La involución
significante y la privación
Introducción
El problema
La presentación de
Este segundo borde de la banda bilátera (o porción esférica) es
Aclaremos antes de continuar que el pene falta a la madre, cosa que la hace
mujer, lo que no es lo mismo que la falta de falo en el Otro. Que la madre no
tenga pene quiere decir, en la tópica del espejo, que no tiene una de las
imágenes que forman parte del cuerpo narcisístico, imagen que proponemos
escribir así con álgebra lacaniana: i(p). La madre o la hembra están entonces en posición
de semejante. Pero para que algo no esté como imagen, i(-p) hace falta algo simbólico que lo indique, ya
que, en la tópica imaginaria pura, el negativo de una imagen es su imagen
especular y no la imagen de una ausencia. Insistimos, nada puede faltar en las
imágenes aglutinadas por la imagen del cuerpo propio[2]
si no es marcado por una operación significante. Proponemos para el
significante del pene esta grafía: Sp. Con ella situamos lo que Lacan denomina “pene
simbólico”.
Esta operación, denominada privación, es simbólica, pero el objeto es real,
ahora bien, no debe entenderse como un objeto en lo real (tal como lo real es
presentado en el primer Lacan) ya que en lo real, como imposible en el tercer
Lacan, no existen objetos[3].
Se resuelve el problema introduciendo el real del cuerpo de goce y su relación
con el cuerpo narcisístico, relación que Freud sitúa como puede mediante el
recurso al Real-Ich. Es decir, nos situaremos en la juntura de los dos cuerpos
y no en la relación de la tópica del Inconsciente con el deseo-realidad, es
decir, fuera del fantasma pero sin salirnos del narcisismo.
Topología necesaria
Para abordar la operación privación vamos a situar
unas consideraciones de orden topológico. Suponemos que cada registro puede construirse a su vez como una
cadena-nudo borromea de tres registros anudados borromeamente. Esto se basa en
que podemos hacer un “verdadero círculo” de tantos nudos como queramos,
anudados borromeamente: la ampliación al tres de lo que Lacan denomina un falso
agujero en el dos. Si además anudamos tres nudos borromeos así presentados de
forma borromea podemos construir un anudamiento casi-borromeo en el que cada cadena toma el lugar de un registro.
Esto es posible porque el verdadero círculo funciona como un nudo simple con su
agujero, lo que permite que se pueda anudar con los otros dos. Cada cadena está
formada, tal como la presenta Lacan en el seminario Encore, por tres nudos.
Para simplificar y ejemplarizar, lo hacemos primero
con cadenas de dos nudos (el falso agujero)
y luego hacemos una cadena-nudo borromea con tres de ellas y pasaremos
después al caso de cadenas de tres nudos anudadas entre sí en cantidad de tres
y luego de cuatro. En el gráfico siguiente nos queda situando primero un falso
agujero y luego el anudamiento de tres:
Se denomina falso agujero porque no se sostiene como
agujero más que si está anudado por otros o por nudos simples. Podemos ver en
el gráfico de más abajo cómo situar elementos de la doctrina utilizando dicha
cadena-nudo tras dividir los registros en dos subregistros. El registro
imaginario se divide en la idea como representación y el Real-Ich, empalme con
el organismo, que son lo simbólico del imaginario y lo real de lo imaginario.
Si deseamos completarlo sólo debemos añadir la imagen pura como imaginario de
lo imaginario.
Si hacemos lo mismo con lo real se nos subdivide en:
la verdad, simbólico de lo real, y lo real de lo real como imposible. La verdad
queda así como su lugarteniente, tal como la define Lacan. Situar la verdad así
la extrae de ser una operación simbólica, entre lo simbólico y lo real, tal
como es definida en la filosofía y la ciencia. Una verdad articulada con lo real
permite que la lógica del psicoanálisis sea una lógica de lo real y no de lo
simbólico: “una verdad que habla” tal
como es definida en el escrito La cosa
freudiana. Y también una verdad como un lugar, más que como una función.
Nos falta situar el imaginario de lo real y proponemos de momento la línea del
afecto. Nos parece que encaja bien con el Seminario
de la Ética del Psicoanálisis.
Más fácil es hacer la subdivisión del registro
simbólico. Lo real de lo simbólico es la letra que le da soporte. Lo simbólico
de lo simbólico es el significante, y lo imaginario de lo simbólico es la
imagen del significante o el significante tomado como una imagen. Ésta última
es la que aparece cuando aparecen dibujos en el cuerpo, sea en la psicosomática
o en los estigmas o momentos de gran tensión, y en los que el sujeto no ve
salida. El hecho de tomar el significante como imagen permite a la tópica del
espejo especularizarlo. Recordamos la escritura en espejo o algunos pequeños
lapsus de escritura o los trastornos de lecto-escritura que se producen gracias
a esta posibilidad.
Vayamos ahora a una posible presentación de la
estructura de 12 nudos. Para ella
partiremos de un “verdadero agujero de 3 nudos”[4]
tal como éste, que es el que presenta Lacan en el seminario Encore:
La sorpresa que nos depara, y por eso lo hemos
denominado verdadero agujero, es que no es un falso agujero de tres. Nos
explicamos: en el falso agujero de dos nudos, si no se pasa algún otro nudo o
recta por él se deshace, de ahí que se denomine un “falso” agujero. Sólo es un agujero si hay otro nudo
o nudos que pasen por él y que permiten que se comporte como un nudo: que tenga
consistencia, insistencia y agujero. Pero cuando pasamos al formado por tres
nudos resulta que no se deshace, de hecho es un borromeo de tres, por eso lo
denominamos un “verdadero” agujero. Ver gráfico:
No nos sorprende del todo, porque Peirce decía que el
tres se sostiene solo y que no era necesario un cuarto, que es lo que introduce
la subjetividad, para hacer todos los cálculos lógicos. Peirce indica, pues,
que existe, en primer lugar, la proposición de la primeridad; dos, la
proposición de la segundidad; y tres, la proposición de la terceridad, y que no
hace falta nada más. Esto se corresponde con la lógica de enunciados, de
proposiciones y de relaciones (los relativos) y nada más. Pero nosotros tenemos
que hacer una lógica de una relación que no
se puede escribir, y que se escriban sustitutos. Por eso el paso al cuarto
nudo o cuarta cadena-nudo. Una diferencia nítida con la lógica de la ciencia y
por ende con toda la trayectoria del pensamiento aristotélico.
Es decir, que si situamos así la cadena-nudo de tres
cadenas de tres nudos, nos quedará así, como una cuasi-cadena borromea. Ver
gráfico:
Decimos cuasi porque si se rompe el hilo de una de
ellas ésta se deshace e implica la disolución de la cadena general de 3 ya que
cada nudo del verdadero agujero se suelta de los otros tres, pero sólo en el
caso del verdadero agujero de la cadena a la que pertenece el nudo cortado,
permaneciendo íntegros los otros tres verdaderos agujeros aunque sueltos unos
de los otros. Entonces no es un borromeo generalizado, pero nos indica que,
porque un registro (representado por un verdadero agujero) o síntoma estalle,
no deben estallar los otros. Esta propiedad del cuasi-borromeo me parece
fundamental para la clínica. Ya que si usamos dicha cadena-nudo en casos
clínicos, el estallido u corte en uno de los sub-registros no tiene que comportar que estallen los otros nudos: sólo
se desanudan.
¿Qué tipo de agujero nuevo hemos descubierto? Pues el
agujero borromeo al que Vappereau denomina agujero RSI en su clasificación en
la página XI de Étoffe. Aunque vamos
a hacer un uso que él no despliega, ya que en su presentación de dicho agujero
como un nudo borromeo de tres no se visualiza el “agujero”, que es clarísimo en
la presentación de Lacan. Un ejemplo más de cómo es el registro imaginario: el
primer paso antes de una buena simbolización para construir un significante del
Saber. Veamos primero la clasificación de Vappereau:
En dicha cadena-nudo cuasi-borromea de tres cadenas
borroneas queda bien situado el objeto @ como el verdadero agujero. ¿Se
visualiza que ahora no es el agujero tórico simple del Seminario IX? Está en el centro de tres toros, como ya lo hemos
situado en ítems anteriores. Agujero que podrá taponarse con superficies tal
como ya he indicado. Y además está rodeado de otros agujeros donde situar
elementos de la doctrina provenientes de la lógica de la relación al Otro y la
lógica de la sexuación. Esto es patente en los seminarios de Lacan. Pero lo que
debemos añadir es que por tratarse de tres toros, que son los registros
subdivididos o no, podemos poner en relación al abjeto no sólo con la castración
en la tópica del Inconsciente sino con las dos otras operaciones de la falta de
objeto: privación y frustración.
De hecho, la estructura completa está formada por
cuatro cadenas borromeas, los tres registros con sus tres componentes anudados
borromeamente y el cuarto nudo, con sus componentes, anudando borromeamente a
dichos registros-trinos en una cadena-nudo cuasi-borromea de 4 (12) nudos. El
registro simbólico se articula con el sinthoma por sus dos componentes
simbólicos (lo simbólico del simbólico con lo simbólico del Padre): es el Edipo
freudiano o el padre como sinthoma. Ahora esta cadena cuasi-borromea de cuatro
cadenas permite introducir la subjetividad frente a la
El paso que hemos dado es suplementario al que ya comentamos en ítems
anteriores del Seminario Virtual. Vimos que no había intersección de tres nudos
de forma cartesiana verdadera porque no había posibilidad de escribir un centro
que fuese sujeto y objeto a la vez, el verdadero signo-ser del sujeto. En
consecuencia, los registros se anudaban para hacer suplencia de la intersección
creando un agujero, que puede ser recubierto por una superficie, en el centro
denominado el abjeto, distinto de
Apuntes de doctrina de la clínica
Queda aclarada así la diferencia entre que la madre no tenga pene (hecho
biológico que no existe porque no le falta nada) y la privación que indica que
no está porque un significante indica, a través de una imagen, que debería
estar. Tenemos tres elementos: uno, el hecho biológico; dos, el significante
que indica que Sp debería estar; tres, la imagen que indica que no
está i(-p). Pero lo importante es que no se lo encuentra por un significante, sino
por una imagen que no aparece ahí donde la tópica del espejo, gobernada por el
significante, la esperaba. Vemos así la íntima relación entre lo imaginario de
lo simbólico y lo real de lo imaginario donde se juega este asunto. Es, pues,
porque el infans parte de un simbólico
que sitúa la incorporación (construcción
del cuerpo de goce) del significante pene
por lo que éste puede no estar si se le aplica una operación de falta de
objeto. Evidentemente, eso se basa en que haya incorporado el significante Sp y que la operación sitúe la imagen negativa i(-p) ahí donde el espejo la esperaba como i(p). Ahora bien, que no esté en la tópica del espejo
tiene como consecuencia que en la tópica del Inconsciente, el Otro (ya no la
madre como mujer, o la niña para ella[6]
o para el varón) tenga la posibilidad de quedarse sin un objeto imaginario: el
falo imaginario o la imagen del pene erecto,
Creemos que así hemos despejado uno de los problemas de la lectura de Freud
sobre este tema. Primero, la tópica del inconsciente adjudica un falo
imaginario al Otro en tanto objeto del deseo de la madre como Otro barrado
Confundir esta percepción con la significación hizo situar a Freud que en
el lado hembra estaba la castración de entrada. Lacan lo corrige gracias a que
tiene un significante que pueda situar dicha significación,
Esta clara diferencia nos permite entender por qué la percepción de la
ausencia de pene es angustiante, hasta el punto de que en el escrito Ideas directivas… Lacan se pregunte por
qué de dicha percepción se deriva la sintomatología y muchos aspectos de la
neurosis. Y por el contrario, la clínica nos enseña un día tras otro que si
aparece la falta en forma de
Claramente, que no haya pene no significa para nada que se sitúe ahí, en la
imagen corporal, el agujero de la castración que Freud imaginarizaba con la
cabeza de medusa. La castración, en un segundo tiempo, sitúa en la tópica del
espejo un borde donde la privación sólo situaba una imagen negativa. No es lo
mismo la imagen sin sexo de una muñeca que el agujero de borde que la
castración sitúa en la mujer. Si este agujero no está no hay manera de poder
drenar el goce ni fantasmatizar la procreación, como Freud captó en las teorías
sexuales infantiles. El sujeto queda atrapado en los agujeros tóricos y lo
explica todo con ellos. El hecho de pasar al fantasma sitúa el “simulacro” de
dentro-fuera que hace que se crea que la procreación se efectúa “penetrando” y
que los niños salen por dicho agujero cuando sólo están en una cavidad
invaginada[8].
Por eso ese agujero borde (en Freud como cabeza de medusa) en el fondo no da
paso al interior del cuerpo sino a lo real. Lacan separa las aguas dejando a
Lo que nos queda por tratar ahora es la relación entre el cuerpo de goce, el Inconsciente, y la tópica del espejo, lo que nos permitirá situar la privación en relación a la cara plus-de-goce del abjeto @.
Saberes que han
circulado
Sobre la falta, universales y totalidad
Sobre los la posición de goce macho
[1] Que tendrá dos semi-torsiones, que no situamos en el dibujo por simplicidad, sí lo hacemos en el espacio de tres dimensiones. Es, pues, esférica pero dos veces agujereada y con torsión.
[2] No está de más insistir en que Lacan sitúa a dicha imagen gracias a un S1 que la sostiene.
[3] Freud como mucho supone cosas en lo real.
[4] Cambiamos así el nombre de lo que hemos denominado de entrada “verdadero círculo”.
[5] Con el tiempo nos podremos plantear que las subcadenas sean de 4 elementos borromeos, el borromeo generalizado pero de forma que nos aporte algo a la clínica y sin despegarse de ella.
[6] Evidentemente, para la hembra tiene dos consecuencias: la angustia de castración y la envidia de pene. Al igual que para el macho: angustia de castración e inseguridad de sostenimiento de la tumescencia, que no consideramos que sean lo mismo.
[7] Resolvemos un poquito mejor, o al menos eso creemos, la diferencia nítida que Lacan propone en el escrito L’Étourdit entre un significante y un órgano para el tema del falo.
[8] Por eso las mujeres paranoicas de personalidad muchas veces se imaginan o sueñan el parto como una carnicería. También aparece en algunos casos de neurosis y en trastornos de genitalidad.