Estimados
colegas,
He
tenido tiempo de repasar un poco mi oxidada filosofía y he ido a mirar la
diferencia entre sustancia y materialidad. Lo resumo muy brevemente:
Hay
dos teorías dualistas de la sustancia (de aquello de lo que está hecho algo):
a)
b)
Lacan
ya había definido al significante como la "materialidad" del significante,
incluso como la causa material. ¿Por qué pasar a definirlo como sustancia? Pues
para introducir el goce como aspecto económico.
Aristóteles
(al que se refiere al definir la sustancia gozante) diferenciaba dentro de la
sustancia dos aspectos: la materialidad y
¿De
qué está hecho el lenguaje? La primera respuesta de Lacan es que de
significantes, y éstos tienen una materialidad: "la letra". Por eso,
cuando habla en la Ciencia y la verdad de los cuatro discursos
epistemológicos en función de su manejo de la verdad y las causas de
Aristóteles nos indica que en el psicoanálisis el significante funciona
como la causa material.
Ahora
bien, esa materialidad ¿a qué sustancia corresponde? ¿A la corpórea o
naturaleza, o a la espiritual? Lacan no es dualista, sino que, a mi
juicio, nos propone el significante como una tercera: el significante, (no el
lenguaje). Dicha sustancia tendrá materialidad, una estructura y una economía.
La
materialidad: la letra (homofónica). ¿Y la estructura? Pues hay dos: por un lado
la cadena significante y sus diferentes rigorizaciones, y la del lenguaje. Creo
que Lacan iba estableciendo la estructura como algo que cada vez son estructuras
mayores basadas en otras más menores.
Es
decir, la estructura del lenguaje da base a otra denominada del significante
(cadena). Y está dando soporte a otra mayor: los cuatro discursos. Y éstos dan
soporte a la mayor, el nudo borromeo.
Creo
que así se entiende que lo que Lacan propone en “La cuestión preliminar”, el
perceptum depende del significante y no de las materialidades corpóreas (el
sensorium), ni del pensamiento como materialidad espiritual. Ahora, para
el goce nos propone una sustancia que no es la corpórea ni la espiritual,
otra vez.
Por
ello me parece muy importante que defina el "espacio" del goce, el
espacio extenso del significante como compacto. Mientras que el
significante siempre funciona con una hiancia entre él y otro significante en
tanto materialidad.
Si
no se diferencia ese espacio del goce del significante como substancia ¿cómo
podemos separar lo real de la verdad? En los cuatro discursos la Verdad es
un lugar, igual que lo había sido el Otro. Ahora ya no es tan sencillo definir
al Otro como el lugar en el que la palabra se plantea como verdad (o como
mentira).
Así
pues, el psicoanálisis es el que se ocupa del campo del goce (el campo
lacaniano) y no del de la verdad que el significante puede proponer. Además nos
permite introducir el plus de goce (teoría de conjuntos de ese espacio=letras
escritas) justamente sin tener que recurrir a substancias no analíticas como
las corpóreas.
En
fin, me ha parecido interesante para la cuestión de lo escrito como manejo del
goce y no de la verdad.
Un
saludo
C.B.
Hola, Carlos y demás
seminaristas.
Muchas gracias por esta
aclaración. Quisiera introducir una pregunta alrededor de estos dos
párrafos:
“Por ello me parece muy importante que defina el
"espacio" del goce, el espacio extenso del significante como
compacto, mientras que el significante siempre funciona con una hiancia entre
él y otro significante en tanto materialidad.”
El espacio del goce ¿es el mismo espacio extenso
del significante? Cómo entender “extenso” para poder entender lo que sigue: “el
significante funciona como una hiancia entre él y otro significante”. En este
estado, si se puede decir así, ¿el significante ya no es un espacio extenso? Cómo
se puede definir su espacio aquí? ¿Limitado? ¿La letra entonces es la
materialidad del significante que introduce el goce, se goza entonces de la
letra? ¿Abandona Lacan el goce-sentido de la cadena significante? Es decir, la
estructura ¿se goza de la estructura? ¿Dónde está lo real en cada uno de los
cuatro lugares del discurso? ¿No se aplica esta categoría allí?
Si no se diferencia ese espacio del goce del significante
como materialidad ¿cómo podemos separar a lo real de la verdad? En los cuatro
discursos, la Verdad es un lugar, igual que lo había sido el Otro.
Muchas gracias por las posibles respuestas.
Beatriz Maya
Estimado
Carlos:
En filosofía suele mencionarse que el concepto "sustancia" supone una
entidad
que
se basta a sí misma para existir (la definición filosófica que ofrece la RAE
es: “Realidad que existe por sí misma y es soporte de sus cualidades o accidentes”).
Ortega
y Gasset acusaba a Parménides de haber instalado el prejuicio de que el Ser
supone esa apacible quietud, y la filosofía de Heidegger es un ejercicio
permanente por renunciar a la idea de Ser como sustancia, y presentarlo como
devenir, acontecimiento.
También Russell, en el año 1948, en su obra Conocimiento
Humano renunciaba a la noción de sustancia (y otros conceptos
autocontenidos, como mente y yo) al presentar su noción de estructuras cuasipermanentes,
o líneas causales, proponiendo una ontología más cercana a la física de su tiempo
(Einstein). También Quine, desde la filosofía analítica americana, optaba por
tratar el mundo como estímulos que irritan los sentidos, evitando todo compromiso
con la reificación.
Pienso que estas declinaciones filosóficas pueden aportar algo al debate que propones;
por lo pronto, no se me ocurre cómo el significante, que existe en relación con
otro, podría ser sustancial. Por otro lado, lo extensional tampoco es garantía
de sustancialidad (Quine y Russell); por tanto, el concepto de espacio extensional
del significante (que, como a Beatriz, no me queda claro), al parecer, tampoco
es una solución.
Bueno, hasta aquí mi aporte; saludos cordiales.
Felipe Maino
Muchas
gracias, Felipe, por su aportación y resistencia, que a mí me obligan a mejorar
mi aportación, acertada o no.
Un saludo
C.B.
Estimada Beatriz.
Lacan volvió a Aristóteles para abrir lo que éste
había cerrado:
a) incluso antes de él para separar el Uno del ser
b) la segunda negación del universal (la singular) me pantès y que denominó no-todo
c) el concepto de sustancia del significante, que
tampoco está en él.
Es verdad que, como nos indica Felipe Maino, eso se
ha ido apartando y dejando sólo las materialidades. Pero se ha hecho cuanto más
se ha ido haciendo la doxa del discurso del amo y el del universitario.
Si el significante, o el lenguaje en general,
parasita al organismo, ¿por qué no inventarse una sustancia nueva propia a
nuestro discurso? De manera que no sea ni el cuerpo ni el alma.
Vuelvo a la pregunta: ¿de qué está hecho el
significante? Si no es de una sustancia gozante ¿por qué el niño goza con las
jaculatorias o con los propios sonidos? ¿O es que debemos dar la razón a Watson
y es un placer ligado a la conducta articulatoria? O dársela al
primer Freud cuando plantea un placer jaculatorio en sí mismo ligado a una
oscura pulsión motora ligada a lo esquelético; pulsión que Lacan nunca aceptó
en su cuarteto. Por el mismo motivo nunca aceptó la pulsión de destrucción de
la que muchos colegas quieren obtener las justificaciones de la violencia.
Sacar al goce de la anatomía es darle estatuto
propio, y que ya no dependa más del cuerpo como lo hacía la pulsión freudiana.
Mas bien es al revés ahora la cosa va de la substancia
Ahora bien, decir que es una sustancia gozante es
otra manera de salirse de la energética de Freud, que le mantenía en
El significante tiene su materialidad, letra
fónica. Ésta está formada por agrupaciones de fonemas o alófonos, y éstos de
frecuencias sónicas. Esa es una materialidad, pero no explica su capacidad de
goce (análogamente a que en un estímulo informa del mundo, pero además pude
producir placer o dolor). Esta segunda función del significante es
Luego el significante puede (como todo lo que puede
estudiarse como una lógica) tener una intensión y una extensión. ¿Qué extensión
darle al significante, si justamente sabemos que no representa nada, que no hay
objeto referencial como en la lógica? ¿Qué espacio es su extensión, sin
ofrecerle un universo del discurso que no es posible?
Aquí es cuando, una vez más, Lacan arregla nuestro
discurso (aunque sea volviendo a conceptos antiguos): la extensión del
significante no es un espacio de objetos o cosas sino de goce. El ser de
la significancia que opone al ser de
En nuestro caso, justamente para no desexualizar y
para el camino contrario, lo que se mueve en el significante no es la
energética que Freud obtenía del cuerpo biológico, sino del propio espacio
extenso al significante o al lenguaje. Y es por eso que nos parasita de goce el
significante; ¿o es que parece mejor pensar que el significante obtiene el goce
del cuerpo al que parasita?
Una vez efectuado el reparto de goce, aparecen mas
goces, y uno es el del sentido, pero éste no está entre lo real y lo simbólico,
sino entre lo imaginario y lo simbólico. Luego Jouis-sens creo que condensa los dos goces. Pero ya supone operaciones
para obtenerlo. Releer "Quizá en Vincennes"
Que el
parlêtre habite el lenguaje significa que también habita su espacio de goce.
Y una manera de pensarlo es esa definición fuerte
del Seminario XX ("El espacio del
goce es compacto y acotado") es decir, sin un sólo poro y no es ilimitado.
Es en él dónde el sujeto debe hacerse un sitio, un agujero o una marca. Un
lugar en la pulsión, decía Lacan al principio.
Lo real está en los discursos, en medio de
ellos, haciendo de obstáculo sobre el que giran escribiendo todo tipo de cosas
porque la relación sexual no se puede escribir.
En la ciencia la verdad, por no ser de palabra, es
una función simbólica que va de lo simbólico a lo real y no es un lugar de paso,
"el lugarteniente de lo real", como para nosotros. Es un tema nada
bien estudiado.
Espero aportar luces y no sombras.
C.B.
Estimado
Carlos:
En lo personal, agradezco sus luces y sombras por igual; me convence aquella
frase de Heráclito: "phisis kryptesthai filei", que a Heidegger le
gustaba traducir como "el emerger como tal está ya inclinado a
ocultarse". Respecto a su última aportación, en relación con la extensión
del significante, vd. dice: "No tiene
Universo del discurso, pero sí una extensión". Me surgen dos preguntas: 1)
Si el significante tiene materialidad (frecuencia sonora) ¿por qué no es él
mismo la extensión (res-extensa). ¿Por qué tendría que requerir la referencia a
otra materialidad? 2) ¿Qué significa no tener Universo del discurso? ¿Que dicha
extensión no está en el Universo? ¿No es física? ¿Supera la velocidad de la
luz? ¿En qué sentido no tiene Universo?
Por último, vd. reitera con frecuencia que el discurso de la filosofía es el
del amo; entiendo que Lacan lo dijo en algún momento, pero, en rigor, ¿en qué
se sostiene esa afirmación? Miller es de la idea que así como "la mujer no
existe" sino que hay muchas mujeres, lo mismo ocurre con
Bien, siempre motivado con este seminario suyo, cual recorrido en el bosque en
busca de algunos claros. Lo saluda afectuosamente.
Felipe Maino
Estimado
Felipe Maino:
Toca
usted uno de los puntos más importantes en el Seminario “Encore” y del 17.
El
recurso a la sustancia como distinta de la materialidad ya está en Aristóteles.
Lacan, para rigorizar el discurso analítico, debe ir a cuestionar el discurso
fundante de nuestra cultura. El discurso que surge después del Lenguaje cuando
aparece el UNO que puede representar al sujeto. Un lazo social fundado en
el discurso de la filosofía que Lacan (tal como nos recordaba Rithée Cevasco
hace unos días en el foro de Barcelona) sitúa en ese momento entre Platón y
otro filósofo que no recuerdo. Cuestionarlo no significa que no sea fundante,
sino que no es el único que pude efectuar una relación con el saber y una
producción. Desde luego, el discurso de un filósofo no tiene porqué ser el de
amo. De hecho, Beatriz Maya nos recordó que Lacan piensa que Sócrates
o Hegel eran histéricos.
Desde
luego que no hay discurso mejor que otro. La cuestión es ¿para qué? O, si
quiere decirlo de otra manera, ¿para qué real? El discurso universitario no ha
ido nada mal con la materialidad de
¿Cual
es nuestro real? No es el de la ciencia o el del saber filosófico, un real per se e infalible que funciona
bien. Un real que debemos "saber" y que es posible saber. Un
real cuyo saber podríamos isomorfizar con una doctrina. La verdad es que,
viendo cómo está el planeta, la ciencia debería darse cuenta de que a nivel particular
lidia bien con él, pero a nivel general lo está fastidiando todo.
Nuestro
real es un real fallante, "una falla en lo real"; es decir una
fractura, un real que no funciona bien. Los dos sexos están separados a
perpetuidad y eso hace que además, en la simbolización (construcción de
significantes) y en la significación posterior (fálica si es posible), no haya
manera de escribir una relación lógica entre ellos. Así que no queda más que
anudarse con él, es decir no podemos saberlo, sólo anclarnos en él vía
triskel.
Volvamos a
la sustancia y
Entonces
la materialidad es la que en nuestro discurso es capaz de
"representar", luego no es lo real (a diferencia de la masa en
la física que sí lo es) y el goce (análogo con la energía,
pensaba Freud, hasta que se dio de bruces con el masoquismo....) ¿Está en
lo real? “Pues no”, dice Lacan.
Fíjese
que se acaba de cargar el mito pulsional de Freud. Para éste, era el cuerpo
real el que se hacía representar en el aparato psíquico mediante dos
cuestiones: una, el representante de la representación; dos, el afecto. El
afecto no es lo afectivo de la psicología (ahí se enredaron muchos), es una
representación de lo real del cuerpo que no había manera de situar en
ninguna tópica: ése campaba por donde podía y de lo que se trataba era de que
se desarrollase en "el desarrollo de afecto".
Lacan
no es cientificista ahí, el cuerpo está en lo imaginario y no en lo real, lo
real es lo imposible y en tanto es lo imposible no se hace representar nunca.
Lo real "sólo se capta en los impases de la lógica". Ahí es
donde el millerismo se ha extraviado. Lea las Insignias del goce y verá
que no entendió eso y se confundió (como siempre, en las desviaciones, tal como
Jones) en la teoría del simbolismo y se metió de nuevo a chapotear en los
signos y confunde el sinthoma como lo real no simbolizado.
Por
eso he situado yo a la psicosomática en el Real-Ich. El cuerpo que la medicina trabaja como real en
psicoanálisis está bajo lo imaginario. Por eso una imagen hace que una paloma
cambie algo de su cuerpo, o un antropoide que se erige en líder de la
manada desarrolle un peso y un color de pelo distinto (blanco en el lomo, por
ejemplo). Volvamos de nuevo al goce.
Éste
está en el significante y no en lo real; de ése, "el de los lirios del
campo", (como lo definía un sujeto cuyo nombre del padre era imaginario y
no simbólico, y que un santo tuvo que arreglar y convertir en simbólico
con tres negaciones e invirtiendo alguna cosa – la cruz al revés), de ese
goce nada sabremos nunca. Luego igual que una masa tiene una energía potencial
en el universo einsteniano, un significante es una sustancia gozante
(además de ser capaz de representar). Por eso indica Lacan que un saber se goza
tanto en su aprensión como en su ejecución. El saber tiene goce. El goce
es la alternativa a la energética freudiana que no llevaba a ningún lado.
El
significante es en ese sentido el que introduce un goce más allá de lo
imaginario del cuerpo, y más allá de su capacidad de hacer surgir un sujeto.
Si
entendemos que esa cara del significante como goce es la que nos vuelve locos y
nos bestializa o puede hacerlo, entonces vemos cómo es el propio significante
en su dimensión material, el que tiene que regular el goce que él mismo ha
introducido.
Mucha
patología se aclara si vemos que es ese goce el que parasita la
homeostasis del organismo. Entonces la pulsión freudiana es sólo lo necesario y
quedan tres modos más. Las fórmulas de la sexuación así son más
claras, es la función fálica y su cuantificación la que se enfrenta al
campo del goce que el significante ha introducido. Por eso, más allá del
falo puede ser en dos direcciones, la negación del falo o el no-del-todo
fálico. Goces distintos. Y por eso hay que hacer una extensión de esa lógica
(no como intersección de tres círculos: fálico, no fálico (objeto a), fuera de
lo fálico) sino como anudamiento como mínimo de tres nudos. Se
entiende mejor la psicosis así: la falta de función fálica hace que el
sujeto se enfrente al goce del significante (el compacto) a palo seco. Y
eso, además de tener que significar como puede su sexo. El situar
lo femenino como ese goce del significante más allá de la significación
(material) fálica hace que en ellos se dé el empuje a la mujer, como un empuje
a ese goce del significante directamente, sin ninguna regulación potente. Por
eso lo del goce femenino como un infinito de segundo orden, Aleph1, frente al
infinito de la materialidad significante, denso, o Aleph0.
Ahora
vamos por lo del universo del discurso. Si resulta que el significante no
tiene ningún referente, pero genera goce (nuestra energética, para decirlo
en analogía), eso quiere decir que no hay objetos en nuestro real. El
universo del discurso es un concepto preciso en lógica. En cualquiera de ellas
hay predicados, los significantes o cualidades o intensiones, y los
objetos sobre los que aplican. Ya he explicado que la lógica sitúa a
dichos objetos como los sujetos gramaticales. El universo del discurso es el conjunto de dichos objetos, y
el de los significantes es el conjunto de los predicados.
Una
proposición es aplicar un predicado (significante) a un objeto (del
universo del discurso = al real de dicha lógica).
En
nuestro caso no existe el universo del discurso, y el significante, vía
significación fálica si es posible, aplica no sobre objetos sino sobre otros
significantes, y es por ello que regula su goce. Por eso la función fálica es
la repartidora de goce dentro del goce (como sustancia gozante) que el mismo
significante ha introducido. Esa capacidad de goce es la que Lacan escribe
con un X frente a la materialidad que soporta de la letra y frente al
significante en su diferencia, que escribe como S.
Espero
haber aportado más luz que sombra y muchas gracias por su lectura atenta y
puntillosa.
Un
tema que se me había quedado colgado. En ese goce del significante como
sustancia es donde puede diferenciarse el significante y el objeto
"a" sin tener de nuevo que pensar el objeto como lo real. Por eso,
dicho espacio del goce compacto Lacan lo puede pensar mas allá del significante
(pero articulado por él) con la teoría de la letra o teoría de conjuntos, es
decir, sin salirse del campo del lenguaje. Con un recurso fortísimo a lo
escrito y no a lo fónico. Ésa es la diferencia entre la letra fónica del
significante hablado y la letra escrita, y dentro de ella las letras del objeto
"a".
Un
tema apasionante: una analizante muy grave y que a los 5 años de análisis
soñaba que de su nombre se caía la O que formaba parte de él. 15 años después
puede decir tras una intervención del analista sobre su nombre en relación a
una hermana (que el padre holofraseaba con ella = tema de la nominación) que
ella era el cero (frente al uno
de la hermana). Toda su fantasmática estaba transitada por las caras
imaginarias de ese cero, lo no valioso, un mierda o la nada o cosas así,
pero su goce también giraba en ese no ser nada (de lo que por supuesto se
quejaba, aunque llevó su tiempo elaborarlo). En lo imaginario, al principio, en
los ataques de angustia no se veía el cuerpo de cintura para abajo. Vemos ahí
una relación nada fácil entre la O como letra del significante que
marcaba su privación (apareció en otros sueños) con la letra como
objeto plus de goce, ese cero y no
En
fin, es un ejemplo.
C.B.
Estimado
Felipe,
Una par de aclaraciones. Una, que desapareció, no sé cómo, del mail sobre
Aristóteles.
"La materia como substrato no es simplemente la sustancia, ya que es algo común
a todas las substancias, de suerte que aparece como una suerte de matriz de la
realidad física, y no en la realidad física misma. Por tanto, si la materia es
substrato lo es en un sentido distinto del substancial". (Diccionario de Filosofía, entrada “materia”,
Gabriel Ferrater Mora).
Puede consultarse también la entrada “sustancia”. Si alguien desea profundizar
más recomiendo el manual Historia del
pensamiento filosófico y científico. G. Reale y D. Antisieri. Ed. Herder.
Dos: en la respuesta a tu pregunta, leída rápida, parece que el no-del-todo
sólo
daría acceso al goce del Otro y no es así, sino a otros goces que no son
introducidos por el significante, otras materialidades también.
La dificultad mayor en este tema es que justamente por tener dos significantes
que cuestionan y reparten el goce, el
Prometo establecer mejor su articulación con el significante del A barrado, pero
que no me salga una lógica plana sino de superficies en el nudo. Y se yerra con
mucha facilidad, a las pruebas me remito. El nudo es la antigeometría del
pensamiento, está claro. Ya lo decía Lacan, que uno se confunde ahí continuamente.
Un saludo de nuevo.
C.B.
Estimado Carlos, Felipe y demás seminaristas que
siguen el trabajo.
No había podido responder o preguntar algo sobre
tan interesante discusión porque estábamos en Venezuela en el primer encuentro
zonal de la Escuela de Psicoanálisis del Campo Lacaniano, donde precisamente se
tocó, por alguna razón el asunto del signo, el significante y
1.
Qué relación se establece entre signo, significante y
letra: ¿de causa o consecuencia? ¿De linealidad o de anudamiento?
2.
¿No tienen ninguna relación? ¿El signo excluye el
significante y por lo tanto la letra?
3.
No renovó Lacan su teoría del signo de “lo que representa
algo para alguien” lo cual hablaría de cierta sustancialidad o materialidad,
para pasar a decir: “El signo no es, pues, signo de algo; es signo de un efecto
que es lo que se supone como tal a partir del funcionamiento del significante”
en el Seminario XX, en la lección
llamada “El amor al significante” y propongo leer los párrafos que siguen y
terminan esta lección. Articula el signo con el sujeto y el significante
directamente.
Ahora, siguiendo los pasos a
esta lección, uno puede aportar lo siguiente:
a.
Se aparta de Aristóteles en el punto en donde para
éste “si alguna vez hubo algo es porque estaba allí siempre” para Lacan, si
algo existe es por la creación a partir de nada, es decir, la creación significante.
Punto central porque entonces el significante introduce en sí mismo algo y la
nada o algo en la nada o la nada como algo. Punto a discutir.
b.
Nos lleva de aquí a la revolución copernicana y es ahí
donde introduce el significante como sustancia: “el discurso de la histérica le
enseñó esa otra sustancia que cabe toda entera en esto: “hay significante”;
pero critica la revolución copernicana porque en ella el asunto se centra en el
“significado” que lleva a prejuicios, dice. Es Kepler quien le permite explicar
la revolución porque pasa del gira al cae, en una nueva curvatura
del espacio que desplaza la idea de centro, que termina siendo una fórmula y
allí dice: “Lo que se atribuye indebidamente a Copérnico está en este escrito
(leer la fórmula que no reproduzco), que se resume en estas cinco letritas
escritas en el cuenco de la mano, más una cifra. Es lo que nos zafa de la
función imaginaria, y con todo fundada en lo real de la revolución”. Si
entiendo bien el significante que lleva al sentido, coloca el asunto en
lo imaginario, mientras que la letra lleva a lo real. Pregunta: ¿cuál es la
revolución que introduce Lacan a la hecha por Freud?
c.
Creo que es lo que nos responde en el siguiente apartado
cuando nos dice que “nada parece constituir mejor el horizonte del discurso
analítico que ese empleo que se hace de la letra en matemáticas. La letra
revela en el discurso lo que, no por azar ni necesidad, se llama gramática. La
gramática es lo que del lenguaje se revela en lo escrito.” Pero además nos
habla de una nueva curvatura del discurso analítico, es decir, una revolución.
No me detengo en el para-ser que es la vía que da para la imposibilidad de que
el lenguaje pueda dar cuenta del referente, ni en lo que respecta al amor, que
deja a un lado para pensar la letra, cuando nos dice: “Hay, sin embargo,
otro efecto del lenguaje que es lo escrito.” ¿Por qué otro efecto del lenguaje?
Es que ya ha hablado del primero, el significante y la significación.
d.
Entra, pues, en la recta final de su lección y allí nos
retorna a lo que ha trabajado sobre la letra en el Seminario IX sobre el rasgo unario, asunto que para él debería ser
evidente a los ojos de quienes lo escuchaban, para pasar a lo que hacen
los matemáticos con las letras, pensando el Uno de una manera que no fuera
intuitivo, fusional y amoroso, como nos ha dicho que es el significante. Nos
lleva de la mano de la teoría de conjuntos para afirmarnos que “la letra no
designa los conjuntos, las letras son esos conjuntos, se los toma
considerando que funcionan como los conjuntos mismos”. Si leemos con
detenimiento el párrafo que sigue, vemos que resalta el “como” para llevarnos
de la expresión “el inconsciente estructurado como un lenguaje” a la afirmación
“el inconsciente está estructurado así como los conjuntos, de los que se trata
en la teoría de los conjuntos, son como letras”. Aquí me pregunto de qué
se trata en la escucha analítica. ¿De sentido? Evidentemente que no, se trata de
desciframiento de la letra inconsciente que va más allá del sentido, va al
campo del goce.
e.
Termina su lección con lo que yo empecé, articulando el
signo y el significante que ya ha articulado con la letra, “no conocemos otro
soporte que introduzca en el mundo el Uno, sino el significante, en cuanto tal,
es decir, en cuanto aprendemos a separarlo de sus efectos de significado”: no
quiere decir esto la producción de la letra? ¿Dónde aprendemos eso si no es en
el recorrido de un análisis? ¿O el recorrido de un análisis nos permite
verificar que detrás del significante que llenamos de sentido no había más que
letra, única manera de reconocer que no Hay relación sexual, es decir, que no
“somos más que Uno”?
4.
Entonces vuelvo a mis inquietudes. ¿No nos está pasando
Lacan por una topología en su teoría sobre el signo, la letra y el
significante, una topología que se construye a partir del significante como
creación, pero que introduce la letra para hacer signo del sujeto? Ahí pregunto
¿linealidad, torcimiento de la línea con la recta infinita para construir el
sujeto del nudo? Si están articulados ¿de qué manera los tres participan de la
sustancialidad y la materialidad?
Muy interesante la introducción del caso. Un sujeto
que hace tratamiento de la letra en su inconsciente o más bien que su
inconsciente le revela su estructura como letra. Como a veces el
diagnóstico es la mira de muchos círculos analíticos, uno se preguntaría si hay
psicosis o neurosis, es decir si la emergencia de la letra como recurso es
tomada como índice de psicosis. Pregunta tonta, porque lo que Lacan nos enseña
aquí es que la letra estructura el inconsciente (o para ser más precisos, el
inconsciente es como letras).
Vuelvo a preguntar ¿cómo escuchamos? O más
bien, como en el capítulo anterior de este seminario nos dice: se trata de
leer, de esa manera se garantiza la revolución del discurso analítico, porque
nos salimos del sentido, de la función imaginaria que opera en la psicoterapia.
Un saludo.
Beatriz Maya
Estimada Beatriz,
Si al final de este seminario pudiésemos establecer
bien la relación entre el significante, la letra, y el signo en la cura
sería un éxito considerable.
Lacan, creo que en "...Ou pire", se niega
a aceptar una letra antes del significante. Y es congruente porque sino
volvemos al Dios escritor.
Las letras fónicas de la materialidad del
significante no las aporta el sujeto, ya que están en lalengua que habla. Luego
esas son más fáciles de situar. La cuestión es ¿dónde se guardan? Freud
proponía la unión de las imágenes fónicas y motrices para la palabra.
El inconsciente freudiano es un inconsciente
que "escribe" en el sentido de que lo que en él se guarda debe quedar
grabado de alguna manera. Es todo el tema de la Vosrtelungs, Sage y Wort.
La pregunta que yo me hice para leer los párrafos
que tan bien escoge para su pregunta es ¿qué diferencia hay entre lo dicho
o el decir, y lo que queda como estructura mientras no hay nuevo decir?
O si quiere decirlo de otra manera, una cosa es el
cuerpo como imaginario y otra la idea platónica que Lacan de nuevo sitúa en lo
imaginario. Entonces hay que diferenciar lo que se guardó, se escribió y así
quedó, de lo que se escribe desde un discurso. Una cosa es la memoria (en
cadena, según Lacan) y otra sus efectos.
Voy por partes: lo que se guardó depende de si es
algo que entra en bruto o si es algo que ha sido una producción del sujeto. No
es lo mismo una marca que puede ser leída por el sujeto y de la que en el fondo
surge (de ahí los dos tiempos de lectura y borrado), que un
significante producido por un discurso.
Para escribir una marca no es necesario más que
algo de "goce" nos toque el cuerpo o el S.N.
En ese camino de ida, eso pasará a ser un S1
mediante
Por eso Lacan habla de ruptura del semblante. Por
ejemplo, escribir la masa por una M implica romper el semblante y (esto ya lo
había dicho en el Seminario IX) pero
además pasar la letra fónica [M], el alófono o el fonema a letra
escrita M, grafema. Grafema que se ha obtenido tras un largo depuramiento de
otro discurso.
Pero todo esto no es más que un intermediario para
la operación significación (que nunca hay que confundir, como usted remarca
bien, con la operación de sentido). Es por el intermediario de dicho paso de lo
fónico del significante a lo grafemático de lo escrito por lo que se escribe
¿qué? un nuevo significante. Lo que cambia es que ahora no está en el mismo
sitio. Ha pasado del lugar del agente (máxima posición de semblante del
significante) al de la producción.
El sentido va entre el significante y la idea,
indica en el Seminario XXII. Aunque
para reducir el síntoma hay que hacer saltar el sentido (homofonías y demás que
explica en “L'Étourdit”) y eso porque no hay nunca una significación
(denotación es mejor, ya que en castellano no ofrece confusión con la
significación de sentido) absoluta. Una vez más, la diferencia entre
condensación (triskel) y metáfora (generadora de sentido); o entre giro y
metonimia como generadora de sentido.
Ese paso de la marca a su letrificación fónica y de
ahí al significante y su camino inverso hacia la escritura mediante un alfabeto
es fundamental y es la involución significante. Lo segundo o ruisseler es más sencillo; lo primero o ravissement, como le indicaba a
Amanda Oliveros, no lo veo tan claro.
En el paso del significante a la letra es cuando
hay que hacer el paso que hizo Demócrito = hacer un elemento del significante.
Por eso Lacan es tan pesado con la teoría de conjuntos. Me alegra mucho que nos
refresque el párrafo en el que iguala las letras con los conjuntos. Porque ahí
se ve que al no designarlos, sino serlos, ya no hay nada bajo la letra como
referente y es cuando dejan de ser signo como en la ciencia lógico-matemática. Ya no son letras-signo.
Es su manera de enviar a la porra al referente.
Entonces la letra transporta goce pero siempre envuelta en un significante
(como en “La carta robada”).
En la teoría del conjuntos algo salta a la vista
(de Lacan, of course) y es que para
hacer un elemento es necesario una definición (descripción) y ésta se hace con
significantes. Por eso, si no caemos en la trampa de la ciencia de lo
simbólico (hecha con letras-signos) y la lógica nuestra es ciencia de lo real
(hecha con significantes-letrificados), es decir, hecha con elementos que se
referencian entre ellos y sin referente objetal alguno, podemos ir pensando que
la teoría de conjuntos permite, además de hacer lógica, tener un inmenso alfabeto para cifrar goce.
Y ver clarísimo que no habría conjunto si no existiese primero el significante.
Un equivalente de la teoría de números para medir
en la ciencia: hay que entender que la letra, como teoría de conjuntos quiere
decir que tiene, eso lo ha captado usted muy bien, una estructura propia y esa
estructura es, además de axiomática como para los lógicos, es, decía, una
estructura topológica. Es Lacan el que le une los dos aspectos como nunca lo
hizo la lógica-matemática, pero debió cargarse la letra como signo, y
diferenciar el signo del significante.
La letra y el objeto @ como letra
Pero una vez más tenemos que separar la letra que
ayuda en la teoría del significante de la letra del objeto @ y eso no está en
El primer paso de modificación ha sido decir que la
letra es el conjunto y acabar con la referencia y de paso con el signo "de
que representa un objeto para un representamem". ¡De acuerdo!
Tenemos además el problema del objeto @ causa
del deseo. Lacan tuvo que recurrir al toro para situarlo más allá de los
círculos del significante. Y en la lógica pensarlo como la matemática
intuicionista: negar dos veces no es volver a la verdad de la primera, luego
algo queda ahí ente verdadero y falso y lo denominó @, lo que de paso permitió articularlo
con
En “L'Étourdit” nos ofrece dicho objeto @ en su
dimensión topológica de superficies, es la cinta con dos bordes y dos
semitorsiones que se obtiene después de cortar una banda de Möbius con un ocho
interior. Eso permite, al articularlo con un toro, el paso de dicho objeto
desde la cara de dentro a la cara de fuera. Ahí estaría la "letra"
que se escribe, pero desde el goce hacia el espacio del significante. La araña
tejiendo su tela, pero en el caso del inconsciente. En un discurso, por
ejemplo.
Lógicamente no he encontrado nada para rigorizarlo
y por eso hay algo que no veo claro para la intervención analítica ya que eso
no pasa por la interpretación.
La letra no es entonces nunca primaria (ese error
cometen muchos colegas y Lacan se lo recriminó). Los colegas de Littoral lo
bordean continuamente. No lo es en lo fónico del significante hablado o
decir, y no lo es en el significante escrito o letrificado.
¿Qué es ese signo del sujeto? Aquí hay que tener un
cuidado extremo con las traducciones. "Faire signe" se
traduce en castellano por "hacer una señal o una seña" y no por un
signo exactamente. Una señal es lo que no representa pero "evoca",
dicen los conductuales o los semióticos de su línea. Y entonces, quizá cuando
Lacan habla de lo que "hace signo del sujeto", ése que puede causar
el deseo (véase la histeria o el analista de formas muy distintas) no esté
hablando de la teoría del signo. Habla de algo que hace señal al otro ya que no
es un significante. Si tengo razón, cuántos trabajos de colegas están enredados
en ese malentendido del lenguaje y de la traducción de una lengua a
otra.
No tengo mucho más que aportar de momento, pero
creo que el problema debemos situarlo entre la topología del decir y la
del escribir. Creo que deberíamos pensar en dos nudos borromeos
articulados entre sí.
Lo que nos enseña el FPS es que esa
"señal" tiene una escritura bien complicada y cuando falla... lo
que ya he explicado. Por estas tierras se dice que (mezcla de catalán y
castellano) cuando una persona se hace daño en el cuerpo "ha quedado
bien seña-lado".
Quizá porque no encontraba la manera de diferenciar
analíticamente esas señales-letras de los significantes-letras, decía Lacan que
a la topología aún no le hemos podido dar la vuelta como él hizo con la
lógica. La frase, "el objeto @ quizá no es más que una letra"
abre una vía, pero...
Yo estoy buscando esa diferencia por todas partes, intentando
no chapotear, como criticaba a otros colegas. La mejor pista que
tengo es la siguiente:
"No es lo mismo el uso de la letra en la
topología que en el álgebra" (“Encore”). Traducido: no es lo mismo la
letra que surge del significante que la que surge de la "espacialización y
sus posibles triangulaciones" o sea su uso geométrico. Por eso habla de
las fibraciones y recubrimientos y todo tipo de estructuras elementales en
topología de conjuntos. En un trabajo anterior sobre el nudo yo la situé en la
diferencia entre las letras del interior de un conjunto y las de
su adherencia o cierre. Bien, quizás un día consigamos articularlo con la
teoría de superficies a la que he hecho alusión en “L'Étourdit”.
Un saludo, y gracias por su magnífica
lectura. Y totalmente de acuerdo en no dejar la letra sólo para
C.B.
Estimado Carlos,
Muchas gracias a usted por hacer eco a nuestras
inquietudes, esto relanza el trabajo y nos devuelve a la letra de Lacan; veo
que cada vez vamos circunscribiendo más el asunto. Por ahora estudiaré con
detenimiento su respuesta remitiéndome a las referencias que insinúa.
Un saludo
Beatriz Maya
Muchas gracias a usted,
De paso, recuerdo la forma lingüístico-lógica que Lacan
usa para el sujeto y el signo sin meternos en lo topológico. “Radiofonía”
página 414 (la anterior y la de después son muy importantes), Autres écrits.
"EL humo es el signo del
fumador", y un poco antes dice que el humo es el signo de ese
sujeto que representa una cerilla para su caja (de cerillas, supongo).
Más abajo continúa que no sea el humo para hacer signo a Ulises, por
lo que los fumadores campan (circulan), nos obliga a más rigor con el
principio del signo.
Y si se lee bien el texto, dice que sólo se
construye el objeto "a" con el análisis.
En fin, para proseguir: en la traducción castellana
se pierde mucho pera está en Anagrama, página 26.
Un saludo, y sí, yo también creo que esto está
mejor elaborado cada vez.