Estimada Colega
Me gusta mucho tu pregunta, sobre la escritura y la
geometría fractal ya que nos reintroduce, en estos malos tiempos para el
psicoanálisis, en una de las cuestiones más finas de la última teoría de la
cura lacaniana, sea para la neurosis o para la
psicosis.
La nueva geometría denominada fractal,
que trata los objetos y conjuntos fractales que tan
bien defines, es una geometría que trata de estudiar lo que podríamos denominar
“las no-buenas formas”. Es decir, nada que ver con los restos platónicos ni
Es una geometría para estudiar la naturaleza tal
como es; por ejemplo, y es el mejor que puedo poner para nuestro campo, la
geografía. El litoral entre el mar y la tierra es una línea quebrada que tendrá
un número de lados (si asimilamos trozos a un lado) dependiendo de la “lejanía”
con la que la trabajemos. Por ejemplo, desde la luna veremos la costa catalana
como una línea minúscula, pero si nos vamos acercado
dicha línea se irá convirtiendo en una línea poligonal irregular y, cuanto más
nos acerquemos, cada línea del paso anterior pasará a convertirse en una línea
poligonal. Este proceso continúa ad infinitum.
Si aplicamos, siguiendo tu claro criterio, esa idea,
tal como creo que Lacan lo plantea en “Lituraterre”,
tenemos que entre real y simbólico no puede haber ningún punto en común, porque
por mucho que volvamos a hacer una nueva significación más precisa, ésta nos
estallará en una camino nuevo, pero sin poder
atravesar el litoral. Un saber “fracasando” o más preciso: los límites del “ruissellement” proveniente de la rotura de los semblantes.
Esta idea de litoral para definir la raya entre el
Otro del otro sexo y lo real es fantástica, porque lo que nos está marcando son
los límites de la significación fálica. Tema nada menor en la dirección del
final de la cura. Es ahí donde Lacan vuelve al lenguaje una vez más y nos
plantea la letra con su más allá de la significación fálica. Lo que se conoce
como ir más allá de la estructura del padre o de uno de sus nombres: el falo. Punto donde el neurótico y el psicótico
pueden encontrar algo en común, puesto que el cierre en la vía fálica es la
locura para el segundo y la obsesión terminada en una modalidad de goce para el
primero.
Si estoy en lo correcto, los objetos fractales serían una escritura en el límite, pero en el
límite de lo que la significación permite, o en el límite del goce fálico. Lo
que no es significable puede ser cernido con dicha
escritura, pero lo que es inescribible no puede
tratarse de momento con las escrituras matemáticas, quedando fuera de esa
escritura. Por eso Lacan vuelve al final de su obra sobre el objeto “a”, que no
aparece en la matemática “aún” y que toma mucha más importancia que el
semblante fálico, pero además, para ese inescribible,
se interesa en la escritura china u oriental en su puro trazo, trazo “sobre un
vacío” indica Barthes en su libro El imperio de
los semblantes.
Esperemos que sepamos crear con el tiempo la
escritura que maneje ese inescribible, y es posible
que no haya una para todos, puesto que es ahí cuando el sujeto en análisis
comprueba, en la experiencia y con alguna indicación por parte del acompañante,
que no es posible escribir más en ese límite; es cuando comienza la nueva
escritura: el sinthoma que le acompañará el
resto de su vida. Entiendo este como un “leer y escribir” en la clínica y en la
vida (no significar, porque nada debe esperar ya del Otro) el análisis; es lo
que Lacan definía diciendo que “el único sinthoma
del analista es el psicoanálisis mismo”.
Confío en que lo dicho sea de alguna utilidad, con
sus luces y sus sombras.
Un abrazo,