Hacia una nominación basada en los registros y no
en el signo
Introducción
Ya hemos recomendado la lectura
previa de la teoría de la nominación lógica en Frege. Puede consultarse en esta
misma página Web un esquema sobre las diferentes maneras de abordar el
signo: Nominación y verdad en Frege. También es interesante
releer los esquemas de la misma página
Remarcamos que es una
teoría trina que contiene una relación dual: el significante nomina un objeto.
Pero lo primero que hay que tener en cuenta es que un objeto debe ser tomado en
su sentido de objeto conceptual tal como es habitual en la filosofía alemana.
Esto quiere decir que un objeto es otro significante, pero que está bajo la
barra del signo. No debe, pues, confundirse nunca el objeto con una cosa. La
cosa está siempre fuera del aparato de representación, está en el mundo, como
diría Wittgenstein. Por contra, el objeto sí que está en el aparato de
representación. La hipótesis científica es que ese objeto representa y se
comporta a la vez como la cosa.
Freud siempre tuvo clara
la diferencia y por eso no dijo jamás que en el inconsciente estaban las cosas
ni los objetos, sino las representaciones-cosa. Cada una de ellas aportaba
alguna cualidad de las cosas. Y por eso, para hacer la representación unificada
de una cosa, o tan unificada como se pudiese, utilizaba una constelación de
representaciones-cosa a las que denominaba representación-objeto. Por otra
parte, se encontraba con que las palabras no dejaban de ser una cosa también en
cierto sentido y por ello las denominaba representación-palabra, la cual estaba
formada por las imágenes motrices diversas que
Por eso Lacan abandona
radicalmente la representación mediante signos y vuelve a leerlo todo desde el
significante. Tanto la
representación-palabra como la representación-cosa pasan a ser significantes,
pero de forma que se altera su orden, siendo el inconsciente el que actúa sobre
el preconsciente. Es la conocida tópica del significante sobre el significado.
No se debe confundir el significado con lo real jamás: aquél es una
pseudocadena y por tanto está formada también por significantes y por eso un
significante puede pasar debajo de la barra (Unterdrückung). La articulación
entre las dos cadenas, significante y significado, permite diferenciar la
represión (que el significante quede dando vueltas entre el punto sincrónico
del Otro y el de simultaneidad de la significación) del sofocamiento (pasaje
debajo de la barra). Quisiera recordar que por eso Lacan indica que la represión
del falo sitúa a éste a nivel del significado (Seminario “... au pire”). Y que es desde el significado desde donde
podrá hacer algo sobre el goce del Otro. Insistimos, lo real es lo que no se
escribió, luego no está a nivel del significado. Plantearlo así supondría
volver a la ciencia, como suele ser habitual en las internacionales
psicoanalíticas. La vuelta a una teoría del signo parece patognomónica del
deslizamiento hacia el discurso del amo en el campo psicoanalítico.
Por otra parte, el objeto
@ no es ni un objeto conceptual ni una cosa representada. Está ahí como causa
del deseo por el hecho de que las dos cadenas, del significante y del
significado, no pueden jamás recubrirse y sólo anudarse en los dos puntos
mencionados. En algún comentario del seminario he indicado que el objeto @ es
la diferencia entre una clase y un conjunto. Expliquémoslo más: si las clases
pueden incluirse a sí mismas y los conjuntos no, los conjuntos sólo sirven para
referirse a otro conjunto tomado como objeto. Por eso Lacan los usa para los
recubrimientos del Otro del goce y no para el sujeto. Las clases, por poderse
referir a sí mismas, parece que pueden resolver el problema, pero veamos que es
un poquito más complicado.
Si en el inconsciente hay
una cadena de significantes procedentes de una combinatoria necesaria para
poder establecer las operaciones (metáfora y metonimia) resulta que son clases
combinatorias. Lacan lo denominaba la combinatoria significante usando un
término de la topología simplicial (de Poincaré) que en aquella época se
denominaba topología combinatoria. Término que ya no se utiliza y se lo
considera una reliquia histórica. Cuando dicha topología combinatoria se
estudia como clases combinatorias resulta que se puede demostrar que son
distintas de las clases habituales o denominadas porfirianas. En las clases
porfirianas se supone que para un objeto determinado del universo del discurso[1]
pueden darse todas las propiedades a la vez.
Por ejemplo, en un
universo del discurso formado por objetos conceptuales que representan en su
caso a cosas, un objeto puede acumular muchas de las propiedades del conjunto
de los predicados (significantes) a
Ahora podemos
preguntarnos: ya que hay dos tipos de clases (porfirianas y combinatorias), la
clase que las contiene a las dos ¿es porfiriana o combinatoria? La respuesta es
que ninguna de las dos, pues son intotalizables en una sola, del tipo que sea.
Por eso no puede existir el Otro perfecto con todos sus significantes dentro si
hay cadena significante. De hecho, no hay que pensar más en cómo lo indica
Lacan en el “Informe Lagache”: un Otro como sistema sincrónico de una lotería
del que saldrían los significantes; sino al contrario, una cadena significante
que intenta sincronizarse y no puede. Es lo de la identidad de percepción en
Freud. Como no puede, siempre queda algún significante fuera. Dicho de otra
manera, la imposible sincronización deja siempre un significante como mínimo
fuera y éste es el que hace cópula con el resto sistematizados. Es lo que
trabaja en el Seminario XVI de forma lógica y en el Seminario XXIV de forma topológica, con el retorno del toro que envuelve al
resto de la cadena en otro toro que incluye al resto de
Véase el esquema que sigue
para visualizar cómo las cadenas del significante y la del significado se
“encuentran”. Recordar que no son intersecciones, sino anudamientos sostenidos
por la nominación de la metáfora paterna (en el primer Lacan). Además debe
unirse al anudamiento el circuito imaginario. Y luego desdoblar la cadena del
significante, no la del significado, con el otro circuito del significante (el
antiguo pulsional).
Freud
diría que es la unión de la pulsión con las representaciones del inconsciente y
su efecto sobre el preconsciente. Salta a la vista que Lacan no está de acuerdo
con que la pulsión se hace representar por el representante de
Si ponemos, como indicábamos, las dos cadenas del significante (tal como lo hace Lacan en “Subversión del sujeto...”) frente a la del significado, obtenemos este triskel para el punto de simultaneidad o significación:
El problema de las nominaciones
Hemos
hecho este largo recorrido
para indicar que es por esto por lo que aparece la paradoja de Russell y es por
eso por lo que el Otro está barrado y por lo que aparece en algún punto de la
significación el significante de una falta en el Otro
Si en psicoanálisis
debemos representar al sujeto y a un objeto externo al signo, se debe entonces
pasar a la teoría del significante y establecer dos cosas: una, un sujeto sólo
representado por un significante para otro significante; dos, plantearnos un
objeto que represente a la Cosa y no a cosas. Lacan nos dio la definición de un
sujeto representado ahí donde los significantes no pueden sincronizarse más
allá de la repetición, pero teniéndola en cuenta.
Para el objeto nos dejó en
el aire, porque si es lo no significantizable, parece que sólo la negación del
significante se acerca ahí, pero es muy insuficiente. Por otro lado, situó al
objeto @ en medio de
En el registro imaginario
nos dejó además la representación icónica: los objetos no-especularizables. Nos
dejó también un tipo de letras de la teoría de conjuntos para su cara de
plus-de-goce. Es decir, nos dejó el objeto anudado en una cadena borromea. Nos
dejó un esbozo de nominación para dicho objeto.
Pero no debemos olvidar
que, si el sujeto sólo está representado, necesita también nombrarse o
nominarse de alguna manera, y eso es lo que denominamos los nombres del sujeto.
Insistimos, ahí donde al perder el signo y ser sustituido por el discurso se
pierde la capacidad de nombrar, debe aparecer una estructura de nominación
superior, tanto para los nombres del sujeto como para los nombres del objeto y
también para los nombres de goce.
Esta estructura de
nominación no sólo basada en el significante sino en los registros, y algo más,
es lo que tenemos que abordar y es cuando Lacan pasa del nombre del padre al
padre que nombra, pero en plural: los padres que nombran. De lo contrario, el
destino es errar en su doble sentido de fallar y deambular por el desierto, es
decir, por fuera del “punto” donde se anudan los bordes de las superficies: los
registros. No deja de ser plantear una estructura compleja de nominaciones ahí
donde se creía que sólo estaba la identificación primera al padre.
Primer intento de nominación
mediante registros: la nominación del objeto
Recordemos ahora el signo
de Frege para
Ahora eso se daba para la
proposición compuesta; un signo solo no es verdadero ni falso, simplemente es.
Por eso, en la ciencia, la “verdad” del signo es empírica. Si recordamos la
definición estricta de signo de Peirce (“lo que representa algo para alguien”)
y la aplicamos al objeto obtenemos “Lo que representa un objeto para un
interpretante”, lo que exige dos significantes. Lacan no va a utilizar dicha
definición para el objeto, sino que la modifica para que sea la del
significante: “un significante es lo que representa un sujeto para otro
significante”, y nos va a proponer otro camino para el objeto: “los signos para
nadie” y jamás “los signos del Otro”. En dicho camino va a incluir también la
definición de Saussure: Un signo es la juntura entre un significante y una
imagen mental. ¿Por qué? Pues porque necesitamos también incorporar la vía del
sentido al contrario de su eliminación en la ciencia.
Anteriormente hemos indicado
que del objeto tenemos imágenes y ésta es la representación icónica que en
psicoanálisis se utiliza para la tópica del espejo. Si ahora recordamos la
tesis fuerte del psicoanálisis (“no
existe el universo del discurso”), es decir, no existen de entrada cosas en
lo real, sino ¡vaya usted a saber!. Entonces, el objeto conceptual
representante de la cosa no tiene sentido y es por eso por lo que Freud dice
cosa-representación y no representación de
Tenemos tres elementos:
imágenes, significantes y objetos @ y además un real imposible para el
significante y también para las imágenes (no hay que olvidarlo; si no, no tiene
sentido
Supongan cerradas las rectas para que sea un nudo borromeo. Entonces podemos ver la relación del objeto @ con las tres tópicas y sus respectivas castraciones, que hemos situado en esta misma página: Las dimensiones del abjeto en su relación con los diferentes registros de la castración
Si hacemos el nudo como en el Escrito “La tercera”, es decir,
suponemos que es el borde de una superficie de tres bordes anudados, aparecen
otras superficies que Lacan plantea con la tríada freudiana de inhibición,
síntoma y angustia, o la tríada de preconsciente, inconsciente y síntoma. Desde
el punto de vista de la nominación acaba de construir una alternativa a las dos
dualidades del signo, de la lingüística y de la lógica, y articulados en una
estructura que tanto utilizará para situar el reparto de goce como para la
tríada mencionada.
También podemos ver que el
objeto @ no está sólo en el cuerpo, o mejor dicho, no debe estar en el cuerpo. Freud
planteaba una etapa autoerótica, luego un narcisismo y finalmente la libido de
objeto. Siempre tuvo dificultades para situar bien la pulsión en relación a lo
libidinal. El significante es muerte y la libido vida, de ahí que Lacan opte
por situar la pulsión del lado de pulsión de muerte y lo libidinal del lado
narcisístico. El fantasma situaba entonces el encuentro entre la pulsión y lo
libidinal de forma que fuese el deseo. Pero ¿cómo construir el objeto? De forma
que salga de la frontera entre el cuerpo (zona erógena) y el Otro en el que
debe estar el objeto que la “pulsión” busca o rodea. Winnicott lo articuló
mejor, y Lacan lo mejora más al situarlo en la cadena-nudo como el objeto @, de
forma que no está en el cuerpo sin dejar de estar articulado con él. El objeto
está articulado con la imagen corporal y al mismo tiempo con el borde que el
inconsciente hace en el Otro del goce. El objeto está, pues, en la frontera
entre el campo del sujeto y el campo del Otro. El objeto debe ser construido, y
cuando lo es, podemos decir ahora que se ha construido la pulsión que Freud
sitúa casi como dada de entrada, casi genética. El objeto es el que tanto está
del lado del sujeto como del lado del Otro. Por eso su cara de goce,
plus-de-goce, es uno de los subconjuntos (letras) que recubren al Otro del
goce. De ahí que cuando el sujeto goza con su pulsión siempre aparezca la
posibilidad de que sea el Otro el que goza del sujeto en su dimensión de
objeto. Es una de las razones por las que el goce pulsional es un problema para
el sujeto: si sólo fuese su goce, o mejor dicho, cuando sólo es experimentado
como goce del sujeto, no supone ningún problema: el sujeto goza con su pulsión
y santas pascuas. ¿O es que el fumador se angustia cuando fuma porque el Otro
puede chuparle a él? Ahora bien, sus fantasmas articulados por la pulsión oral
pueden angustiarle mucho cuando es el Otro el que goza de lo Oral. Nosotros
decimos que es pulsional cuando el sujeto ha recortado el objeto pulsional y no
lo experimenta como goce del Otro. Muchas veces eso supone la operación
separación. Si el objeto @ es la frontera topológica entre dos campos, permite
que el sujeto goce de su zona erógena, de la única que pude gozar porque de un
objeto inerte ninguna satisfacción se puede obtener, pero sin que sea de su
cuerpo. O sin alterar demasiado la homeostasis de su cuerpo.
Es decir, es un artilugio
para gozar, con el cuerpo, de lo simbólico del campo del Otro. Debe, pues,
poderse metaforizar, triskelizar, el goce que la metonímia ha traspasado. Si,
por contra, hay un fallo de construcción del objeto, y por tanto del sujeto de
su rajadura, tenemos los problemas de invasión del plus-de-goce en el cuerpo.
Si el fallo de la función fálica hace que el significante aparezca en lo real
en la psicosis, vemos la invasión de goce en el aparato psíquico, y por ello
también en el cuerpo, mediante los “nervios de Dios”. Por contra, si el fallo
es la Holofrase, es decir, se sutura el campo del sujeto con el del Otro de
forma que el truquito de la pulsión no funciona, se pierde el discurso, y esa
terceridad o intercambio que el objeto sitúa entre los dos campos, del sujeto y
del Otro, se estropea, y no hay una buena triskelización en la nominación del
objeto, ¿qué sucede? Pues que lo que reaparece en lo imaginario del cuerpo es
el objeto plus-de-goce donde sólo debería estar su cara como objeto “petit a”.
Ese goce que invade el cuerpo imaginario, y por tanto el real-ich que hay
debajo, es lo que denominamos “fenómeno
psicosomático”. Esta similitud de la
“invasión de goce” entre la psicosis y la psicosomática ha hecho que muchos
colegas plantearan mecanismos psicóticos para la psicosomática en una vía
errada. La psicosomática es un déficit de construcción del objeto, o de la
antigua pulsión. Y ahora podemos decir que es una mala nominación del objeto, y
su consecuencia de imposibilidad de pasar por el fantasma un determinado goce.
Si hay una “intersección” entre los registros de la cadena-nudo podemos
comprender la clínica del FPS.
Si la estructura es
psicótica, el FPS hace de tapón y el goce que aparece por el lado del objeto en
el cuerpo impide que sea el del significante (que queda detenido por la
holofrase) el que parezca en la psique; luego es estabilizador. Doloroso, pero
estabilizador. Recuerdo un caso en:
http://www.carlosbermejo.net/a-NUDAMIENTOS2/DOLOR.htm
Por contra, si la
estructura es neurótica, se convierte en una dificultad mayor, ya que el sujeto
queda sujetado especialmente al Otro, la separación y el recorte del objeto es
mucho mas difícil y por tanto el goce del Otro está siempre ahí cuando el
sujeto se acerca “a su goce pulsional”. Por eso muchas veces deben abandonar
actividades que desean mucho, o aparece el FPS cuando se acercan a lograr algo
de dicho plus-de-goce. No debemos desdeñar tampoco que muchas veces los sujetos
aquejados del FPS encuentran cierta paz en ese alejamiento del goce y
sustituyéndolo por alguna actividad en la vía del sentido. Por ejemplo,
perteneciendo a sectas naturistas o cosas por el estilo, es decir, buscando el
goce por el lado no del “afecto” como efecto del significante en tanto “afecta
al cuerpo” sino por el lado del otro efecto del significante: el efecto del
sentido. Un sentido muy ligado a las emociones, que siempre deben colocarse del
lado de lo imaginario (y no de los afectos) que debe situarse más del lado de
lo afectado. Ese camino muchas veces parece casi una psicotización, pero no lo
es. Simplemente, es derivar hacia la vía de la otra patología holofrásica (el
débil mental), es decir, intentar salirse de la estructura del discurso que
justamente estaba deficitaria. Lacan indica en el Seminario XI que la diferencia ente las dos patologías holofrásicas
es el lugar que ocupa el sujeto en cada una de ellas. Creemos que en el caso
del débil mental queda debajo de la estructura de enjambre de los significantes
maestros y en el caso de la psicosomática, debajo de la de los significantes
del saber, los que pueden “presentar” el objeto.
Entenderemos de una vez
por todas que no es porque no pueden hacer duelos por lo que enferman los
sujetos aquejados de FPS, sino al revés: porque están aquejados del FPS no
pueden recortar el objeto y que este aparezca como objeto pérdida tal como en
varios mails hemos discutido. Si no hay pérdida, difícilmente puede haber duelo
“de alguien para el que el sujeto pudiese faltar”. Y por otro lado saldremos de
la doctrina débil de que tienen problemas con los afectos porque son muy
fuertes; todo lo contrario, el problema es que lo afectado aparece en un
registro, cuerpo imaginario, es decir sin desarrollo de afecto tal como lo
definía Freud, y sin estar articulados con el drenador de goce:
Quisiéramos remarcar otro
uso: la personalidad paranoica bien construida. En la personalidad paranoica, o
antigua paranoia de carácter, el sujeto no se nomina, ya que no hay
subjetividad, pero sí consigue nombrar el objeto. Por eso parece que sea un
signo perfecto. Por otra parte, el intento de estabilización mediante lo que se
denomina un nombre propio, en la identidad paranoica se construye muchas veces
de la misma manera. Les recuerdo el clásico chiste del sujeto ingresado en una
institución psiquiátrica que camina y tiene la misma pose imaginaria que
Napoleón y él es Napoleón. Se ve cómo es
un nombre del objeto que permite que no sea persecutorio del todo y al mismo
tiempo la articulación de las identificaciones yoicas narcisistas secundarias.
El sujeto habría muerto, se perdió el cuarto nudo, pero no sólo estaría bajo el
Ideal del Otro, sino siendo la cadena-nudo misma.
Si recordamos la
cadena-nudo de la personalidad esquizofrénica, vemos que la nominación del
objeto es mucho más precaria puesto que sólo es borromea localmente.
Deslizándose el objeto en su cara de plus-de-goce por encima o por debajo de su
cara de “petit a”. Por eso esos sujetos suelen gozar mucho de letras
imaginarizadas y por eso su gusto por ciertas actividades artísticas.
Podremos visualizar también por qué la personalidad esquizofrénica es mucho
más florida en subformas que la paranoica, ya que el fallo de anudamiento puede
darse en tres lugares distintos. Por ejemplo, son muy distintos los esquizoides
en los que se enlaza lo simbólico con lo real (Joyce), de aquellos en los que
se enlaza lo imaginario con lo simbólico, y es lo real lo que se cae y su
anudamiento debe ser reparado; éstos tienen asegurado el sentido casi
absolutamente y nos recuerdan los delirios sensitivos y poéticos en mujeres a
las que, al mismo tiempo, “su trabajo en lo social” hace de prótesis. Estos
sujetos son tratados sólo con antidepresivos y casi nunca con neurolépticos. El
caso de enlace imaginario real con el nudo simbólico que se suelta y debe ser
reparado apunta más al camino de los “como si” y que si se llegan a
desencadenar producen la antigua subclase de esquizofrenia simple. También nos
recuerda la línea hebefrénica.
Saberes S2
que han circulado sobre este ítem
Narcisismo y fenómeno psicosomático