Real y simbólico en el último Lacan. Un camino de ida y vuelta

 

 

 

 

 

 

Apuntes para una lógica de los cuantificadores: “Inexistencia” y “No-del-todo”

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Bermejo Mozas

 

Barcelona, Noviembre 2005

 

Número de Registro B- 46111-2005 

 


Presentación

 

 

Lo real psicoanalítico

 

 

Este trabajo es una incursión en la teoría lacaniana de la modalización. Deseamos poner en relación la doctrina analítica y su rigorización, que sabemos que no puede ser la que se desprende del discurso científico. ¿Por qué la lógica que se desprende del inconsciente no es la misma que la habitual en la ciencia? ¿Es que son muy diferentes? Un principio se impone en la ciencia: la verdad de los enunciados de la doctrina debe ser equivalente a una supuesta verdad en el real estudiado. Dicho de otra manera, hay leyes en lo real que controlan, determinísticamente o no, los acontecimientos. Es lo que se conoce como isomorfía deseada entre la teoría y su objeto.

 

Podríamos decirlo de la siguiente forma: hay un saber verdadero y uno falso y el saber de la teoría tiene que ser necesariamente verdadero, lo que impone que el saber verdadero coincide con un real. Indicamos que, si puede haber un saber falso, esto significa que el saber y la verdad no coinciden, pero sobre todo significa que puede haber un saber disjuntado de un supuesto “saber en lo real”. De ahí que le pareciese a Aristóteles que era necesario efectuar una modalización de cómo se presenta la verdad en relación al saber. Si la verdad podía ser necesariamente verdadera, pero por otro lado podía ser imposible o contingente o posible, resultaba que desde la teoría del conocimiento se acababa -y esto no se ha puesto de manifiesto con claridad- de escindir el proceso del pensamiento, que crea una realidad, de un real. Toda la teoría filosófica del conocimiento trata de cómo hacer que realidad y real vayan paralelos, es decir, de cómo discernir lo verdadero de lo falso, y en consecuencia construir una realidad que sea isomorfa a dicho real. Luego la modalización aplicaba al proceso de elaboración de la teoría y al final se debía purgar lo que no fuese necesariamente verdadero; por eso la ciencia básica del conocimiento era y es la lógica. El paso científico es absolutamente rígido, en dicha reducción, a lo necesariamente verdadero, pero sin hipótesis de un saber en lo real, “hipótesis non fingo” indicaba Newton. Lo real más bien se rige por una matemática que por un saber. Esto último implica el paso a la escritura, con la que podríamos decir que el discurso de saber de la ciencia produce una escritura que, de ser verdadera (paso a la proposición), coincidiría con una especie de escritura en lo real (las leyes de la naturaleza escritas por un Dios matemático).

 

Se nos podría oponer que lo probabilístico, una forma de teorizar lo contingente, no es así, pero son conocidas las elaboraciones, por ejemplo de Carnap, para indicar que no se trata de que una proposición tal como « el dado tiene una probabilidad de 1/6 de producir un 6 » quiera decir que la verdad de la proposición « sacar un 6 » sea 1/6 verdadera, sino que la proposición « sacar un 6 tiene una probabilidad de 1/6 » es verdadera.  El precio de esta cabriola es que se nos ha colado la verdad semántica (Tarski), ya ha aparecido el metalenguaje, tan apreciado en la ciencia, ya que su doctrina es toda un inmenso metalenguaje.

 

Utilicemos nuestras categorías: resulta que las operaciones obtenidas mediante el registro simbólico, basado en el significante, no tienen por qué ser isomorfas a un real. Éste es el principio psicoanalítico fundamental. En este punto deja de ser una ciencia, caída del Ideal científico de la realidad igual a lo real, isomorfía que el método debía asegurar. La polaridad clásica saber-verdad se abre a un triángulo saber-verdad-goce; el saber procede de lo simbólico, la verdad procede del semblante y el goce procede de lo real. Éstos no pueden nunca superponerse en una especie de Ideal que podríamos denominar un saber verdadero gozante, típico de las sectas, pero tampoco como un saber verdadero, fundamento de la ciencia. La tesis lacaniana, en tanto el inconsciente está estructurado como un lenguaje, implica una verdad del dicho y no del decir;  es « la verdad, yo, hablo » pero sólo se puede decir a medias. No es una desconexión completa de la verdad de lo real. Este punto es muy importante a la hora de elaborar la doctrina de la interpretación: no-cualquiera sirve. Ya no tendremos sólo la verdad del significante, sino una segunda verdad: la de la estructura. Situémosla.

 

Entre el saber y lo real se nos sitúa el goce y ahí aparecerá el semblante fálico. Luego levantar la verdad del sujeto, primera definición de la interpretación, nos planteará el goce en juego. En Freud, el goce provenía de la pulsión; en Lacan, en la época del Escrito “Subversión del sujeto…”), también. Pero habría que diferenciar el goce del recorrido pulsional del goce del objeto. ¿Qué es el objeto en psicoanálisis? No se trata de un objeto fenoménico ni de un objeto de la realidad, sino un resto que no puede significarse. Es, pues, la primera manera de teorizar algo de ese real que no pude pasar por el significante. Quisiéramos aclarar que el objeto aparece, lógicamente,  por la imposibilidad de que lo que se teje en la diacronía sea equivalente a lo que se teje en la sincronía, o dicho de otro modo, no existe el Todo que incluya los todos diacrónicos y sincrónicos[1]. Luego el objeto aparece rompiendo la posibilidad ideal de que la cadena del significante sea isomorfa a la cadena del significado. Una vez más, habrá que diferenciar la teoría del valor (saussoriana o marxista) del plus-de-goce.

 

Por el contrario, el sujeto aparece dividido entre la cadena del enunciado y la de la enunciación, de ahí que el fantasma haga de significación-nudo entre las dos divisiones. Por eso aparece como respuesta al significante de una falta en el Otro. Es muy común confundir la cuestión del metalenguaje en Lacan; el metalenguaje se da entre la cadena del significante (aunque sea dividida en las dos: enunciado y enunciación) y la cadena del significado y nunca entre las dos cadenas del significante. Por eso es la significación del significante de una falta en el Otro, , el que indica que dicha función metalingüística falla. Insistimos, falla por el hecho de intentarlo. Entre las dos cadenas del significante, o entre el Ello y el inconsciente, aparecen tres operaciones: alienación, transferencia y verdad.

 

Ahora bien, el objeto ¿es todo lo que no pasa de lo real a lo simbólico ¿qué queda fuera del correlato fantasmático? ¿Qué hay en ese espacio que se abre con –  [2]? El esquema R es común tanto al lado masculino como al femenino en tanto es la estructura de la realidad psíquica. Pero hemos dicho que real y realidad no coinciden en el discurso psicoanalítico, luego el objeto causa del deseo, petit “a”, deberá pasar a ser un representante del plus-de-goce.

 

Por otro lado, si es un real que no-pasa y para pasar hay que pasar por lo escrito[3], es entonces el auténtico real lo que no se puede escribir, quedando el real del preconsciente, o del real-ich como secundarios, y sobre todo la pulsión, como representante de dicho real, queda del lado de lo necesario. Sólo con lo dicho se justifica ya por qué en la doctrina psicoanalítica la modalización es intrínseca a su discurso. No sólo aparece lo necesario del Uno de la repetición[4], sino lo imposible a escribirse. Un imposible que, a diferencia de la ciencia, sí tiene importancia en la doctrina, ya que la modalización es dialéctica. Es un discurso en acción, luego lo que no se escribe no cesa de no escribirse; y lo mismo para los demás modos. En la ciencia sí es imposible, pues no se escribe y punto (un cuerpo no caerá hacia arriba nunca).

 

Encontrarán tratada esta modalización aristotélica en la primera parte. Evidentemente, encontrarán la modificación que Lacan efectúa para adaptarla al discurso psicoanalítico y no quedarse con la de la lógica al uso, sea de la filosofía o de la ciencia.

 

 

Nominación y sexuación

 

 

Antes que nada recordamos, mediante un gráfico, los tres niveles necesarios en la tópica del inconsciente, entre el significante y el significado, o más ampliado, entre lo simbólico y lo real.

 

 

Una vez tenemos situado el goce sexual como un imposible a escribir, y tenemos lo contingente como la escritura del falo, , entonces, mediante dicha función, se intentará dar cuenta del goce sexuado. No sólo tenemos el goce que pasa al significante[5] y el goce del objeto, los dos representados, uno pasando por el significante y el otro pasando por el signo-símbolo, sino también ese goce que radicalmente no puede pasar porque no se escribe. En consecuencia tendremos la suplencia fálica. Al principio, Lacan lo denomina el ser de goce y le adjudica un significante: el falo.

 

Este significante cumplía, desde el Escrito “La significación del falo”, dos funciones. Una, reprimido en el Otro constituía al inconsciente como un lenguaje. Esto quiere decir que tenía la propiedad de ser un lenguaje, ¿y cuál es? Definición precisa: un lenguaje es lenguaje y traspasa ser un puro código de comunicación cuando puede aplicarse a sí mismo, tomado como lenguaje objeto, haciendo de metalenguaje. Es la definición de Tarski para la función semántica de la verdad. Y es la utilizada por Lacan como tópica del inconsciente, pero con una modificación. Ésta consiste en que no es un lenguaje, sino sólo el significante el que toma, metalingüísticamente, al lenguaje del preconsciente que es el significado[6]. Él dice que es una tópica saussoriana, pero no pone el círculo, luego también es modificada: es un mixto entre la tópica saussoriana y la teoría de la verdad semántica. Es saussoriana porque no es un lenguaje, sino el significante, y es lógica porque el significado serán Bedeutungs y no imágenes mentales. Es una unión de lo lingüístico y lo lógico: Saussure y Benveniste con Frege y Tarski.

 

Dos, el falo debía también designar o nominar al sujeto y no sólo sostener la función metalingüística. Dicho de otra manera, el trabajo que había efectuado Lacan para obtener el objeto “a” distinto de todos los objetos de la realidad, o del universo del discurso[7], tiene ahora que hacerlo con el sujeto diferenciando el sujeto dividido, que indica que definido así nada tiene que ver con el goce, con el ser de goce. Y debe hacerlo de forma que la nominación del sujeto, su ser de goce, no coincida con la función verdad: no hay un goce verdadero (recuerden el triángulo). El falo debe hacer la función de denotación (significación) y no sólo asegurar la función metalingüística fallida[8]. Y la debe hacer como nominación y para dos sexos.

 

Introducimos un poco de lógica elemental teniendo en cuenta que la lógica está escrita mediante signos (un signo representa algo para alguien -definición de Peirce que Lacan utiliza como la mejor); luego Lacan va a modificar lentamente todo, como siempre, de manera que sea la lógica basada en el significante, y no en el signo por lo cual, en la proposición, no aceptará rápidamente las denotaciones del nombre propio, objetos de un universo de discurso; ni tampoco el significado del signo: el concepto, en los nombres comunes, de forma que el objeto en juego no sea el que caerá sobre un concepto, sino el objeto analítico, petit “a”. Volvamos a la lógica y detengámonos en el ejemplo "un cuerpo…". Un cuerpo es un nombre propio, luego tiene una denotación, un objeto. La denotación de un predicado es un concepto y bajo él caerán objetos,[9] tal como hemos comentado, y recordamos la diferencia con la teoría del objeto “a”. Pero para denotar el denominado « ser de goce » ¿usaremos la teoría clásica de la denotación? Dicho de otra manera: ¿el ser del sujeto tiene nombre propio? También habrá que efectuar una modificación.

 

Una proposición está formada por dos elementos, nombre propio y nombre común. El primero suele venir representado en la oración, soporte de la proposición, por el sujeto gramatical pero no lo es; el segundo es la predicación. A una tal proposición se le puede adjudicar un valor de verdad: verdadero o falso. Ahora bien, a sus elementos no se les pude adjudicar valor de verdad, sino significación (denotación). La pregunta es ¿qué denotación tiene la proposición? La ciencia la cierra, como hemos visto, haciendo coincidir la verdad de la proposición con lo denotado por ella: verdad y real coinciden o deben coincidir. En psicoanálisis, las cosas son un poco más complicadas: y la verdad queda del lado del semblante[10] y la denotación es del goce. Esta división es imprescindible para separar verdad y goce, ya que le adjudica una especie de objeto al significante en sí mismo (semblante) que le da valor de verdad que no coincide con el goce o la denotación, o al menos sólo coincide a medias.

 

Una proposición tiene dos elementos y produce dos flechas: la flecha de la verdad y la flecha de la denotación, que en la ciencia deben coincidir. Esta segunda es la que usaremos para el ser de goce. Les recordamos el triángulo saber-verdad-goce y el deseo en la intersección de las bisectrices de sus ángulos.

Cómo el sujeto designa su ser es su tercer horadamiento: primero dividido, , y luego escindido sujeto-objeto tal como hemos visto[11]. El tercero será su nombre o nominación[12]. Ahora bien, el sujeto no puede ser un objeto cualquiera una vez más, es decir, no podemos caer en la trampa de los latinos, el subjectum, objeto del universo del discurso y a la vez sujeto gramatical en la proposición. La nominación del sujeto debe ser un objeto muy especial y tampoco debe ser el objeto “a” que es el signo del sujeto, ése que puede causar el deseo. ¿Qué tipo de objeto darle al nombre propio? Vayamos por partes y veremos que no es un objeto estrictamente.

 

Ahora bien, lo primero a precisar es que no se tratará de cualquier nombre propio puesto que tiene que ser un nombre propio singular, sólo válido para dicho ser. Los lógicos se dieron cuenta de que una descripción, nombre propio singular, en el fondo está formada por una proposición compleja de tipo existencial. Siguiendo un ejemplo, si decimos “el actual presidente de Francia es calvo”, queremos decir:

 

“Existe un x tal que x es presidente de Francia tal que x es calvo”. Escribámoslo con rigor

 

                       

 

Leámosla en tres partes: primera, una afirmación de existencia: “x existe”. Segunda, x cumple una propiedad, R(x): ser presidente de Francia; además, cualquier otro que la cumpla, por ejemplo y, es igual a x, o sea x es un elemento único. Hasta aquí la descripción (nombre propio). Tercera, éste cumple la propiedad Gx), ser calvo. Fíjense que el sujeto gramatical ha sido eliminado y el objeto denotado por el nombre propio ha desaparecido, siendo sustituido por variables cuantificadas, luego la existencia está en función de los cuantificadores y ser (en el sentido de existir) es el valor de la variable x. No les debe pasar desapercibido para la definición de que cualquier otro, y, que la cumpla resulta que ese y es igual a x. ¿Por qué no les debe pasar desapercibido? Pues porque se ha utilizado el axioma de identidad, x=y, y en el discurso psicoanalítico ¡no se cumple! Ya Freud indicaba que el sujeto del inconsciente buscaba la identidad de percepción, pero que no la conseguía nunca: de ahí la repetición; ésta incluye en su seno el objeto “a” y Lacan la sitúa topológicamente mediante el ocho interior con el objeto en el centro. Ahora estamos articulando ese objeto y lo que queda fuera del ocho interior, por eso el paso al nudo se impondrá de inmediato.

 

¡Lo que ocultaba un nombre propio singular, también llamado descripción[13]! ¿Y no es eso lo que debe hacer nuestro sujeto?, nominarse singularmente. Cuidado ahora, nuestro sujeto nunca puede ser un existente ni idéntico a sí mismo. Veamos lo que nos aporta la lógica y la modificación lacaniana para salvar los dos obstáculos.

 

Aún un esfuerzo más: ya los lógicos se dieron cuenta de las dificultades de los nombres propios singulares que no denotan objetos. Resulta que un nombre propio puede formar parte de una proposición verdadera y a la vez dicho nombre propio no tener ninguna denotación: su objeto es inexistente. Es conocido el ejemplo de “el actual rey de Francia es calvo”. El actual rey de Francia es un nombre propio singular, pero no tiene ningún tipo de existencia (retengan este término). Estos casos son aún más cercanos al psicoanálisis. ¿Han escuchado en los divanes otra manera de nombrase como seres de goce a sus sujetos? Les indicábamos que retuvieran el término existencia. Lógicamente quiere decir que el elemento pertenece al universo del discurso. No existente quiere decir que no pertenece a él. Recuerden la tesis lacaniana «no existe el universo del discurso»; si existiese, una vez más se nos isomorfizaría real y simbólico, ya que el objeto del universo del discurso es el sujeto gramatical de la proposición, y las divisiones que hemos ido haciendo se pierden.

 

 

Entonces Lacan recurre a la lógica de los dos cuantificadores, y no sólo uno como los lógicos, para situar esas nominaciones tan especiales. Decimos dos cuantificadores porque tenemos dos seres de lenguaje a rigorizar y ninguno de ellos puede ser idéntico a sí mismo y además hay que evitar el cuantificador existencial excepto en un caso: el padre como referencial (Seminario “...Ou pire”). Ahora bien, primero hay que completar la lógica cuantificacional o de modalidades existenciales debido a que Aristóteles y sus seguidores sólo definieron tres modos: universal, existente y vacío, dejando la segunda negación del todo (equivalente al lugar de lo contingente en las modalidades aléticas) sin ninguna definición; es decir, la lógica cuantificacional de Aristóteles es incompleta y aunque sitúe cuatro proposiciones, de hecho sólo hay tres modos, y no cuatro como en la modalidad alética. Añadimos, pues, una segunda negación del todo y un nuevo existencial (que no está en Lacan, pero que ayuda a entenderlo) para modificar el modo de vacío para que no coincida con la clase vacía[14].Encontrarán dicha complementación de la lógica existencial en la segunda parte del artículo.

 

En la tercera parte encontrarán cómo hacer la modificación de dicha lógica completada para que rigorice las dos nominaciones de goce: masculina y femenina. Hay que modificarla, ya que se parte de un existente para los dos sexos y cada uno de ellos se situará con cuantificadores distintos delante del vacío radical, pero ninguno de ellos mediante el cuantificador de la existencia; el camino de la existencia en la función fálica es un camino desesperado, lo que implicará cambiar el orden de las proposiciones. Lo masculino utilizará los cuantificadores clásicos, y lo femenino el ampliado y la modificación del vacío. El cuantificador no-del-todo que sitúa lo femenino implica que, si no se está del todo en la función fálica, y si ésta hacía que el inconsciente fuese lenguaje, la mujer no está no-del-todo en el lenguaje, lo que le hace preguntar a Lacan ¿desde qué lado ella tiene inconsciente? Esta pregunta abrió paso a una nueva estructura, que es el nudo borromeo en el que el inconsciente es una de sus superficies asociadas. ¡El inconsciente ya no es un concepto primero sino segundo! A nuestro juicio queda pendiente para el lado masculino su relación con lo que no pasa por el inconsciente, tema que hemos elaborado en otro artículo, pero que necesita volver abrir la pregunta sobre la nominación y lo que en la doctrina clásica recibe el nombre de la primera identificación al padre. Opinamos que aún hay que mejorar las fórmulas masculinas y prometemos hacerlo en una próxima elaboración utilizando el constructo de variable lingüística de la lógica difusa o borrosa.

 

Esta pequeña modificación de la escritura lacaniana mejora, a nuestro juicio, la relación de inexistencia de la mujer en sus tres direcciones: cómo la significa (denota) el lado masculino, cómo se denota ella misma y cómo se es empujado hacia ella si ante la imposibilidad de escribir la relación sexual se optó por la psicosis.


Primera parte

 

 

A modo de antecedentes

 

 

Los registros simbólico y real no coinciden, pero el Ideal de la ciencia los ha planteado como isomorfos. Tenemos así, desde el nudo borromeo, la juntura simbólico-real anudada y sostenida por lo imaginario. En consecuencia, el estudio de las significaciones de lo real se basa, teniendo en cuenta un discurso -el de la ciencia-, en las leyes lógicas de la modalización, en particular las aléticas -modos de presentarse la verdad- y las existenciales -modos de cuantificar la extensión de los predicados. Las primeras constan de 4 modos mientras que las segundas sólo de tres. Hemos dicho anudado por lo imaginario; decirlo así es una manera de situar la ciencia desde la estructura del psicoanálisis.

        Ideal

 

 La juntura entre lo simbólico y lo real (la marca)  tiene en Lacan un intermediario: la letra. Ésta es lo máximo que lo simbólico puede captar de lo real antes de que se convierta, si es el caso, en un significante. A la inversa, de un discurso simbólico se desprenden letras que marcarán (ravinement) lo real en las operaciones de significación. Véase en el gráfico siguiente, perteneciente al libro “Noeud”, de Jean-Michel Vappereau, los pasos en la tópica del inconsciente:

 

 

 

Las operaciones del significante sobre el significado (significación) y del significado sobre el significante (simbolización), mediadas por la letra (goteo y arrebato). Esto supone situar entre el significante y el significado dos pasos intermedios. En la significación, un discurso y sus efectos de escritura. En la simbolización, una legibilidad[15] y una topología.

 

[16]

 

Uno de los reales que el sujeto psicoanalítico tiene que significar es su sexo y los goces que le acompañan. Para ello, dispone de un significante, el falo, significante para los dos seres de lenguaje: masculino y femenino. La Verdrängung del falo hace que el inconsciente sea lenguaje, luego se significa mediante operaciones de lenguaje, es decir, el lenguaje como una lógica. Para que se dé la Verdrängun fálica es preciso que se haya simbolizado y haya habido Bejahung. Ahora bien, ésta es la teoría del primer Lacan; dada la simbolización, dos operaciones son posibles: Bejahung o Werwerfung. Estamos en el falo-centrismo y sus déficits. Es una doctrina del paso de lo real a lo simbólico (simbolización) y del paso de lo simbólico a lo real (significación). En dicho momento, Lacan sitúa la significación mediante un significante, el falo, , así:

 

-          Si se simboliza y se afirma, neurosis y perversión. En esta segunda, Freud añade la renegación.

-          Si se simboliza, pero hay forclusión, entonces psicosis.

 

En esta época se trata de simbolizar, algo se convierte en un significante, y puede ser afirmado o forcluido. Es el paso de lo real a lo simbólico. Si fue afirmado, podrá, en un segundo tiempo, usarse para hacer significaciones que son el paso de lo simbólico a lo real.  Como se ve claramente, no es una doctrina de escritura, sino de lenguaje y palabra.

 

¿Y la sexuación masculino-femenino? Recordemos que sólo tenemos un significante. Lacan, sabio, lo modaliza de una forma “primitiva”: se “tiene” o se “es” dicho significante (¿o el falo imaginario ?). Utiliza los dos verbos auxiliares (modalizadores lingüísticos) principales de las lenguas latinas, quedando bien claro que son modalizadores lingüísticos no pertenecientes a la lógica. De todos modos, siempre añadió que era un “hacer como…”.

 

Lacan siempre diferenció, al contrario que la lógica habitual en la ciencia, dos tipos de negaciones. Una, de discurso o fasis. Es la negación que aplica sobre el modalizador del predicado. De una segunda sentencial, lexis, que aplica sobre el predicado. Por ejemplo, no es lo mismo negar el todo (no-todos cumplen un predicado o una propiedad), que negar el predicado mismo (todos cumplen el predicado negado). Esta diferenciación también aplica sobre cualquier otra modalización. No hay que confundir estas dos negaciones, llamadas respectivamente discordantial y forclusiva por los gramáticos franceses, con la negación clásica y la modificada utilizadas en los trabajos sobre la lógica del fantasma o la juntura Ello-Inconsciente. Cuando la negación forclusiva es utilizada en un modelo lógico de escritura, es la que nos articula directamente lo simbólico con lo real, mientras que la discordantial lo hace a través del cuantificador y siempre articulada mediante un discurso.

 

Tenemos que la actuación entre dos registros, simbólico y real, va a efectuarse en la doctrina lacaniana mediante un discurso que produce una modalización, a entender como que del discurso analítico se desprende una escritura modal. Si los dos registros fuesen equivalentes, no se precisaría ninguna modalización. En ciencia sólo el método es modal, la doctrina es necesaria y punto.

 

Una aclaración previa en lo concerniente al binomio “intensión / extensión”: la lógica de la verdad (enunciados, predicados y relaciones; o en su caso clases) es una lógica en la que se cumple el principio de extensionalidad. Éste indica que la verdad (o falsedad) de una fórmula depende exclusivamente de la verdad (falsedad) de los elementos que la forman. A veces se denomina lógica veritativa-funcional. La lógica modal es básicamente intensional, es decir, no cumple el principio de extensionalidad. La verdad o falsedad de una fórmula no depende únicamente del valor de verdad de sus elementos, sino también de la articulación de los modalizadores. Para algunos autores, esto tiene por consecuencia que los contextos referenciales de las lógicas modales sean opacos[17]. Hay que entender aquí que se toma como valor referencial el valor de verdad de una fórmula en el mejor estilo fregeano y no un objeto de otro registro. O dicho de otra manera, el valor referencial de verdad es un valor (V o F) amén de los objetos que caen bajo dichos valores, mientras que la denotación ya no pertenece al mismo registro simbólico, sino que apunta al real. Sólo la hipótesis científica de la isomorfía los iguala. Veáse esquema:

 

Vemos entonces que es muy apropiado, o al menos no contradictorio con el discurso psicoanalítico, el hecho de coger la vía modal, ya que sabemos que en él no puede haber referencia determinada como objeto, aspecto que desarrollamos más adelante. Por otro lado, nos queda la cuestión de la verdad del lado de lo simbólico como pura referencia (teoría del semblante) mientras que retenemos la Bedeutung (denotación) para la significación de lo real. Resumiendo, la referencia queda para el valor de verdad, y la denotación para el paso a lo real. Sin esta mínima diferencia los escritos, “Lituraterre”, “L’Étourdit” y otros coetáneos son directamente ilegibles. Y, en el caso de serlo, producen efectos de sentido cuya consecuencia en la dirección de la cura suele enviar al analizante a lo peor, amén de producir una regresión de la doctrina a etapas pre-freudianas

 

Otro aspecto a resaltar es que si pasamos a la lógica modal intuicionista (doctrina desde la que Lacan trabaja siempre la lógica), como no se acepta la existencia de objetos matemáticos trascendentes (fuera del pensamiento humano), la lógica intuicionista es una lógica del Saber opuesta a la lógica formalista que sería una lógica del Ser; al menos, ésta es la opinión cualificada del mejor discípulo de Brouwer y creador de las álgebras de la lógica intuicionista: Heyting. Una razón más para escoger la vía intuicionista modal para el psicoanálisis, en el que saber y ser están bien diferenciados. Sirvan estos pequeños escarceos en los aspectos de para-doctrina, si no para convencer a los colegas que creen que este camino no tiene que ver con lo “auténticamente psicoanalítico”, sí al menos para hacer surgir el tipo de discurso de doctrina desde donde el psicoanálisis podrá avanzar en este siglo, si es que no retrocede.

 

 

 

El problema

 

 

Veamos la segunda doctrina, intermediada por la escritura y no falo-centrista, que articula la no escritura de la relación sexual y la nueva rigorización de lo real. Modalizar, para la doctrina psicoanalítica, supone al menos dos elementos. Uno de discurso: los modalizadores o fasis. Dos: un predicado que se pueda escribir o lexis. Si previamente no ha sido escrito, no es posible aplicarle a la lexis la fasis de la cuantificación. Recordamos que en lo real puro no hay ninguna modalización, sólo desde lo simbólico podemos hablar de ella.

 

Antes de modalizar un predicado desde el punto de vista de la existencia, cuantificación, que, reiteramos, sólo tiene sentido desde lo simbólico, podemos modalizar su propia manera o “modo” de darse la lexis. Tendremos entonces dos pasos: uno, la modalización desde lo real a lo simbólico; y dos, la modalización desde lo simbólico a lo real sobre un predicado. Alética la primera y existencial la segunda. De tal manera que la segunda aplicará sobre aspectos de la primera. Explicitemos primero la alética. De hecho, en psicoanálisis, más que hablar de la verdad hay que hablar de la propiedad[18]. Afirmar una propiedad quiere decir que dicha propiedad está presente en un objeto o no lo está, en correspondencia con el verdadero/falso de la lógica de la verdad. Tanto la lógica de la verdad como la de la propiedad se trabajan con la misma formalización, ya que son isomorfas. Partimos del predicado “escrito” y su negación: “no escrito” – que son el paso, o no, de lo real a lo simbólico. Un predicado pasa o no pasa; mejor dicho, algo pasa a través de un predicado o no lo consigue; los dos sentidos son ciertos, y por eso la operación que mejor la define es la metonimia. No se debe confundir jamás el “no pasa” con la negación clásica de un predicado (justo por ello hablaremos más abajo de lo imposible) es decir, que, para no caer en ese error, modalizamos. Damos la referencia precisa: AÉ, L’Étourdit pág. 455.

 

 Insistimos, la negación es un mecanismo u operación de discurso y no de paso de lo real a lo simbólico. Tampoco lo “no escrito” es la Verneinug. La denegación es una operación de discurso hablado (parole o habla) que justamente vuelve para intentar atrapar eso que no pasó. Véase “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud”, Escritos, 366.

 

Añadamos ahora algo más. Es necesario que se escriba, es necesario que no se escriba. Acabamos de definir lo “necesario” y lo “imposible”. Añadamos más. Es posible que se escriba. Tenemos lo “posible” que también podemos definir como “no es necesario que no se escriba”. Aún un esfuerzo más: es posible que se escriba y es posible que no se escriba; podemos definirlo también de la siguiente forma: no es necesario que no se escriba y no es necesario que se escriba. Acabamos de definir lo “contingente”. Véase lado izquierdo del esquema con las diferentes maneras de decirlo y escribirlo (que aquí quiere decir simplemente designarlo).

                       

 

Queda claro que lo posible es más reducido que lo contingente; éste deja la cuestión bastante abierta, no sabemos qué va a pasar: lo uno, lo otro o nada, mientras que lo posible sólo deja abierta una posibilidad: que se escriba, pero no que no se escriba. Hay que tener cuidado en no suponer la doble negación ahí donde no se debe dar. “Es posible que se escriba” quiere decir que a lo mejor se escribe y nada más, no abre la posibilidad de que no se escriba como lo hace lo contingente. El concepto de que “no se escriba” es importantísimo en la doctrina, ya que es diferente de que “no suceda nada” o que se forcluya: sólo puede forcluirse lo que ya se escribió. Lacan define tardíamente la forclusión como mecanismo del decir y no del escribir (Seminario “Ou pire”).

 

 Reiteramos, no hay que confundir lo no escrito con lo forcluido, ni éste con la negación clásica del predicado. No hay que confundir negación forclusiva con “no escrito”[19]. En cualquier caso, recomendamos encarecidamente la lectura del trabajo de Geneviève Morel en tanto es un trabajo al que el nuestro debe lo que vale.

 

 

Resumen

 

Es necesario que se escriba = Seguro que se escribe.

 

Es posible que se escriba = No es necesario que no se escriba.

 

Es contingente que se escriba = No es necesario que no se escriba y no es necesario que se escriba.

 

Es imposible que se escriba = Es necesario que no se escriba.

 

Escrito lógicamente quedaría así:

 

 

Podríamos, siguiendo las equivalencias del esquema, escribirlo con el operador posible. Se lo dejamos al lector.

 

Formulado así, y diferenciando la negación del modalizador como discordantial y la negación del predicado como forclusiva, se ven dos tipos de oposición. Una, discordantial, entre posible e imposible, que es a la que daba mayor importancia Aristóteles. Dos, forclusiva, entre necesario e imposible, que es a la que le da importancia Lacan.

 

Aristóteles consideraba que se oponía “necesario” a “contingente”, e “imposible” a “posible”; y además, que contingente era equivalente a “ni necesario ni imposible”. Lacan no va a estar de acuerdo con esta visión. Sí que mantiene las definiciones de necesario e imposible, pero no las de posible y contingente. Veamos por qué las cambia.

 

 La oposición posible-imposible es clara, tipo discordantial, pero la de necesario y contingente no lo es, ya que este último incluye dos casos. Además, necesario se opone claramente a (tipo forclusiva) imposible; también aparece la oposición doble entre contingente e imposible y necesario. Sabido es que la mayoría de los manuales de lógica modal sólo definen dos operadores y obtienen los cuatro modos mediante combinaciones suyas con la negación. De hecho, con la negación y un solo modalizador (ver esquema) es suficiente. Luego, leyendo las oposiciones y diferenciando los dos tipos de negaciones que hemos definido, no queda clara la oposición contingente-necesario. De hecho, quedan mezcladas las oposiciones. Y esto, desde Aristóteles, ha estado prácticamente inmodificado.

 

Por otra parte, sabemos que, en psicoanálisis, todas las operaciones deben ser dialectizadas; hagámoslo, y todavía veremos más clara la insuficiencia del modelo aristotélico si se quiere utilizar entre dos registros que no se superponen y con un modelo de escritura.

 

Antes de dialectizarlas, las temporalizamos con las formalizaciones más próximas a la dialéctica hegeliana debidas a L.S. Rogowski, haciendo una cierta equivalencia entre “es necesario” y “no cesa” y viceversa. Equivalencia que nos remite, si no exactamente a un tiempo, por lo menos sí a un movimiento (significante de discurso, por supuesto):

 

Necesario: “no cesa de escribirse”.

 

Posible: “cesa de no escribirse”.

 

Contingente: “cesa de escribirse y cesa de no escribirse”.

 

Imposible: “no cesa de no escribirse”.

 

Se ve que hemos combinado “no (no cesa)” y lo hemos convertido en cesa. Aquí se ve que no coinciden con las fórmulas lacanianas del Seminario “Encore”.

 

La solución

 

 

“Contingente” contiene las dos posibilidades del “cesa”: “escribirse” y “no escribirse”. Parece entenderse como que algo cesa de escribirse o algo cesa de no hacerlo. El “cesa de escribirse” no encaja con nuestro real como contingente, ya que indica que ése estaba escribiendo continuamente y que para. Lo contingente es algo que ocurre y no que venía ocurriendo y termina, luego eliminamos la primera posibilidad. Nos queda “cesa de no escribirse”, a entender como que algo que no paraba de no escribirse, en un momento dado, para y se escribe. Pero esta fórmula coincide ahora totalmente con lo posible. Veamos cómo hay que cambiar lo posible para que esto no ocurra.

 

 Decir que lo posible es “cesa de no escribirse” no encaja con nuestro real y el modalizador “posible”, ya que lo posible hay que entenderlo como que ocurre pero no necesariamente[20]; dicho de otra manera, puede dejar de escribirse, y entonces hay que cambiarlo por “cesa de escribirse” y queda escrito. Con las modificaciones propuestas, el esquema toma esta forma para el psicoanálisis. Otros discursos sobre su propio real pueden optar por modalizar de otra manera. Si nosotros hacemos cesa =

 

 

Necesario = no cesa de escribirse.      

Posible = cesa de escribirse.                 

 

Contingente = cesa de no escribirse.     

 

Imposible = no cesa de no escribirse.    

 

Las oposiciones discordantiales y forclusivas son perfectas ahora. “Necesario” se opone forclusivamente a imposible y discordantialmente a posible. “Posible” se opone forclusivamente a contingente y discordantialmente a necesario. “Contingente” se opone forclusivamente a posible y discordantialmente a imposible. “Imposible” se opone forclusivamente a necesario y discordantialmente a contingente.

 

            Lo imposible en psicoanálisis es que no se puede escribir la relación sexual, es lo máximo que de lo real atrapa lo simbólico. Lo contingente es que, como suplencia a dicho imposible, cese de no escribirse el falo. Lo posible es lo que ha pasado a ser escrito y entra ya en el campo de la significación y las subjetivaciones, son pues las palabras (mots). Lo necesario es el síntoma, ligado al Uno de la repetición (pulsión), que no para de insistir.

 

            Quisiéramos remarcar la diferencia, o ampliación, que esta modalización entre los dos registros supone sobre el discurso de la ciencia:

 

a.- En la ciencia, lo real es lo necesario; por eso, al optar por cientificarse, el real interno en la psicología es la necesidad. Ésta puede pasar a lo simbólico mediante el constructo de “impulso”. Un segundo real es el real exterior, cuyo paso a lo simbólico es el estímulo; a la inversa, el paso de lo simbólico a lo real es la conducta. Es el esquema trino de estímulo-refuerzo-respuesta en el que no se contempla el paso de lo simbólico a lo real interno; como mucho, se supone una cierta modulación de la emoción por el aparato cognitivo en el constructo “actitud”.

 

En psicoanálisis, el real interno se divide en dos: lo necesario y lo imposible. Lo necesario, al estilo de la ciencia pero mediante un modelo de significante, es la pulsión o los S1, lo que de lo real ha podido pasar (mediante la escritura) a lo simbólico. Lo imposible es un real que insiste, en el interior de un discurso, en su fallo de paso a lo simbólico, pero actuando como una cierta “causa-ley” exterior. Es lo que Lacan quiere remarcar con el título del seminario “De un discurso que no será del semblante” y dice que es una Verneinung.  Es por esta división por lo que el grafo del deseo desdobla lo imaginario y lo simbólico, pero no puede desdoblar lo real (cadena del significado), sino que hay un real que le es exterior a rajatabla. El nudo resuelve el problema. Ahora bien, si se puede escribir en la doctrina lo que en la praxis no se puede, es una demostración palpable de que no sólo simbólico y real no coinciden, sino que nunca se puede entender como que lo simbólico es más “pequeño” o “como que le falta algo para llegar a…”  lo real. Hay que entenderlo en el sentido de que son distintos y cada uno tiene algo que el otro no tiene y no tiene algo que el otro sí tiene. Es una manera poco precisa de decirlo. Debido a ello, se impone entre los dos una modalización de doble vía.

 

b.- En la ciencia, decíamos que el método sí acepta una modalización, por ejemplo epistémica (con tres modos: verificado, falsificado, no decidido). En lo epistémico no hay modo equivalente a posible. Sabemos que el método científico es hipotético-deductivo. Primero las hipótesis (simbólico), después deducción de consecuencias (seguimos en lo simbólico). Segundo, planteamiento de experimento y ejecución (entre lo simbólico y lo real). Tercero, recogida de datos de lo real (simbolización). Cuarto, paso inductivo (significación de lo real mediante lo simbólico) para establecer nuevas hipótesis. Existe, pues, una continua interacción entre los dos registros. Pero, en el caso de la psicología, no se diferencia la significación del real interior del exterior. Es lógico, por ser heredera de la teoría del conocimiento que siempre dejó dicho real a otro discurso: el religioso.

 

La única referencia que hace Lacan al método, en el psicoanálisis, la aporta en los Escritos y la denomina “un método de reducción simbólica”. Ni deductivo ni inductivo. Más adelante propone como equivalente al método un doble movimiento entre lo real y lo simbólico denominado “la involución significante”, en el que cada registro tiene su propia entidad y no tiene por qué quedar restringido al otro como en la ciencia. En ella, lo real es dominante y lo simbólico le va a la zaga. Es un movimiento, mediado por la escritura, de simbolización y significación mucho más amplio que el método científico. La involución significante es la mejor rigorización de la posición freudiana en la que el método psicoanalítico unía la búsqueda de un conocimiento o saber con la cura, en un mismo movimiento.

 

Es un tema apasionante para desarrollar, ya que atañe directamente a la dirección de la cura, y también a las constricciones necesarias para escribir la doctrina. Lo que sigue no deja de ser un ensayo sobre los aspectos relacionados con la sexuación, en y con, dicha involución significante. Claramente, se puede hacer una dirección de la cura desde el Ideal y el narcisismo. Se puede hacer desde el fantasma, la castración imaginaria y aspectos del goce. O se puede hacer desde la INVOLUCIÓN SIGNIFICANTE, que, sin despreciar nada de las anteriores, utiliza toda la herramienta lacaniana y propone una dirección precisa y de máximo espíritu científico. No hemos dicho científica, que nadie se extravíe; sólo el deseo del analista puede vehiculizar por cuál se optará.


Segunda parte

 

 

A modo de introducción

 

 

Recordemos el esquema utilizado en la primera parte, aunque pondremos las fórmulas de forma que se vean las equivalencias entre los dos operadores en cada modo. No debe confundirnos la aparente equivalencia del esquema, pues las dos modalidades, alética y existencial, no son isomorfas del todo. Es decir, no todas las leyes que se cumplen en una se cumplen en la otra; de ser así, su estudio sería trivial.

 

            Lo que salta a la vista es que las modalidades existenciales o cuantificacionales no tienen equivalente a contingente. Veremos por qué y cómo modificarlo.

           

 

            Universal = Todo =

 

            Existencial = Existe al menos uno =  

 

Antes de ser modificada para el psicoanálisis, tenemos las mismas oposiciones que con las modalidades aléticas excepto el problema con lo contingente, que ahora no existe. Existente es la negación (discordantial) de vacío y viceversa; también es el universal aplicado al predicado negado. Universal se opone, forclusivamente, a vacío. De hecho, deberíamos ver también su relación con el modo equivalente a contingente, pero vemos justamente que esa modalidad no se contempla, de ahí lo que hará Lacan para subsanarlo. Ésta es la diferencia mayor: la falta de un cuantificador o fórmula cuantificacional equivalente a contingente. Por el contrario, existe una letra para cada modo, aunque sólo suelen usarse las dos primeras.

 

Aristóteles, en su “Organón”, cerró, para la cuantificación, la modalidad equivalente a lo contingente[21] cuando sólo optó por una de las posibles negaciones del todo o del universal. Vayamos por partes.

 

            Primero, veamos por qué utilizamos la cuantificación. La usamos porque una vez el falo se escribe en modalidad contingente modificada, ya vista en la primera parte, resulta que debemos obtener las dos posiciones sexuales modalizando el predicado fálico, y el discurso lo hará utilizando una cuantificación de dicho predicado. Una cuantificación precisa, y no aproximativa como la de los verbos auxiliares. Éste es el trabajo que efectúa Lacan. Ahora, el primer paso, ya insinuado en el Seminario “La identificación”, es completar el lugar suturado por Aristóteles [22] y plantear dos negaciones del todo diferentes que nos ayudarán a situar lo masculino y lo femenino como seres de lenguaje.

 

Quisiéramos añadir que Lacan fue aclarando, poco a poco y con precisión, la dialectización de dicha modificación, en paralelo a como lo había efectuado con el predicado “escribirse”. Creemos que es un trabajo aún inacabado y que debe recoger todo lo que sabemos de la sexuación en la doctrina psicoanalítica. Nosotros hemos optado por efectuar una segunda modificación de la cuantificación pasando primero a una cuantificación lingüística difusa de un predicado difuso; lo explicaremos en un próximo trabajo junto a la dialectización.

 

Además, aparece otra diferencia:  parece que tenga valor ontológico. Por eso, Lacan separará el ser de la existencia con precisión, dejando la existencia para lo simbólico. O sea, el ser se separa del Ente, pasa a ser un des-ser gracias al significante, y por ello lo que importa primero es la teoría del rasgo unario, y después la del Uno.

 

 

Veamos ahora los problemas de las modalidades existenciales.

 

 

El problema

 

 

Ya se ve de entrada una dificultad, desde la doctrina psicoanalítica, en la fórmula  = - = - que se basa, como las otras, en que es la misma negación la que aplica sobre la existencia y la que aplica sobre el todo, e incluso es igual a la que niega el predicado. Ejemplos:

 

 

 

Ahora, la negación equivalente a la discordantial es negar el universal o el existencial, y la forclusiva, negar el predicado, pero debemos diferenciar, dentro de la discordantial, la negación de la existencia de la negación del todo. Tenemos así bien diferenciados tres tipos de negaciones que Lacan distingue claramente. Ya desde sus primeros trabajos o escritos, Lacan indicaba que el sujeto estaba precluido del sistema, lo que tiene por consecuencia que se plantee, en su relación al Autre, su “estúpida existencia”. Añadía, además, que se planteaba su ser sexual; esto es lo que estamos abordando, pero debemos tener buen cuidado de que, introduciendo las fórmulas del goce, no se nos cuele la existencia del sujeto por la puerta de atrás.

 

Insistimos, la negación del universal es de discurso, fásica (registro simbólico); la del predicado es de propiedad, léxica (entre el registro real y el simbólico); y la de la existencia en lo simbólico también; cuando la existencia se sitúa en lo real (leída desde lo simbólico), Lacan opta por escribirla así: ex-sistencia.

 

            La igualación de la negación del existencial y la del universal acarrea problemas que ahora examinaremos. En particular con los universos vacíos, lo que obliga a los lógicos a efectuar una represión: eliminar los universos vacíos. Obsérvese bien la doble apertura que elabora Lacan: abre la sutura de la segunda negación del universal y levanta la represión sobre el vacío. Se nos podría oponer que los lógicos no reprimen dicha posibilidad, sino que sólo la excluyen, pero se trata de un ejemplo de denegación, en el sentido estricto que tiene en la doctrina.

 

            Si escribimos las fórmulas completas con los cuantificadores y el predicado, obtenemos el esquema siguiente de fórmulas.  

 

           

 

 

Si giramos la segunda y la tercera, para tener a cada lado la fórmula con el mismo tipo de cuantificador:

 

           

 

 

Tenemos a la izquierda las dos universales, afirmativa y negativa, y una negación del todo que aplica sobre el predicado negado. A la derecha, las fórmulas equivalentes con el otro cuantificador, la particular afirmativa y las dos negaciones de la existencia. ¿Qué falta? Pues otra fórmula que incluya la negación del universal sobre el predicado afirmado y su equivalente, la particular negativa. A saber:

 

                                  

                                  

 

 

¡Qué oculta había quedado! A Aristóteles no se le pasó y la reintrodujo, quedando añadida a las otras tres fórmulas y graficadas en un cuadrado que ha hecho historia. De las ocho escrituras posibles, equivalentes dos a dos, eligió para las universales las del lado izquierdo y para las particulares o existenciales las del lado derecho. Véase esquema.