Real y simbólico en el último
Lacan. Un camino de ida y vuelta
Apuntes para una lógica de los
cuantificadores: “Inexistencia” y “No-del-todo”
Carlos Bermejo Mozas
Barcelona, Noviembre 2005
Número de Registro B-
46111-2005
Presentación
Lo real psicoanalítico
Este trabajo es una
incursión en la teoría lacaniana de la modalización. Deseamos poner en relación
la doctrina analítica y su rigorización, que sabemos que no puede ser la que se
desprende del discurso científico. ¿Por qué la lógica que se desprende del
inconsciente no es la misma que la habitual en la ciencia? ¿Es que son muy
diferentes? Un principio se impone en la ciencia: la verdad de los enunciados
de la doctrina debe ser equivalente a una supuesta verdad en el real estudiado.
Dicho de otra manera, hay leyes en lo real que controlan, determinísticamente o
no, los acontecimientos. Es lo que se conoce como isomorfía deseada entre la
teoría y su objeto.
Podríamos decirlo
de la siguiente forma: hay un saber verdadero y uno falso y el saber de la
teoría tiene que ser necesariamente verdadero, lo que impone que el saber
verdadero coincide con un real. Indicamos que, si puede haber un saber falso,
esto significa que el saber y la verdad no coinciden, pero sobre todo significa
que puede haber un saber disjuntado de un supuesto “saber en lo real”. De ahí
que le pareciese a Aristóteles que era necesario efectuar una modalización de
cómo se presenta la verdad en relación al saber. Si la verdad podía ser
necesariamente verdadera, pero por otro lado podía ser imposible o contingente
o posible, resultaba que desde la teoría del conocimiento se acababa -y esto no
se ha puesto de manifiesto con claridad- de escindir el proceso del
pensamiento, que crea una realidad, de un real. Toda la teoría filosófica del
conocimiento trata de cómo hacer que realidad y real vayan paralelos, es decir,
de cómo discernir lo verdadero de lo falso, y en consecuencia construir una
realidad que sea isomorfa a dicho real. Luego la modalización aplicaba al
proceso de elaboración de la teoría y al final se debía purgar lo que no fuese
necesariamente verdadero; por eso la ciencia básica del conocimiento era y es
la lógica. El paso científico es absolutamente rígido, en dicha reducción, a lo
necesariamente verdadero, pero sin hipótesis de un saber en lo real, “hipótesis
non fingo” indicaba Newton. Lo real más bien se rige por una matemática que
por un saber. Esto último implica el paso a la escritura, con la que podríamos
decir que el discurso de saber de la ciencia produce una escritura que, de ser
verdadera (paso a la proposición), coincidiría con una especie de escritura en
lo real (las leyes de la naturaleza escritas por un Dios matemático).
Se nos podría
oponer que lo probabilístico, una forma de teorizar lo contingente, no es así,
pero son conocidas las elaboraciones, por ejemplo de Carnap, para indicar que
no se trata de que una proposición tal como « el dado tiene una
probabilidad de 1/6 de producir un 6 » quiera decir que la verdad de la
proposición « sacar un 6 » sea 1/6 verdadera, sino que la proposición
« sacar un 6 tiene una probabilidad de 1/6 » es verdadera. El precio de esta cabriola es que se nos ha
colado la verdad semántica (Tarski), ya ha aparecido el metalenguaje, tan
apreciado en la ciencia, ya que su doctrina es toda un inmenso metalenguaje.
Utilicemos nuestras
categorías: resulta que las operaciones obtenidas mediante el registro
simbólico, basado en el significante, no tienen por qué ser isomorfas a un
real. Éste es el principio psicoanalítico fundamental. En este punto deja de
ser una ciencia, caída del Ideal científico de la realidad igual a lo real,
isomorfía que el método debía asegurar. La polaridad clásica saber-verdad se
abre a un triángulo saber-verdad-goce; el saber procede de lo simbólico, la
verdad procede del semblante y el goce procede de lo real. Éstos no pueden
nunca superponerse en una especie de Ideal que podríamos denominar un saber
verdadero gozante, típico de las sectas, pero tampoco como un saber verdadero,
fundamento de la ciencia. La tesis lacaniana, en tanto el inconsciente está
estructurado como un lenguaje, implica una verdad del dicho y no del decir; es « la verdad, yo, hablo » pero
sólo se puede decir a medias. No es una desconexión completa de la verdad de lo
real. Este punto es muy importante a la hora de elaborar la doctrina de la
interpretación: no-cualquiera sirve. Ya no tendremos sólo la verdad del
significante, sino una segunda verdad: la de la estructura. Situémosla.
Entre el saber y lo
real se nos sitúa el goce y ahí aparecerá el semblante fálico. Luego levantar
la verdad del sujeto, primera definición de la interpretación, nos planteará el
goce en juego. En Freud, el goce provenía de la pulsión; en Lacan, en la época
del Escrito “Subversión del sujeto…”), también. Pero habría que
diferenciar el goce del recorrido pulsional del goce del objeto. ¿Qué es el
objeto en psicoanálisis? No se trata de un objeto fenoménico ni de un objeto de
la realidad, sino un resto que no puede significarse. Es, pues, la primera
manera de teorizar algo de ese real que no pude pasar por el significante.
Quisiéramos aclarar que el objeto aparece, lógicamente, por la imposibilidad de que lo que se teje en
la diacronía sea equivalente a lo que se teje en la sincronía, o dicho de otro
modo, no existe el Todo que incluya los todos diacrónicos y sincrónicos[1].
Luego el objeto aparece rompiendo la posibilidad ideal de que la cadena del
significante sea isomorfa a la cadena del significado. Una vez más, habrá que
diferenciar la teoría del valor (saussoriana o marxista) del plus-de-goce.
Por el contrario,
el sujeto aparece dividido entre la cadena del enunciado y la de la
enunciación, de ahí que el fantasma haga de significación-nudo entre las dos
divisiones. Por eso aparece como respuesta al significante de una falta en el
Otro. Es muy común confundir la cuestión del metalenguaje en Lacan; el
metalenguaje se da entre la cadena del significante (aunque sea dividida en las
dos: enunciado y enunciación) y la cadena del significado y nunca entre las dos
cadenas del significante. Por eso es la significación del significante de una
falta en el Otro,
Ahora bien, el
objeto ¿es todo lo que no pasa de lo real a lo simbólico ¿qué queda fuera
del correlato fantasmático? ¿Qué hay en ese espacio que se abre con –
Por otro lado, si
es un real que no-pasa y para pasar hay que pasar por lo escrito[3],
es entonces el auténtico real lo que no se puede escribir, quedando el real del
preconsciente, o del real-ich
como secundarios, y sobre todo la pulsión, como representante de dicho real,
queda del lado de lo necesario. Sólo con lo dicho se justifica ya por qué en la
doctrina psicoanalítica la modalización es intrínseca a su discurso. No sólo
aparece lo necesario del Uno de la repetición[4],
sino lo imposible a escribirse. Un imposible que, a diferencia de la ciencia,
sí tiene importancia en la doctrina, ya que la modalización es dialéctica. Es
un discurso en acción, luego lo que no se escribe no cesa de no escribirse; y
lo mismo para los demás modos. En la ciencia sí es imposible, pues no se
escribe y punto (un cuerpo no caerá hacia arriba nunca).
Encontrarán tratada
esta modalización aristotélica en la primera parte. Evidentemente, encontrarán
la modificación que Lacan efectúa para adaptarla al discurso psicoanalítico y
no quedarse con la de la lógica al uso, sea de la filosofía o de la ciencia.
Nominación y sexuación
Antes que nada
recordamos, mediante un gráfico, los tres niveles necesarios en la tópica del inconsciente,
entre el significante y el significado, o más ampliado, entre lo simbólico y lo
real.
Una vez tenemos
situado el goce sexual como un imposible a escribir, y tenemos lo contingente
como la escritura del falo,
Este significante
cumplía, desde el Escrito “La significación del falo”, dos funciones.
Una, reprimido en el Otro constituía al inconsciente como un lenguaje. Esto
quiere decir que tenía la propiedad de ser un lenguaje, ¿y cuál es? Definición
precisa: un lenguaje es lenguaje y traspasa ser un puro código de comunicación
cuando puede aplicarse a sí mismo, tomado como lenguaje objeto, haciendo de
metalenguaje. Es la definición de Tarski para la función semántica de la
verdad. Y es la utilizada por Lacan como tópica del inconsciente, pero con una
modificación. Ésta consiste en que no es un lenguaje, sino sólo el significante
el que toma, metalingüísticamente, al lenguaje del preconsciente que es el
significado[6].
Él dice que es una tópica saussoriana, pero no pone el círculo, luego también
es modificada: es un mixto entre la tópica saussoriana y la teoría de la verdad
semántica. Es saussoriana porque no es un lenguaje, sino el significante, y es
lógica porque el significado serán Bedeutungs y no imágenes mentales. Es
una unión de lo lingüístico y lo lógico: Saussure y Benveniste con Frege y
Tarski.
Dos, el falo debía
también designar o nominar al sujeto y no sólo sostener la función
metalingüística. Dicho de otra manera, el trabajo que había efectuado Lacan
para obtener el objeto “a” distinto de todos los objetos de la realidad, o del
universo del discurso[7],
tiene ahora que hacerlo con el sujeto diferenciando el sujeto dividido, que
indica que definido así nada tiene que ver con el goce, con el ser de goce. Y
debe hacerlo de forma que la nominación del sujeto, su ser de goce, no coincida
con la función verdad: no hay un goce verdadero (recuerden el triángulo). El
falo debe hacer la función de denotación (significación) y no sólo asegurar la
función metalingüística fallida[8].
Y la debe hacer como nominación y para dos sexos.
Introducimos un
poco de lógica elemental teniendo en cuenta que la lógica está escrita mediante
signos (un signo representa algo para alguien -definición de Peirce que Lacan
utiliza como la mejor); luego Lacan va a modificar lentamente todo, como siempre,
de manera que sea la lógica basada en el significante, y no en el signo
por lo cual, en la proposición, no aceptará rápidamente las denotaciones del
nombre propio, objetos de un universo de discurso; ni tampoco el significado
del signo: el concepto, en los nombres comunes, de forma que el objeto en juego
no sea el que caerá sobre un concepto, sino el objeto analítico, petit “a”.
Volvamos a la lógica y detengámonos en el ejemplo "un cuerpo…". Un
cuerpo es un nombre propio, luego tiene una denotación, un objeto. La
denotación de un predicado es un concepto y bajo él caerán objetos,[9]
tal como hemos comentado, y recordamos la diferencia con la teoría del objeto
“a”. Pero para denotar el denominado « ser de goce » ¿usaremos la
teoría clásica de la denotación? Dicho de otra manera: ¿el ser del sujeto tiene
nombre propio? También habrá que efectuar una modificación.
Una proposición
está formada por dos elementos, nombre propio y nombre común. El primero suele
venir representado en la oración, soporte de la proposición, por el sujeto
gramatical pero no lo es; el segundo es la predicación. A una tal proposición
se le puede adjudicar un valor de verdad: verdadero o falso. Ahora bien, a sus
elementos no se les pude adjudicar valor de verdad, sino significación (denotación).
La pregunta es ¿qué denotación tiene la proposición? La ciencia la cierra, como
hemos visto, haciendo coincidir la verdad de la proposición con lo denotado por
ella: verdad y real coinciden o deben coincidir. En psicoanálisis, las cosas
son un poco más complicadas: y la verdad queda del lado del semblante[10]
y la denotación es del goce. Esta división es imprescindible para separar
verdad y goce, ya que le adjudica una especie de objeto al significante en sí
mismo (semblante) que le da valor de verdad que no coincide con el goce o la
denotación, o al menos sólo coincide a medias.
Una proposición tiene dos
elementos y produce dos flechas: la flecha de la verdad y la flecha de la
denotación, que en la ciencia deben coincidir. Esta segunda es la que usaremos
para el ser de goce. Les recordamos el triángulo saber-verdad-goce y el deseo
en la intersección de las bisectrices de sus ángulos.
Cómo el sujeto
designa su ser es su tercer horadamiento: primero dividido,
Ahora bien, lo
primero a precisar es que no se tratará de cualquier nombre propio puesto que
tiene que ser un nombre propio singular, sólo válido para dicho ser. Los
lógicos se dieron cuenta de que una descripción, nombre propio singular, en el
fondo está formada por una proposición compleja de tipo existencial. Siguiendo
un ejemplo, si decimos “el actual presidente de Francia es calvo”, queremos
decir:
“Existe un x tal
que x es presidente de Francia tal que x es calvo”. Escribámoslo con rigor
Leámosla en tres
partes: primera, una afirmación de existencia: “x existe”. Segunda, x cumple
una propiedad, R(x): ser presidente de Francia; además, cualquier otro que la
cumpla, por ejemplo y, es igual a x, o sea x es un elemento único. Hasta aquí
la descripción (nombre propio). Tercera, éste cumple la propiedad Gx), ser
calvo. Fíjense que el sujeto gramatical ha sido eliminado y el objeto denotado
por el nombre propio ha desaparecido, siendo sustituido por variables
cuantificadas, luego la existencia está en función de los cuantificadores y ser
(en el sentido de existir) es el valor de la variable x. No les debe pasar
desapercibido para la definición de que cualquier otro, y, que la cumpla resulta
que ese y es igual a x. ¿Por qué no les debe pasar desapercibido? Pues porque
se ha utilizado el axioma de identidad, x=y, y en el discurso psicoanalítico
¡no se cumple! Ya Freud indicaba que el sujeto del inconsciente buscaba la
identidad de percepción, pero que no la conseguía nunca: de ahí la repetición;
ésta incluye en su seno el objeto “a” y Lacan la sitúa topológicamente mediante
el ocho interior con el objeto en el centro. Ahora estamos articulando ese
objeto y lo que queda fuera del ocho interior, por eso el paso al nudo se
impondrá de inmediato.
¡Lo que ocultaba un
nombre propio singular, también llamado descripción[13]!
¿Y no es eso lo que debe hacer nuestro sujeto?, nominarse singularmente. Cuidado
ahora, nuestro sujeto nunca puede ser un existente ni idéntico a sí mismo.
Veamos lo que nos aporta la lógica y la modificación lacaniana para salvar los
dos obstáculos.
Aún un esfuerzo
más: ya los lógicos se dieron cuenta de las dificultades de los nombres propios
singulares que no denotan objetos. Resulta que un nombre propio puede formar
parte de una proposición verdadera y a la vez dicho nombre propio no tener
ninguna denotación: su objeto es inexistente. Es conocido el ejemplo de “el
actual rey de Francia es calvo”. El actual rey de Francia es un nombre propio
singular, pero no tiene ningún tipo de existencia
(retengan este término). Estos casos son aún más cercanos al psicoanálisis.
¿Han escuchado en los divanes otra manera de nombrase como seres de goce a sus
sujetos? Les indicábamos que retuvieran el término existencia. Lógicamente
quiere decir que el elemento pertenece al universo del discurso. No existente
quiere decir que no pertenece a él. Recuerden la tesis lacaniana «no existe el
universo del discurso»; si existiese, una vez más se nos isomorfizaría real y
simbólico, ya que el objeto del universo del discurso es el sujeto gramatical
de la proposición, y las divisiones que hemos ido haciendo se pierden.
Entonces Lacan
recurre a la lógica de los dos cuantificadores, y no sólo uno como los lógicos,
para situar esas nominaciones tan especiales. Decimos dos cuantificadores
porque tenemos dos seres de lenguaje a rigorizar y ninguno de ellos puede ser
idéntico a sí mismo y además hay que evitar el cuantificador existencial
excepto en un caso: el padre como referencial (Seminario “...Ou pire”).
Ahora bien, primero hay que completar la lógica cuantificacional o de
modalidades existenciales debido a que Aristóteles y sus seguidores sólo
definieron tres modos: universal, existente y vacío, dejando la segunda
negación del todo (equivalente al lugar de lo contingente en las modalidades
aléticas) sin ninguna definición; es decir, la lógica cuantificacional de
Aristóteles es incompleta y aunque sitúe cuatro proposiciones, de hecho sólo
hay tres modos, y no cuatro como en la modalidad alética. Añadimos, pues, una
segunda negación del todo y un nuevo existencial (que no está en Lacan, pero
que ayuda a entenderlo) para modificar el modo de vacío para que no coincida
con la clase vacía[14].Encontrarán
dicha complementación de la lógica existencial en la segunda parte del
artículo.
En la tercera parte encontrarán cómo hacer la
modificación de dicha lógica completada para que rigorice las dos nominaciones
de goce: masculina y femenina. Hay que modificarla, ya que se parte de un
existente para los dos sexos y cada uno de ellos se situará con cuantificadores
distintos delante del vacío radical, pero ninguno de ellos mediante el
cuantificador de la existencia; el camino de la existencia en la función fálica
es un camino desesperado, lo que implicará cambiar el orden de las
proposiciones. Lo masculino utilizará los cuantificadores clásicos, y lo
femenino el ampliado y la modificación del vacío. El cuantificador no-del-todo
que sitúa lo femenino implica que, si no se está del todo en la función fálica,
y si ésta hacía que el inconsciente fuese lenguaje, la mujer no está
no-del-todo en el lenguaje, lo que le hace preguntar a Lacan ¿desde qué lado
ella tiene inconsciente? Esta pregunta abrió paso a una nueva estructura, que
es el nudo borromeo en el que el inconsciente es una de sus superficies
asociadas. ¡El inconsciente ya no es un concepto primero sino segundo! A
nuestro juicio queda pendiente para el lado masculino su relación con lo que no
pasa por el inconsciente, tema que hemos elaborado en otro artículo, pero que
necesita volver abrir la pregunta sobre la nominación y lo que en la doctrina
clásica recibe el nombre de la primera identificación al padre. Opinamos que
aún hay que mejorar las fórmulas masculinas y prometemos hacerlo en una próxima
elaboración utilizando el constructo de variable lingüística de la lógica
difusa o borrosa.
Esta pequeña modificación de la escritura
lacaniana mejora, a nuestro juicio, la relación de inexistencia de la mujer en
sus tres direcciones: cómo la significa (denota) el lado masculino, cómo se
denota ella misma y cómo se es empujado hacia ella si ante la imposibilidad de
escribir la relación sexual se optó por la psicosis.
Primera parte
Los registros simbólico y real no coinciden,
pero el Ideal de la ciencia los ha planteado como isomorfos. Tenemos así, desde
el nudo borromeo, la juntura simbólico-real anudada y sostenida por lo
imaginario. En consecuencia, el estudio de las significaciones de lo real se
basa, teniendo en cuenta un discurso -el de la ciencia-, en las leyes lógicas
de la modalización, en particular las aléticas -modos de presentarse la verdad-
y las existenciales -modos de cuantificar la extensión de los predicados. Las
primeras constan de 4 modos mientras que las segundas sólo de tres. Hemos dicho
anudado por lo imaginario; decirlo así es una manera de situar la ciencia desde
la estructura del psicoanálisis.
Ideal
La juntura entre
lo simbólico y lo real (la marca) tiene
en Lacan un intermediario: la letra. Ésta es lo máximo que lo simbólico puede
captar de lo real antes de que se convierta, si es el caso, en un significante.
A la inversa, de un discurso simbólico se desprenden letras que marcarán (ravinement) lo real en las operaciones
de significación. Véase en el gráfico siguiente, perteneciente al libro
“Noeud”, de Jean-Michel Vappereau, los pasos en la tópica del inconsciente:
Las operaciones
del significante sobre el significado (significación) y del significado sobre
el significante (simbolización), mediadas por la letra (goteo y arrebato). Esto
supone situar entre el significante y el significado dos pasos intermedios. En
la significación, un discurso y sus efectos de escritura. En la simbolización,
una legibilidad[15] y
una topología.
Uno de los reales que el sujeto psicoanalítico tiene
que significar es su sexo y los goces que le acompañan. Para ello, dispone de
un significante, el falo, significante para los dos seres de lenguaje:
masculino y femenino.
-
Si se
simboliza y se afirma, neurosis y perversión. En esta segunda, Freud añade la
renegación.
-
Si se
simboliza, pero hay forclusión, entonces psicosis.
En esta época
se trata de simbolizar, algo se convierte en un significante, y puede ser
afirmado o forcluido. Es el paso de lo real a lo simbólico. Si fue afirmado,
podrá, en un segundo tiempo, usarse para hacer significaciones que son el paso
de lo simbólico a lo real. Como se ve
claramente, no es una doctrina de escritura, sino de lenguaje y palabra.
¿Y la
sexuación masculino-femenino? Recordemos que sólo tenemos un significante.
Lacan, sabio, lo modaliza de una forma “primitiva”: se “tiene” o se “es” dicho
significante (¿o el falo imaginario
Lacan siempre
diferenció, al contrario que la lógica habitual en la ciencia, dos tipos de
negaciones. Una, de discurso o fasis. Es la negación que aplica sobre el
modalizador del predicado. De una segunda sentencial, lexis, que aplica sobre
el predicado. Por ejemplo, no es lo mismo negar el todo (no-todos cumplen un
predicado o una propiedad), que negar el predicado mismo (todos cumplen el
predicado negado). Esta diferenciación también aplica sobre cualquier otra
modalización. No hay que confundir estas dos negaciones, llamadas
respectivamente discordantial y forclusiva por los gramáticos franceses, con la
negación clásica y la modificada utilizadas en los trabajos sobre la lógica del
fantasma o la juntura Ello-Inconsciente. Cuando la negación forclusiva es
utilizada en un modelo lógico de escritura, es la que nos articula directamente
lo simbólico con lo real, mientras que la discordantial lo hace a través del
cuantificador y siempre articulada mediante un discurso.
Tenemos que
la actuación entre dos registros, simbólico y real, va a efectuarse en la
doctrina lacaniana mediante un discurso que produce una modalización, a
entender como que del discurso analítico se desprende una escritura modal. Si
los dos registros fuesen equivalentes, no se precisaría ninguna modalización.
En ciencia sólo el método es modal, la doctrina es necesaria y punto.
Una aclaración previa en lo concerniente al binomio
“intensión / extensión”: la lógica de la verdad (enunciados, predicados y
relaciones; o en su caso clases) es una lógica en la que se cumple el principio de extensionalidad. Éste
indica que la verdad (o falsedad) de una fórmula depende exclusivamente de la
verdad (falsedad) de los elementos que la forman. A veces se denomina lógica
veritativa-funcional. La lógica modal es básicamente intensional, es decir, no cumple el principio de extensionalidad.
La verdad o falsedad de una fórmula no depende únicamente del valor de verdad
de sus elementos, sino también de la articulación de los modalizadores. Para
algunos autores, esto tiene por consecuencia que los contextos referenciales de
las lógicas modales sean opacos[17].
Hay que entender aquí que se toma como valor referencial el valor de verdad de
una fórmula en el mejor estilo fregeano y no un objeto de otro registro. O
dicho de otra manera, el valor referencial de verdad es un valor (V o F) amén
de los objetos que caen bajo dichos valores, mientras que la denotación ya no
pertenece al mismo registro simbólico, sino que apunta al real. Sólo la
hipótesis científica de la isomorfía los iguala. Veáse esquema:
Vemos entonces que es muy apropiado, o al menos no
contradictorio con el discurso psicoanalítico, el hecho de coger la vía modal,
ya que sabemos que en él no puede haber referencia determinada como objeto,
aspecto que desarrollamos más adelante. Por otro lado, nos queda la cuestión de
la verdad del lado de lo simbólico como pura referencia (teoría del semblante)
mientras que retenemos
Otro aspecto a resaltar es que si pasamos a la lógica
modal intuicionista (doctrina desde la que Lacan trabaja siempre la lógica), como
no se acepta la existencia de objetos matemáticos trascendentes (fuera del
pensamiento humano), la lógica intuicionista es una lógica del Saber opuesta a la lógica formalista que
sería una lógica del Ser; al menos,
ésta es la opinión cualificada del mejor discípulo de Brouwer y creador de las
álgebras de la lógica intuicionista: Heyting. Una razón más para escoger la vía
intuicionista modal para el psicoanálisis, en el que saber y ser están bien
diferenciados. Sirvan estos pequeños escarceos en los aspectos de
para-doctrina, si no para convencer a los colegas que creen que este camino no
tiene que ver con lo “auténticamente psicoanalítico”, sí al menos para hacer
surgir el tipo de discurso de doctrina desde donde el psicoanálisis podrá
avanzar en este siglo, si es que no retrocede.
Veamos la segunda doctrina, intermediada por la escritura y no falo-centrista, que
articula la no escritura de la relación sexual y la nueva rigorización de lo
real. Modalizar, para la doctrina psicoanalítica, supone al menos dos
elementos. Uno de discurso: los modalizadores o fasis. Dos: un predicado que se
pueda escribir o lexis. Si previamente no ha sido escrito, no es posible
aplicarle a la lexis la fasis de la cuantificación. Recordamos que en lo real
puro no hay ninguna modalización, sólo desde lo simbólico podemos hablar de
ella.
Antes de modalizar un predicado desde el punto de
vista de la existencia, cuantificación, que, reiteramos, sólo
tiene sentido desde lo simbólico, podemos modalizar su propia manera o “modo”
de darse la lexis. Tendremos entonces dos pasos: uno, la modalización desde lo
real a lo simbólico; y dos, la modalización desde lo simbólico a lo real sobre
un predicado. Alética la primera y existencial la segunda. De tal manera que la
segunda aplicará sobre aspectos de la primera. Explicitemos primero la alética.
De hecho, en psicoanálisis, más que hablar de la verdad hay que hablar de la
propiedad[18].
Afirmar una propiedad quiere decir que dicha propiedad está presente en un
objeto o no lo está, en correspondencia con el verdadero/falso de la lógica de
la verdad. Tanto la lógica de la verdad como la de la propiedad se trabajan con
la misma formalización, ya que son isomorfas. Partimos del predicado “escrito”
y su negación: “no escrito” – que son el paso, o no, de lo real a lo simbólico.
Un predicado pasa o no pasa; mejor dicho, algo pasa a través de un predicado o
no lo consigue; los dos sentidos son ciertos, y por eso la operación que mejor
la define es la metonimia. No se debe
confundir jamás el “no pasa” con la negación clásica de un predicado (justo por
ello hablaremos más abajo de lo imposible) es decir, que, para no caer en ese
error, modalizamos. Damos la referencia precisa: AÉ, L’Étourdit pág. 455.
Insistimos, la
negación es un mecanismo u operación de discurso y no de paso de lo real a lo
simbólico. Tampoco lo “no escrito” es
Añadamos ahora algo más. Es necesario que se escriba,
es necesario que no se escriba. Acabamos de definir lo “necesario” y lo
“imposible”. Añadamos más. Es posible que se escriba. Tenemos lo “posible” que
también podemos definir como “no es necesario que no se escriba”. Aún un
esfuerzo más: es posible que se escriba y es posible que no se escriba; podemos
definirlo también de la siguiente forma: no es necesario que no se escriba y no
es necesario que se escriba. Acabamos de definir lo “contingente”. Véase lado
izquierdo del esquema con las diferentes maneras de decirlo y escribirlo (que
aquí quiere decir simplemente designarlo).
Queda claro que lo posible es más reducido que lo
contingente; éste deja la cuestión bastante abierta, no sabemos qué va a pasar:
lo uno, lo otro o nada, mientras que lo posible sólo deja abierta una
posibilidad: que se escriba, pero no que no se escriba. Hay que tener cuidado
en no suponer la doble negación ahí donde no se debe dar. “Es posible que se
escriba” quiere decir que a lo mejor se escribe y nada más, no abre la
posibilidad de que no se escriba como lo hace lo contingente. El concepto de que “no se escriba” es
importantísimo en la doctrina, ya que es diferente de que “no suceda nada”
o que se forcluya: sólo puede forcluirse lo que ya se escribió. Lacan define
tardíamente la forclusión como mecanismo del decir y no del escribir (Seminario “Ou pire”).
Reiteramos, no
hay que confundir lo no escrito con lo forcluido, ni éste con la negación
clásica del predicado. No hay que confundir negación forclusiva con “no escrito”[19].
En cualquier caso, recomendamos encarecidamente la lectura del trabajo de
Geneviève Morel en tanto es un trabajo al que el nuestro debe lo que vale.
Es necesario que se escriba = Seguro que se escribe.
Es posible
que se escriba = No es necesario que no se escriba.
Es contingente que se escriba = No es necesario que no
se escriba y no es necesario que se escriba.
Es imposible que se escriba = Es necesario que no se
escriba.
Escrito lógicamente quedaría así:
Podríamos, siguiendo las equivalencias del esquema,
escribirlo con el operador posible. Se lo dejamos al lector.
Formulado
así, y diferenciando la negación del modalizador como discordantial y la
negación del predicado como forclusiva, se ven dos tipos de oposición. Una,
discordantial, entre posible e imposible, que es a la que daba mayor
importancia Aristóteles. Dos, forclusiva, entre necesario e imposible, que es a
la que le da importancia Lacan.
Aristóteles consideraba que se oponía “necesario” a
“contingente”, e “imposible” a “posible”; y además, que contingente era
equivalente a “ni necesario ni imposible”. Lacan no va a estar de acuerdo con
esta visión. Sí que mantiene las definiciones de necesario e imposible, pero no
las de posible y contingente. Veamos por qué las cambia.
La oposición
posible-imposible es clara, tipo discordantial, pero la de necesario y
contingente no lo es, ya que este último incluye dos casos. Además, necesario
se opone claramente a (tipo forclusiva) imposible; también aparece la oposición
doble entre contingente e imposible y necesario. Sabido es que la mayoría de
los manuales de lógica modal sólo definen dos operadores y obtienen los cuatro
modos mediante combinaciones suyas con la negación. De hecho, con la negación y
un solo modalizador (ver esquema) es suficiente. Luego, leyendo las oposiciones
y diferenciando los dos tipos de negaciones que hemos definido, no queda clara
la oposición contingente-necesario. De hecho, quedan mezcladas las oposiciones.
Y esto, desde Aristóteles, ha estado prácticamente inmodificado.
Por otra parte, sabemos que, en psicoanálisis, todas
las operaciones deben ser dialectizadas; hagámoslo, y todavía veremos más clara la insuficiencia del
modelo aristotélico si se quiere utilizar entre dos registros que no se
superponen y con un modelo de escritura.
Antes de dialectizarlas, las temporalizamos con las
formalizaciones más próximas a la dialéctica hegeliana debidas a L.S. Rogowski,
haciendo una cierta equivalencia entre “es necesario” y “no cesa” y viceversa.
Equivalencia que nos remite, si no exactamente a un tiempo, por lo menos sí a
un movimiento (significante de discurso, por supuesto):
Necesario: “no cesa de escribirse”.
Posible: “cesa de no escribirse”.
Contingente: “cesa de escribirse y cesa de no
escribirse”.
Imposible: “no cesa de no escribirse”.
Se ve que hemos combinado “no (no cesa)” y lo hemos
convertido en cesa. Aquí se ve que no coinciden con las fórmulas lacanianas del
Seminario “Encore”.
“Contingente” contiene las dos posibilidades del
“cesa”: “escribirse” y “no escribirse”. Parece entenderse como que algo cesa de
escribirse o algo cesa de no hacerlo. El “cesa de escribirse” no encaja con
nuestro real como contingente, ya que indica que ése estaba escribiendo
continuamente y que para. Lo contingente es algo que ocurre y no que venía
ocurriendo y termina, luego eliminamos la primera posibilidad. Nos queda “cesa
de no escribirse”, a entender como que algo que no paraba de no escribirse, en
un momento dado, para y se escribe. Pero esta fórmula coincide ahora totalmente
con lo posible. Veamos cómo hay que cambiar lo posible para que esto no ocurra.
Decir que lo
posible es “cesa de no escribirse” no encaja con nuestro real y el modalizador
“posible”, ya que lo posible hay que entenderlo como que ocurre pero no
necesariamente[20];
dicho de otra manera, puede dejar de escribirse, y entonces hay que cambiarlo
por “cesa de escribirse” y queda escrito. Con las modificaciones propuestas, el
esquema toma esta forma para el psicoanálisis. Otros discursos sobre su propio
real pueden optar por modalizar de otra manera. Si nosotros hacemos cesa =
Necesario = no cesa de escribirse.
Posible = cesa de escribirse.
Contingente = cesa de no escribirse.
Imposible = no cesa de no escribirse.
Las oposiciones discordantiales y forclusivas son
perfectas ahora. “Necesario” se opone forclusivamente a imposible y
discordantialmente a posible. “Posible” se opone forclusivamente a contingente
y discordantialmente a necesario. “Contingente” se opone forclusivamente a
posible y discordantialmente a imposible. “Imposible” se opone forclusivamente
a necesario y discordantialmente a contingente.
Lo imposible en
psicoanálisis es que no se puede escribir la relación sexual, es lo máximo que
de lo real atrapa lo simbólico. Lo contingente es que, como suplencia a dicho
imposible, cese de no escribirse el falo. Lo posible es lo que ha pasado a ser
escrito y entra ya en el campo de la significación y las subjetivaciones, son
pues las palabras (mots). Lo necesario es el síntoma, ligado al Uno de la
repetición (pulsión), que no para de insistir.
Quisiéramos remarcar
la diferencia, o ampliación, que esta modalización entre los dos registros
supone sobre el discurso de la ciencia:
a.- En la ciencia, lo real es lo necesario; por eso,
al optar por cientificarse, el real interno en la psicología es la necesidad.
Ésta puede pasar a lo simbólico mediante el constructo de “impulso”. Un segundo
real es el real exterior, cuyo paso a lo simbólico es el estímulo; a la
inversa, el paso de lo simbólico a lo real es la conducta. Es el esquema trino
de estímulo-refuerzo-respuesta en el que no se contempla el paso de lo
simbólico a lo real interno; como mucho, se supone una cierta modulación de la
emoción por el aparato cognitivo en el constructo “actitud”.
En psicoanálisis, el real interno se divide en dos: lo
necesario y lo imposible. Lo necesario, al estilo de la ciencia pero mediante
un modelo de significante, es la pulsión o los S1, lo que de lo real
ha podido pasar (mediante la escritura) a lo simbólico. Lo imposible es un real
que insiste, en el interior de un discurso, en su fallo de paso a lo simbólico,
pero actuando como una cierta “causa-ley” exterior. Es lo que Lacan quiere
remarcar con el título del seminario “De un discurso que no será del semblante”
y dice que es una Verneinung. Es por
esta división por lo que el grafo del deseo desdobla lo imaginario y lo
simbólico, pero no puede desdoblar lo real (cadena del significado), sino que
hay un real que le es exterior a rajatabla. El nudo resuelve el problema. Ahora
bien, si se puede escribir en la doctrina lo que en la praxis no se puede, es
una demostración palpable de que no sólo simbólico y real no coinciden, sino
que nunca se puede entender como que lo simbólico es más “pequeño” o “como que
le falta algo para llegar a…” lo real.
Hay que entenderlo en el sentido de que son distintos y cada uno tiene algo que
el otro no tiene y no tiene algo que el otro sí tiene. Es una manera poco
precisa de decirlo. Debido a ello, se impone entre los dos una modalización de
doble vía.
b.- En la ciencia, decíamos que el método sí acepta
una modalización, por ejemplo epistémica (con tres modos: verificado,
falsificado, no decidido). En lo epistémico no hay modo equivalente a posible.
Sabemos que el método científico es hipotético-deductivo. Primero las hipótesis
(simbólico), después deducción de consecuencias (seguimos en lo simbólico).
Segundo, planteamiento de experimento y ejecución (entre lo simbólico y lo
real). Tercero, recogida de datos de lo real (simbolización). Cuarto, paso
inductivo (significación de lo real mediante lo simbólico) para establecer
nuevas hipótesis. Existe, pues, una continua interacción entre los dos
registros. Pero, en el caso de la psicología, no se diferencia la significación
del real interior del exterior. Es lógico, por ser heredera de la teoría del
conocimiento que siempre dejó dicho real a otro discurso: el religioso.
La única referencia que hace Lacan al método, en el
psicoanálisis, la aporta en los Escritos
y la denomina “un método de reducción simbólica”. Ni deductivo ni inductivo. Más
adelante propone como equivalente al método un doble movimiento entre lo real y
lo simbólico denominado “la involución significante”, en el que cada registro
tiene su propia entidad y no tiene por qué quedar restringido al otro como en
la ciencia. En ella, lo real es dominante y lo simbólico le va a la zaga. Es un
movimiento, mediado por la escritura, de simbolización y significación mucho
más amplio que el método científico. La involución significante es la mejor
rigorización de la posición freudiana en la que el método psicoanalítico unía
la búsqueda de un conocimiento o saber con la cura, en un mismo movimiento.
Es un tema apasionante para desarrollar, ya que atañe
directamente a la dirección de la cura, y también a las constricciones
necesarias para escribir la doctrina. Lo que sigue no deja de ser un ensayo
sobre los aspectos relacionados con la sexuación, en y con, dicha involución
significante. Claramente, se puede hacer una dirección de la cura desde el
Ideal y el narcisismo. Se puede hacer desde el fantasma, la castración
imaginaria y aspectos del goce. O se puede hacer desde
Segunda
parte
A modo de
introducción
Recordemos el esquema utilizado en la primera parte,
aunque pondremos las fórmulas de forma que se vean las equivalencias entre los
dos operadores en cada modo. No debe confundirnos la aparente equivalencia del
esquema, pues las dos modalidades, alética y existencial, no son isomorfas del
todo. Es decir, no todas las leyes que se cumplen en una se cumplen en la otra;
de ser así, su estudio sería trivial.
Lo que salta a la
vista es que las modalidades existenciales o cuantificacionales no tienen
equivalente a contingente. Veremos por qué y cómo modificarlo.
Universal = Todo =
Existencial = Existe
al menos uno =
Antes de ser modificada para el psicoanálisis, tenemos las mismas oposiciones que con las modalidades aléticas excepto el problema con lo contingente, que ahora no existe. Existente es la negación (discordantial) de vacío y viceversa; también es el universal aplicado al predicado negado. Universal se opone, forclusivamente, a vacío. De hecho, deberíamos ver también su relación con el modo equivalente a contingente, pero vemos justamente que esa modalidad no se contempla, de ahí lo que hará Lacan para subsanarlo. Ésta es la diferencia mayor: la falta de un cuantificador o fórmula cuantificacional equivalente a contingente. Por el contrario, existe una letra para cada modo, aunque sólo suelen usarse las dos primeras.
Aristóteles,
en su “Organón”, cerró, para la cuantificación, la modalidad equivalente a lo
contingente[21]
cuando sólo optó por una de las posibles negaciones del todo o del universal.
Vayamos por partes.
Primero, veamos por qué utilizamos
la cuantificación. La usamos porque una vez el falo se escribe en modalidad
contingente modificada, ya vista en la primera parte, resulta que debemos
obtener las dos posiciones sexuales modalizando el predicado fálico, y el
discurso lo hará utilizando una cuantificación de dicho predicado. Una
cuantificación precisa, y no aproximativa como la de los verbos auxiliares.
Éste es el trabajo que efectúa Lacan. Ahora, el primer paso, ya insinuado en el
Seminario “La identificación”, es completar el lugar suturado por Aristóteles [22]
y plantear dos negaciones del todo diferentes que nos ayudarán a situar lo
masculino y lo femenino como seres de lenguaje.
Quisiéramos añadir que Lacan fue
aclarando, poco a poco y con precisión, la dialectización de dicha
modificación, en paralelo a como lo había efectuado con el predicado
“escribirse”. Creemos que es un trabajo aún inacabado y que debe recoger todo
lo que sabemos de la sexuación en la doctrina psicoanalítica. Nosotros hemos
optado por efectuar una segunda modificación de la cuantificación pasando
primero a una cuantificación lingüística difusa de un predicado difuso; lo
explicaremos en un próximo trabajo junto a la dialectización.
Además, aparece otra diferencia:
Veamos ahora los problemas de las modalidades
existenciales.
El problema
Ya se ve de entrada una dificultad, desde
la doctrina psicoanalítica, en la fórmula
Ahora, la negación equivalente a la
discordantial es negar el universal o el existencial, y la forclusiva, negar el
predicado, pero debemos diferenciar, dentro de la discordantial, la negación de la existencia de la negación del todo. Tenemos así bien diferenciados tres
tipos de negaciones que Lacan distingue claramente. Ya desde sus primeros
trabajos o escritos, Lacan indicaba que el sujeto estaba precluido del sistema,
lo que tiene por consecuencia que se plantee, en su relación al Autre, su
“estúpida existencia”. Añadía, además, que se planteaba su ser sexual; esto es
lo que estamos abordando, pero debemos tener buen cuidado de que, introduciendo
las fórmulas del goce, no se nos cuele la existencia del sujeto por la puerta
de atrás.
Insistimos, la negación del universal es
de discurso, fásica (registro simbólico); la del predicado es de propiedad,
léxica (entre el registro real y el simbólico); y la de la existencia en lo
simbólico también; cuando la existencia se sitúa en lo real (leída desde lo
simbólico), Lacan opta por escribirla así: ex-sistencia.
La igualación de la negación del
existencial y la del universal acarrea problemas que ahora examinaremos. En
particular con los universos vacíos, lo que obliga a los lógicos a efectuar una
represión: eliminar los universos vacíos. Obsérvese bien la doble apertura que
elabora Lacan: abre la sutura de la segunda negación del universal y levanta la
represión sobre el vacío. Se nos podría oponer que los lógicos no reprimen
dicha posibilidad, sino que sólo la excluyen, pero se trata de un ejemplo de
denegación, en el sentido estricto que tiene en la doctrina.
Si escribimos las fórmulas completas
con los cuantificadores y el predicado, obtenemos el esquema siguiente de
fórmulas.
Si giramos la segunda y la tercera, para
tener a cada lado la fórmula con el mismo tipo de cuantificador:
Tenemos a la izquierda las dos universales,
afirmativa y negativa, y una negación del todo que aplica sobre el predicado
negado. A la derecha, las fórmulas equivalentes con el otro cuantificador, la
particular afirmativa y las dos negaciones de la existencia. ¿Qué falta? Pues
otra fórmula que incluya la negación del universal sobre el predicado afirmado
y su equivalente, la particular negativa. A saber:
¡Qué oculta había quedado! A Aristóteles
no se le pasó y la reintrodujo, quedando añadida a las otras tres fórmulas y
graficadas en un cuadrado que ha hecho historia. De las ocho escrituras
posibles, equivalentes dos a dos, eligió para las universales las del lado
izquierdo y para las particulares o existenciales las del lado derecho. Véase
esquema.