaniana” para
el Psicoanálisis
En un anterior artículo comenté el libro “Las imposturas intelectuales” de Alan Sokal y Jean Bricmont. En él concluía con la afirmación de que Lacan, para la rigorización del Psicoanálisis, utilizaba un “modelo” innovador que recogía aspectos de los modelos lingüístico-estructuralistas y lógico-matemáticos. Indicaba que no se trataba de un “modelo” mixto sino de un “paradigma” que recogía elementos de los dos anteriores, eliminando de ellos lo que no era pertinente para el discurso psicoanalítico e introduciendo, en una lectura de sus paradojas o impases, elementos nuevos. Eso ha hecho que muchos lectores de dicho autor, en su lectura naïve, hayan encontrado inservibles o simplemente erróneas muchas de sus construcciones teóricas que hacen referencia a constructos lingüísticos, lógicos o matemáticos. Es el caso de la crítica, que a Lacan, hacen dichos autores en su libro, básicamente en su capítulo 1º. Expliquemos someramente ese “paradigma”.
Seguiremos, para ello, una secuencia que irá de lo lingüístico a lo matemático pasando por lo lógico. Esta secuencia coincide en parte con la secuencia de sus textos así como de su enseñanza.
Lo lingüístico
En lo lingüístico se trataba de dar la tópica del inconsciente Freudiano, una tópica que trata de explicar los mecanismos de las llamadas formaciones del inconsciente, chistes, lapsus linguae, actos fallidos, olvidos “casuales”, sueños, síntomas. El inconsciente fue situado por su inventor, como una escena exterior a todo lo que es conocido por la filosofía, psicología o cualquier otra disciplina en relación al pensamiento o interés del humano. Y dado que el pensamiento está sostenido por el lenguaje común, el llamado discurso común, convenía rigorizar: ¿cómo lo producido por el inconsciente se articulaba con dicho discurso común?. Existían los textos freudianos que indicaban cómo el inconsciente se articulaba con el preconsciente. Este último era, y es, el registro de lo que estudia la filosofía o la psicología, etc. El inconsciente por su parte era, y es, el lugar donde se plantean las preguntas fundamentales del sujeto, y sus respuestas, y dónde paradójicamente se articulaban los pensamientos fundamentales que permitían la creación de las significaciones nuevas, las que daban lo singular a cada sujeto, dónde podía pensarse lo más humano que existe: la posibilidad de la creación inventiva. En una palabra, lo que permitía el largo camino que ha recorrido el humano en su separación del animal.
El animal queda preso de las significaciones, relativamente fijas, que su sistema de imágenes le propone, por lo cual siempre se comporta igual a lo esperado en su especie. Estas imágenes libidinalizadas, le aportan una relación a su medio, tomado como un real. Es con ellas con las que desenvuelve su ciclo vital y las relaciones con el medio y sus congéneres. Para Lacan es el registro imaginario.
Desde siempre se ha sabido que el hombre habla y piensa, situación que imponía establecer un sistema superior de significaciones, que utilizando el anterior sistema de imágenes, lo trascendiese y permitiese un nivel distinto en su relación con el entorno (biológico, social, cultural, etc.). Dicho sistema ha sido estudiado a través de los siglos mediante distintos discursos, sea el estudio del lenguaje como código, del razonamiento con su base lógica, etc., hasta llegar a la teoría del signo de Saussure. Significante sobre significado, fue el algoritmo que construyó.
A partir de él, base del estructuralismo moderno, se ha reconstruído toda la teoría del lenguaje y por extensión la semiología moderna. Dicho algoritmo y sus leyes han sido importadas por muchas disciplinas de las llamadas ciencias humanas para formalizar sus disciplinas de forma científica. ¿Por qué el psicoanálisis no hace lo mismo?. Porque en el inconsciente una verdad habla, no codifica, es decir “Ello” habla antes de saber lo que dice. Quiere decir que habla, en el sentido del habla Saussoriano, y no de la lengua. Lo importante no es que utilice signos del código, sino que se sirve de ellos para decir algo que no estaba antes en el código, es la creación de lo nuevo, del sentido nuevo si se quiere.
Para ello debe utilizar el código pero debe desenganchar al significante del significado (al menos en parte) para hacerlo funcionar como puro significante. Ese puro significante sufre una serie de operaciones y vuelve a producir un signo nuevo que debe ser readmitido como tal en el código. Es lo que recibe el nombre de una significación nueva que para ser readmitida implica que no sólo debe haber un código sino que debe haber algo capaz de reconocer que no pertenece al código y al mismo tiempo reconocerlo como significación nueva, a este algo, Lacan lo llamará el Otro. Fíjense que no se trata de la relación de los signos en una lengua sino de un acto de habla que es remitido al código y sancionado como invención creadora por el Otro. El “modelo” incluye a la vez el plano de la lengua y el del habla imbricados y no separados a la manera de Saussure.
La tópica es formalizada mediante dos redes, una del significante, que funcionará como una cadena lineal y retroactiva, y otra del significado que, en este caso será el discurso común del preconsciente freudiano, o del pensamiento común. Y se trata de articular cómo la cadena del significante actúa sobre la del significado. Lógicamente la línea del significado está formada por los signos habituales que nos han sido transmitidos por nuestros ancestros, es decir el código que Saussure llamaba la lengua y sus actos de habla común. Representado:
Significante
---------------------------
Significante
signo= -----------------
Significado
Puesto así parece el clásico esquema del metalenguaje, pero no es elaborado así por Lacan, sino que la red del significante no actúa como metalenguaje, de hacerlo no habría nada nuevo en juego sino un encabalgamiento de discursos. Remitimos al lector interesado al Seminario V de Lacan, Las formaciones del Inconsciente, ed. Seuil, París, de próxima traducción al castellano en ed. Paidós. Con ese “modelo lingüístico “ dio cuenta de los mecanismos fundamentales definidos por Freud. La red de la cadena significante estaba del lado del registro simbólico diferenciado claramente del registro imaginario mencionado supra. Fíjense que simbólico es un concepto diferente de lo que se entiende en la lingüística, ya que para ésta simbólico se refiere únicamente al registro del signo.
Para esa significación nueva no utilizó la sintaxis o la semántica propia a la teoría del signo, sino que utilizó los mecanismos retóricos, básicamente metáfora y metonimia. Utilizó la teoría de Jackobson del lenguaje, que someramente lo define basado en estos dos tropos. A ellos asimiló los mecanismos del inconsciente postulados por Freud: condensación y desplazamiento. Quisiéramos puntuar que los conceptos de metáfora y metonimia no coinciden punto por punto a las definiciones lingüísticas, en psicoanálisis son operaciones en la cadena significante que tienen efecto sobre la red del significado o discurso común. Además con la idea de la significación nueva aparta al psicoanálisis del modelo imperante en la ciencia actual, la teoría de la comunicación, ya que una significación nueva no tendría ningún sentido para una “máquina hablante” que sólo dispusiera de código, y la rechazaría como sin sentido.
La teoría de la comunicación, así como la filosofía o la psicología, incluso la lingüística, suponen aunque no lo expliciten o incluso lo nieguen, un sujeto sincrónico y exterior a los mecanismos del lenguaje, “el yo de la enunciación” equivalente al “yo del enunciado”, que estaría presente a lo largo de todo el proceso de la comunicación, situado en el punto en común de los dos ejes, asociativo y sintagmático, de la lengua en Saussure, e incluso a los tres ejes si añadiéramos el eje del habla. Lacan, diferencia el sujeto del enunciado, puramente gramatical, del de la enunciación, sujeto del inconsciente, y mantiene las dos redes totalmente separadas.
Con esta formalización fue releyendo y construyendo conceptos nuevos de la experiencia psicoanalítica en los años 50-60, y, aunque con modificaciones, la mantuvo a lo largo de toda su obra.
Lo lógico
Hemos hablado de que no se trataba de un “modelo” metalingüístico para los mecanismos de lenguaje creador, ¿y en sus aspectos lógicos?, pues en el inconsciente hay juicios. Remitimos al lector al artículo de Freud: Die Verneignung, así como a los comentarios de Lacan sobre el tema: Escritos, ed. Siglo XXI. Estos juicios elaborados con el registro del significante no siguen la lógica clásica, lógica que para Lacan está a caballo entre lo imaginario y lo simbólico, tal como él los define. Ya Freud había indicado que en el inconsciente no se cumplían las leyes básicas de toda lógica: principios del tercero excluido y de la consistencia, derivados de que no había negación en el inconsciente, la verdad habla y ahí no hay negación. Una enunciación es siempre afirmativa y por ende un juicio también. Además Freud indicaba que el inconsciente no conocía el tiempo. Remitimos al articulo de Freud Lo inconsciente. Lacan desde el principio interrogó a la lógica para construir la lógica que convenía al discurso analítico.
Partió de un sofisma, El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, que plantea una lógica que además de los razonamientos incluía, en un llamado proceso lógico, diversas instancias temporales separadas por escansiones. Llamadas instante de la mirada, tiempo para comprender y momento para concluir. Con ellas elaboró una matriz mínima, para un proceso lógico que permitía alcanzar la certidumbre, frente a un punto de partida que era consustancial al humano, la incertidumbre. No se trata de un proceso de verificación de lo verdadero frente a lo falso, consustancial a la lógica y la ciencia, sino un proceso para poder ir haciendo la experiencia, el psicoanálisis es una experiencia no una teoría más o menos contrastada, que permite al sujeto concluir cada vez menos subjetivamente, sobre su incertidumbre. Es una lógica basada en los actos de los otros, lógica colectiva de aserción basada en los actos propios y de nuestros semejantes. Es decir el sujeto concluye sobre sí mismo en función de un proceso que va desde el razonamiento subjetivo hasta la objetivización más depurada. Frente al sujeto asimilado a un ser exterior a su pensamiento, que es el paso de Descartes en el método y que es la base del discurso científico, Lacan propone un sujeto que busca su certidumbre y concluye en una identificación. Es el sujeto de las identificaciones freudiano frente al sujeto de la identidad de la ciencia.
Era una posición “epistemológica” distinta para las ciencias llamadas humanas a diferencia de las ciencias de la naturaleza. En las segundas se trataba de la verdad formal (validez) de sus razonamientos y de la verdad o falsedad empírica de sus enunciados. Esta verdad empírica era la referencia a lo real, que Sokal considera imprescindible. Por contra las ciencias humanas no pueden excluir los aspectos de significación, el sentido si se quiere. En el psicoanálisis se va más lejos que en las ciencias humanas al plantear que lo real del que se trata es uno que “ha hablado” antes de todo sentido. Frente a ese real el sujeto se encuentra en posición de incertidumbre y debe hacer la experiencia para concluir. Ese real “hablante” cuya enunciación es la verdad, nunca puede decirse todo, es decir la verdad sólo se dice a-medias. Siempre queda un real por decir, real que sigue insistiendo en la cadena simbólica. No existe isomorfía posible entre lo simbólico y lo real, que es la posición ideal de las ciencias de la naturaleza.
Esto no era suficiente ya que no es o lo que se busca en la experiencia, las identificaciones son siempre engañosas.
Para situar la lógica con el mismo esquema que había utilizado para lo lingüístico, Lacan, recurrió a los impases y/o paradojas que la lógica formal había descubierto. En particular la paradoja de Russell. Ésta venía a decir que en un sistema formal no existía la clase universal, aquella que por definición contenía a todas las otras clases. Los lógicos eluden dicha paradoja mediante distintas técnicas, a nuestro juicio, la más elaborada gnoseológicamente es aquella que distingue entre clases porfirianas y clases combinatorias, nos remitimos a los trabajos del Lógico español Julián Velarde Lombraña. Someramente supone diferenciar dos tipos de clases diferentes de tal manera que la paradoja aparece en el caso de que en el razonamiento se superpongan, como iguales, los dos tipos de clases. Añadimos nosotros que en cualquier caso no existe la clase universal que las contenga a las dos, para evitarla usa el concepto de totalidades en vez del de clase universal. En resumen evita la paradoja recurriendo a las totalidades sin vocación de clase universal. Lacan no la evita sino que le enfrenta directamente, y propone lo siguiente.
La paradoja en lógica aparece en el metalenguaje, y no en el lenguaje objeto, en nuestro caso aparece por el lado de la cadena significante y no por el lado del discurso común. También recoge los trabajos de Gödel sobre las consistencias y completudes de las teorías, éste demostró que entre dos teorías isomorfas aparecía una dificultad que era que una sentencia verdadera decible en una no lo era en la otra, de ahí que el metalenguaje tenía una dificultad importante (que no exponemos). Lacan va a plantear una hipótesis para ese metalenguaje, que dice que no es posible para el psicoanálisis, tesis compatible con la clínica, tesis de que el metalenguaje no-existe. En esa red del significante frente a la red del significado, lo que el sujeto va a descubrir, como significación, es que ese Otro está en falta, que no puede dar cuenta de su propia consistencia. Por contra esa falta, escrita con el matema A, el Otro está en falta, debe ser encontrada en una significación, escrita con el matema S(A), significante de dicha falta. Propone pues no una reducción del campo de estudio para evitar la paradoja sino que el sujeto en esa experiencia lógica en su búsqueda de la certidumbre encuentra en ese Otro, y mediante una significación, un significante que marca la inconsistencia de dicho Otro.
Con ese matema va a estudiar todas las cuestiones de deseo y fantasma que el discurso clínico del psicoanálisis había ido estudiando, lo reordena y hace avanzar. Partiendo de él construirá lo que llama su “álgebra”; que es un álgebra, en el sentido lógico, que no es el álgebra que podemos encontrar en los tratados sobre álgebras lógicas que aparecieron tras los trabajos de Bool. Pueden encontrarse los diferentes matemas de esa lógica en los seminarios: Seminario V, Las formaciones del inconsciente; Seminario VI, El deseo y su interpretación. Ed. Paidós, el primero aparecido el segundo por aparecer (existen versiones dactilográficas)
Fíjense que lo que ha hecho para lo lingüístico lo efectúa también, en paralelo, para lo lógico. El esquema sería así:
Tanto para lo lingüístico como para lo lógico, la cadena horizontal representa a la cadena significante, y la vertical retroactiva representa al discurso común o el razonamiento lógico formal que estudia la ciencia. A es el lugar del Otro, que incluye al código de la lengua y a la axiomática de la lógica. M es el punto del mensaje. Y son las operaciones en la cadena en relación al discurso, sea lógico o lingüístico de lo que hemos hablado en este artículo. Las letras bb‘ representan otros aspectos de lo imaginario.
Una de las posibilidades que dicha álgebra permite es tratar la nominación del sujeto, que no hay que dar por supuesta en psicoanálisis y confundirla con la simple denotación que pertenece al discurso común. En esa tópica del inconsciente el sujeto del inconsciente debe poder permitir al sujeto nominarse. La clínica enseña las dificultades de los individuos para nominarse, en lógica o lingüística, incluso en psicología se supone un sujeto ideal, fuera de la cadena, que es el encargado de asegurar un sincronismo a todas las operaciones que va ejecutando. El sujeto del inconsciente no puede ser confundido con el sujeto de la identidad como si fuese un ser exterior a lo pensado, esa es la posición de Descartes en su teorización del método. En psicoanálisis el sujeto debe nominarse y no simplemente denotarse. Esa nominación se efectuará con los matemas antes expuestos. Es ahí donde Sokal, que lee el trabajo lacaniano desde el discurso común o desde la lógica formal, encuentra que dichas operaciones no tiene ningún sentido en lógica o en matemáticas. Tiene razón es otra cosa, pero al no darse cuenta lo confunde con fantasías.
En el capítulo dedicado a Lacan, apartado sobre los números imaginarios, hace una crítica, desde la matemática, a lo que no lo es, confundiendo todos los términos. Comenta una frase en la que supone que Lacan confunde los números irracionales con los números imaginarios, desgraciadamente lo único que demuestra es su incultura filosófica. Nos explicamos, en la frase que comenta “irracional” no se refiere a los números, a lo matemático, sino a lo que se entiende por irracional en filosofía o psicología. Se refiere a lo que en la filosofía de Descartes, que trata sobre la razón, queda fuera y que recibía en su momento el apelativo de “pasión”, Descartes escribió un tratado sobre las pasiones, aquello que quedaba fuera de la razón. Hoy en día la psicología lo teoriza como la emoción, un constructo para explicar unas reacciones que no tiene nada que ver con los aprendizajes, razonamientos, roles etc., que el individuo integra, e intenta explicar conductas no-racionales suponiendo que a lo razonable se ha añadido una emoción; el constructo teórico que integra los dos órdenes recibe el nombre de actitud.
Lacan intenta en ese pasaje, explicar lo que el inconsciente freudiano aporta, una razón, pero más allá de la razón que se había estudiado hasta el momento. Era común en el mundo de la cultura confundir lo que el inconsciente articulaba como lo que podría dar cuenta de los aspectos “irracionales de los individuos”. Insiste, con Freud, que lo que el inconsciente articula no es irracional sino que es otro tipo de pensamientos que seguían una razón de otro tipo, y a ella van dirigidas las articulaciones que hemos indicado.
La operación que Lacan efectúa se basa en la tópica que ha definido previamente. El significante -1, es una manera de indicar ese significante que le falta al Otro, A, para ser completo, que justamente le permitiría actuar como metalenguaje, por no disponer de él el metaleguaje no existe. Lacan lo define así: no existe el Otro del Otro. Con él y con la operación que la barra indica, operación que no es la división matemática, efectúa la operación de nominación. La operación que indica la barra es una operación en la cadena significante, cuyo efecto es sobre la cadena del significado. Es la constitución de un nombre propio con una operación distinta de una denotación. Se basa en la diferenciación entre enunciado y enunciación que justamente en este caso hay una equivalencia entre el significado de la enunciación y el enunciado. La simbolización que da Lacan de Ö-1, no es mas que eso una simbolización, por eso indica que no es para hacer cálculos. En resumen lo que intenta es la construcción de un significante, que actúe como unidad de una nueva escala, no basada en la unidad 1, que le servirá para dar cuenta de un aspecto importantísimo en psicoanálisis, el objeto y la castración.
La
hipótesis de Lacan es que; en el humano, por el hecho de entrar en el registro
simbólico, el objeto ya no es un objeto natural, el objeto de la necesidad,
sino que como sexuado y mortal
Lo
mismo ocurre con el apartado dedicado a la lógica, las fórmulas de la
sexuación, presentadas con los cuantificadores típicos de la lógica de
predicados. No se trata de lógica formal, sino de operaciones en la cadena
significante que tendrán efecto sobre la cadena lógica común. Con ellas da
cuenta de unas operaciones que se obtienen de la clínica. Son fórmulas que no
se sostienen en la lógica, y en ello tiene razón Sokal. De lo que no se dan
cuenta los autores es que de hecho se ha construido un operador nuevo, el
no-todo, operador que no existe en la lógica. En ella negar el todo es
equivalente a afirmar la existencia de uno que no, en el caso del psicoanálisis
eso no es así, sino que las dos operaciones son afirmadas al mismo tiempo. Es
la tesis que Freud plantea en su artículo,
Frente a esa dificultad de las dos afirmaciones contradictorias, que clínicamente fue una dificultad en la dirección de la cura, Lacan propone un nuevo cuantificador, que existe en el lenguaje pero no en la lógica, que permitía salir del impás y articular el significante fálico, f, perteneciente al registro simbólico, con el objeto fálico negativizado, -j, perteneciente al registro de lo imaginario y que connota el concepto de castración de Freud, y sobretodo la articulación con el objeto psicoanalítico, “a”. Toda ésta lógica está construída sobre la lógica formal, pero no es la lógica formal ni una importación de ella. Es una lógica propia al psicoanálisis que actúa, sobre la lógica formal de la misma forma que las operaciones metáfora y metonimia actúan sobre las metáforas y metonimias lingüísticas.
Lo matemático
Ya
hemos introducido en el apartado anterior una articulación con la matemática.
Veamos ahora el apartado sobre la topología. En su estudio de la cadena significante
Lacan propone que lo que está supuesto en ella es toda la estructura del
lenguaje. Por estructura del lenguaje no entiende en absoluto la estructura de
Esas letras, al igual que los números en matemáticas, tienen una estructura entre ellas, semejante la teoría de números, combinaciones de 10 letras. En el caso de una lengua existen 24-28 fonemas escritos, y podemos estudiar todas sus combinaciones posibles entre ellas desde el fonema mínimo hasta la locución verbal. Las combinaciones posibles permiten justamente la creación de significantes nuevos antes de que se les adjudique un significado, Mediante esta posibilidad de creación conseguimos lo que en el apartado sobre lo lingüístico definimos como el sentido nuevo, pero añadiendo que también el significante puede ser nuevo, y no sólo la adjudicación de un sentido nuevo a un significante viejo. Este fenómeno es el que estudia Freud en el inconsciente, básicamente con el lapsus o el chiste.
Esas combinaciones con trozos de significantes viejos que permiten la construcción de un significante nuevo, sigue para Lacan, una articulación parecida a la que estudia la lingüística diacrónica. Es por el uso de una lengua que ésta va cambiando sus usos y sentidos. En la experiencia psicoanalítica lo más importante es el acto de habla, la enunciación, es en ella dónde aparecen los significantes nuevos que rearticularán lo vivido. Por eso Lacan diferenció la estructura del lenguaje del acto de habla (parole). Rompe ahí con la diferencia Lengua-habla de Saussure y la sustituye por Lenguaje-palabra.
Para que el acto de palabra pueda hacerse es necesario suponer toda la estructura del lenguaje. Esa estructura es material, no la estructura del código. Y es esa estructura la que Lacan define como topológica. En un principio es una analogía con la fonología, y al mismo tiempo con lo que Poincarè denominaba topología combinatoria. Hoy podríamos decir que debería ser estudiada con lo que se conoce como teoría de la homología. Cada cadena “hablada” está compuesta de simplex de varios tipos que combinados componen los diferentes complex. Así aparecen todo tipo de combinaciones. Un neologismo sería un complex nuevo.
Con
esta idea, al principio poco elaborada, Lacan propone el espacio del lenguaje
en su sentido material, definiendo la cadena significante como una red de
anillos que se anudan entre ellos con otros anillos. Ese es el real del
leguaje, y no lo formal del lenguaje. Evidentemente ese real a Sokal se le ha
pasado por alto, creyendo que se trata de un modelo para estudiar un real
empírico que no ve por ninguna parte. El real del psicoanálisis fue definido
así, real de lenguaje. Podría oponérsenos que hay otro real en juego “
Para estudiar ese real utiliza, Seminario de la carta robada, Escritos Ed. Siglo XXI,. conceptos elementales de topología combinatoria en el que el significante es tomado en su aspecto de letra. Siempre definió la cadena significante con dos dimensiones, la lineal y la de las posibilidades en cada punto de sustitución sincrónica. Por ello la cadena se había convertido en una superficie de dos dimensiones, lo que él llama un pentagrama. Por eso recurrió a la topología general y al estudio de las superficies de dos dimensiones, la teoría de variedades. Lo hizo por ésta razón y al mismo tiempo para dar cuenta del concepto de pulsión freudiana, ya que había algunos teoremas vectoriales sobre superficies (el de Stokes en particular) que permitían resolver algunas paradojas de la definición de Freud sobre la pulsión.
Pero una vez más utiliza esas superficies, que sabemos que son combinaciones lineales de unos pocos objetos, toro, botella de Klein, banda de Möbius, plano proyectívo, (la definición matemática es la suma conexa), para efectuar operaciones sobre ellas. Esas operaciones son psicoanalíticas y no matemáticas. Dicho de otra manera, los espacios topológicos son algo dado, algo sabido por la estructura del lenguaje que ya dispone de ellos, lo importante son cómo son efectuadas las operaciones sobre ellos que permiten la construcción del sujeto, recorte del objeto etc.
Su topología es una “topologería” del corte (operación fundamental) sobre dichos espacios. Hace con la topología el mismo camino que con la lingüística y la lógica: suponer lo ya dado y estructurar sobre ello las operaciones propias al psicoanálisis. Obtiene así el objeto en el discurso psicoanalítico, “a”, objeto distinto del objeto natural de la necesidad, mediante un corte especial en el espacio del plano-proyectívo. Es sus trabajos de los años 60, un objeto simbólico e interno, objeto causa del deseo, y en la articulación sujeto-objeto planteó la estructura del fantasma, que era una articulación a la vez lógica y topológica. Antes, durante los años 50 el objeto era imaginario y recubría la falta de objeto antes mencionada. La consecuencia clínica de estas rigorizaciones fue una definición de lo que debía ser el final de la cura: atravesar ese fantasma.
Esa
topología del registro simbólico fue coetánea de la lógica durante los años
60-70. Empezó sobre los años
Es
ahí cuando utilizó un teorema de la topología general, sobre espacios
compactos, que es el que critica Sokal. El teorema viene a decir que si un
espacio es compacto, cualquier subconjunto de él que puede ser recubierto con
un número infinito de conjuntos abiertos de la topología, siempre tendrá un
subrecubrimiento finito, este finito es lo importante. Muy someramente de lo
que se trata es de rigorizar un real, en este caso anterior, un real por el
lado de
Sobre el objeto de goce, la clínica Freudiana aportaba, artículo Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre, en el que el hombre buscaba un objeto femenino tras otro. Al mismo tiempo, Lacan había construido la lógica de la sexuación, la lógica fálica, articulada por el significante fálico que debía ser articulada con el objeto y la pulsión, lo que Lacan llamó el plus-de-goce.
Esa lógica del no-todo, en la cadena significante se articula con el objeto si podemos entender que en ese espacio del goce puede aparecer una serie de objetos finita. Es el operador no-todo y el objeto. Dónde Sokal se extravía es cuando no se da cuenta que de que lo que se trata es del recorrido, en serie, de esos objetos. Dado el Otro del goce, que permite sincrónicamente un subrecubrimiento finito, hasta aquí lo matemático, diacrónicamente puede ser tratado con el operador no-todo fálico, y esto ya es lo psicoanalítico. Es una operación psicoanalítica, en la cadena, y sus efectos sobre un Otro del goce sincrónico. Ven de nuevo la forma de operar que hemos indicado anteriormente.
El registro de lo real se ha ampliado, es lo real del lenguaje, la letra, y al mismo tiempo lo real del goce. La articulación letra-cosa, o letra-objeto, suponía un modelo al mismo tiempo lingüístico y espacial (matemático), por eso Lacan acuña un neologismo dicho-mansión. Este neologismo condensa dos significantes, el dicho por el lado de la enunciación y mansión que proviene de dimensión en el sentido matemático. A partir de ese momento Lacan recurre a los nudos para rigorizar esa estructura de dicho-mansión .
Para el espacio de goce creemos que Lacan, aunque no lo explicitó, utiliza una tópica que podríamos gráficar así:
Letra
-------
objeto
Está
tópica, es a nuestro juicio, la tópica de la ciencia o mejor dicho la tópica de
los modelos lógico-matemáticos. Bien es verdad que no se ha explicitado
directamente así, al menos que sepamos. Pero ¿no es eso lo que hay en cualquier
fórmula matemática, en cualquier cálculo sobre lo real. Ya dijimos que los
modelos lógico-matemáticos usan conceptos del modelo lógico-lingüístico tales
como sintaxis, semántica etc. y que no tenían la misma acepción en su caso;
pero para su propio modelo, como cálculo, usa él escrito supra. De hecho los
dos modelos actúan conjuntamente, porque una cosa es leer física y otra
calcular en física. Dicho de otra manera, la fórmula matemática o física o..,
no sigue el algoritmo Saussuriano sino el de letra/objeto. La única teoría que
creemos que se acerca a nuestra tópica
es la conceptografía de Frege, ya que su lógica es una lógica de la función y
el argumento. Simplificando mucho, función = letra, argumento = objeto. Quizá
por eso Lacan dialoga en el Seminario "El
acto psicoanalítico" con esa lógica. Este camino es el que seguimos en
nuestros trabajos en un intento de articular las dos tópicas, del inconsciente
y del goce (o pulsional), conjuntamente:
letra
| significante | objeto
-------------------
significado
Quisiéramos indicar un ejemplo de la articulación entre la letra de lo dicho y la dimensión en la estructura. En la teoría de homología un punto tiene dimensión uno y el vacío tiene dimensión -1. Aunque Lacan no lo indica en el párrafo recogido por Sokal, a éste se le pasa por alto. A nuestro juicio, está esa articulación supuesta cuando dice que hay siempre implícito un significante faltante, -1, en el Otro sincrónico del significante, impronunciable, pero una operación con él puede ser efectuada, en la cadena diacrónica, la nominación. Al mismo tiempo en la estructura del goce, en el que los objetos son los simplex, en su extensión y no en su intensión (letra en la cadena), al conjunto vacío le corresponde la dimensión -1. Este trabajo de articular lo real del significante, letra, y lo real del objeto que cae bajo ella, objeto de goce, pertenece a los últimos trabajos de Lacan y desgraciadamente un seminario sobre “El objeto y la representación” no fue dictado. Lacan, desde el comienzo de su enseñanza diferenció, filosóficamente, entre le rien y le neant, traducido por la nada y el nada, con estas letras y objetos la diferencia se hace más matema.
A partir de ese momento Lacan recurre a los nudos para rigorizar esa estructura del dicho-mansión abriendo un camino todavía inconcluso. En el nudo borromeo, cada uno de los registros: imaginario, simbólico y real, se convierten en consistencias. Una consistencia es aquello que tiene una lógica propia, un devenir propio, una manera de funcionar que rechaza aquello que no sigue su ley, no es la consistencia lógica habitual. Añadiendo que cada consistencia tiene su propio punto de rotura, el agujero, que permite que se articule con las otras dos consistencias, de tal manera que lo que sucede en una consistencia insista desde fuera, ex-sistencia, en los otros registros. En el nudo se articulan los diferentes encuentros entre los tres registros, siendo lo importante cómo se hacen los encuentros. Situó, en el artículo La tercera, casi todos los conceptos fundamentales del psicoanálisis, aprovechando las diferentes superficies que aparecen, en función de cómo se hagan los encuentros. Es “un espacio” que contiene superficies y con ello da una alternativa al espacio de la geometría. Debe ser entendido como alternativa al espacio Cartesiano. Descartes, paralelamente a la estructura filosófica del cogito, que Lacan indica que es imposible fundamentar en él la experiencia psicoanalítica pues toda la experiencia va en contra, creó la geometría analítica. Aunque se han creado otras geometrias todas se basan en la representación de un punto mediante coordenadas. Éstas se basan en algún tipo de rectas que se supone que en algún punto se cortan o cruzan, es decir que tienen un punto en común. En el caso de la geometría analítica el punto fundamental es el origen de coordenadas (0,0,0), punto que supone un sujeto sincrónico y centro de la estructura. En la lingüística Saussoriana, que es cartesiana, sería el sujeto cartesiano “hablante ideal” exterior al acto de habla; de la misma forma que en la lógica se supone un sujeto razonante ideal. En el nudo borromeo, los ejes no tienen ningún punto común, sólo pueden deslizar entre ellos continuamente. Lacan coloca en la superficie determinada por el encuentro de las tres consistencias, para nada un sujeto sino un objeto, “a”, lo que llama la verdad de la estructura. Con el nudo aparece una alternativa al espacio correlativo del cogito cartesiano, pero entiéndanlo bien, no se trata sólo de una geometría no-euclidiana, sino un espacio que no se basa en las coordenadas, que no supone sujetos “ideales” por ningún sitio y que da cabida a que en el “centro” de la estructura haya no el sujeto ideal sino un objeto. Se ha sustituido el concepto de cruce por el de encuentro. Con estas elaboraciones parece una teoría del final de la cura, más allá del atravesamiento del fantasma: el encuentro con la pulsión.
Aquellos que conozcan la tesis de Michelle Foucault, expuesta en su libro, Las palabras y las cosas, tesis resumida en la idea de que en el cruce de los diferentes ejes discursivos que plantea, el hombre no existe, y que por ello la antropología filosófica es imposible, sabrán reconocer una solución, en el psicoanálisis, que no nos deja en “la sonrisa muda” que él propone. El objeto “a” del psicoanálisis permite, a la luz de las tesis que sostiene Foucault, en dicho libro, sobre el retroceso al origen indefinido, terminar dicha regresión mediante una identificación a ese objeto. Esa identificación es en Lacan la teoría del acto analítico en la clínica.
Con
estas aclaraciones, creemos haber indicado someramente la construcción por
Lacan, paso a paso, de un “paradigma” para el psicoanálisis; paradigma que
creemos merece la denominación muy
superior de una episteme. Evidentemente este aspecto ha sido totalmente descuidado
por los autores del libro. Es una
episteme que está aún en construcción y queda a la responsabilidad de sus
continuadores desarrollarlo. Creemos que su avance hará que otras disciplinas
puedan resolver mejor sus dificultades en sus diversos campos de actuación,
pero para ello deben comprenderlo bien y no leerlo desde la ignorancia, la
parcialidad o la imputación. En todo caso las malas críticas indican a veces
nuestros defectos, y es verdad que quizá no hemos estado a la altura del
trabajo que Lacan nos ha dejado. No deja sin embargo de alegrarnos que
Carlos Bermejo Mozas
Barcelona, Diciembre de 1997
[1]
Remarquemos que tanto
[2] No hay que olvidar que los significantes estan construidos materialmente por letras. El Psicoanálisis Lacaniano explota esa dimensión, que otras disciplinas no tienen en cuenta o casi nada, para dar cuenta del real mas importante con el que tiene que verselas el discurso Psicoanalítico.
[3] Que nadie entienda que se refiere únicamente a lo estudiado por la lingüística.
[4] Remitimos al lector, en este punto, a la obra del Autor Jacques Lacan, Ëcrits Ed. Seuil. Paris.
[5] Una escritura que esté en consonancia con lo real que hay en juego en Psicoanálisis, y no con lo real que está en juego en la ciencia. Una escritura que pueda leerse antes de cualquier enunciación y no una escritura formal que de cuenta de los enunciados.