De las fórmulas de la sexuación
al nudo Borromeo
Lacan, en el Seminario “Encore”, después de explicitar las fórmulas de la sexuación, pasa a iniciar la topología de los nudos. Tres líneas convergentes, como mínimo, empujan hacia ese camino, cuestiones que convertimos en tres preguntas:
Preguntas
1) Donde no se puede escribir la relación sexual se escriben los S1 (la pulsión freudiana); ahora bien, sólo hay que releer los artículos de Freud: “Las pulsiones y sus vicisitudes” y “La denegación”, para darse cuenta de que no nos sirve la oposición dentro-fuera para situar todas las operaciones que Freud establece, sino que es necesaria otra oposición, exterior-interior y además articularlas entre sí. Si “dentro de mí” se divide en interior-exterior, quedando el “fuera” como un real, entonces este interior-exterior sí puede ser escrito mediante la topología de conjuntos (tomados como la topología de las letras), pero no se articula bien con el “fuera”, que volvería a ser un exterior. Debido a ello, no sirven la negación clásica de complementación para articular dicho “fuera” ni la negación intuicionista, que en cambio sí ayuda a situar el objeto “a” en las superficies, es decir en el fantasma. En consecuencia, Lacan había modificado la lógica, en un primer tiempo, mediante un operador no-todo que nos definía o situaba lo que denomina “litoral” entre el dentro y el fuera. Este litoral se da entre el Otro y lo real, y no en las fronteras entre el significante y el objeto. ¿Cómo articular las dos oposiciones si seguimos pensando en una superficie?
2) El padre de la horda en Freud, padre del goce, o excepción del padre en las fórmulas, ¿en qué registro está? Padre real es una contradicción y padre simbólico no puede ser. Por otro lado, el padre imaginario tiene otra función en la doxa. Una vez más, reaparece el problema del dentro-fuera: el padre de las fórmulas es el padre de un goce fuera de lo simbólico pero situado desde lo simbólico. El padre debe ser una estructura que se articule con los tres registros y no pertenecer directamente a ninguno de los tres. Ya no es sólo un significante, o un real, o un imaginario, sino una estructura producida por una operación que nomine y no sólo signifique o articule la frontera con el objeto. ¿Cuál debe ser para que se sostengan los registros sin deslizar? En función de las diferentes formas de darse dicha operación obtenemos lo que será el título del seminario siguiente de “Encore”, “Los nombres del padre”. Uno de ellos, si se da el caso, es el falo y la castración que supone, lo que nos devuelve al litoral entre el Otro del goce y lo real. Litoral donde dos posiciones cuantificadas quedaban definidas: una que viene de lo real y va hacia el falo y otra que parte del falo y va a lo real, encontrándose en la contingencia.
3) En el punto mítico de constitución del sujeto, que Freud denominaba primera identificación al padre, en el que el objeto se constituye “un poco antes o un poco después” en el decir de Freud, (¿por qué no simultáneamente?), tanto se articula lo significantizado como lo insignificantizable (a) y también lo inescribible. Una vez más, tres cuestiones se deben articular.
1) Podemos hacer primero las intersecciones de tres círculos, tal como lo hace la matemática, pero no se consigue salir de la lógica de las fronteras de la oposición interior-exterior. Simplemente con romper las intersecciones y anudando los tres círculos borromeamente conseguimos situar el abjeto con sus tres caras en el centro del nudo denominado triskel. El abjeto y sus caras: petit “a”, causa del deseo y plus de goce, podemos ahora situarlo en una escritura en la que no quede formando parte de cada uno de ellos, sino a los tres a la vez y a ninguno en particular. Se articula así: una imagen no-especularizable, una causa exterior al sujeto y un real posible, es decir, una acumulación de goce. Al mismo tiempo, dicha triskelización será la operación que Lacan denomina, girando las palabras, “un padre del nombre”, resolviendo la cuestión planteada en el punto 2 de la introducción. El fuera queda situado entre lo real y lo imaginario, si es el caso, y no como simple complemento del goce fálico, ya que el nudo define 4 lugares, es decir, cuatro goces distintos.
2) Con la estructura del nudo se abre una clínica mucho más amplia, ya que no-todos lo sujetos tratan lo inescribible mediante la función fálica, es decir, no para todos lo contingente de la castración y su cuantificación ayudará a situar lo imposible. Es decir, el sinthoma como concepto unificante de muchos otros es un camino entre los espacios del nudo y puede aplicarse a las tres estructuras (neurótica, perversa o psicótica), abriendo un camino de esperanza a la clínica fuera de la significación fálica.
Nos centraremos en el punto uno de la solución aportada por Lacan y nos apoyaremos, si es necesario, en algún elemento de los otros tres.
Barcelona, 19 de Enero