El sinthoma y el super-yo
Distinción de las diferentes fuentes de la culpa y su relación con la
teoría del super-yo. Relación con el sinthoma
Introducción
Siempre nos pareció que en el ámbito analítico de referencias lacanianas se
descuidaba un aspecto de la doctrina y la clínica muy importante: nos referimos
a las cuestiones que la doctrina adjudica globalmente al super-yo. Parecería
que los sujetos tenían fantasma y síntomas, también sinthoma, pero generalmente
nada se presenta, en las exposiciones, sobre el super-yo. En las situaciones en
las que sí se hace se suele despachar el asunto con la expresión “el imperativo
de goce”. Es verdad que en esos ámbitos a los que me refería se suele hacer una
reducción de la clínica, en un cierto paralelismo con lo que ocurrió después de
Freud. Si después de Freud sólo se hablaba del yo, ahora ese lugar lo ha
ocupado el fantasma. Lo que en Freud era el complejo de castración como nudo de
la neurosis ha pasado a segundo plano, de forma que se salva el tema con el socorrido
término de “falta”. De paso, el significante fálico suele estar ausente en la
exposición de casos, aunque reaparece el tema adyacente de la feminización y
muy pocas veces el de la masculinización. ¿Por qué introducimos esto? Pues
porque el super-yo está íntimamente ligado a estas cuestiones. Además, el hecho
de que Lacan no se hubiese encargado nunca de él, aunque hiciera referencias
continuas a su problemática, seguro que también ha ayudado a este ligero
olvido.
Es desde ese punto que hemos querido presentarlo; intentando, de pasada,
comenzar a articular lo que en la doctrina está muy fragmentado y situarlo en
relación al Nombre-del-padre y el sinthoma, es decir, situar el super-yo en la
cadena borromea de 4 nudos. Dicho de otra manera, vamos a abordarlo desde la
estructura del padre, la que Freud visualiza como puede con el término de “identificación
primera”.
Freud considera, al menos al super-yo denominado paterno, como un heredero
del complejo de Edipo; entonces, una vez conocida la estructura del sinthoma en
el caso de nominación simbólica (único al que me voy a referir), que es el
padre, intentaremos articular y desbrozar los aspectos de culpa y remordimiento,
que no son lo mismo, y situar el super-yo en una cadena-nudo de cuatro nudos,
es decir, incluido en el último aparato psíquico que nos propone Lacan.
La lógica de la sexuación
Lacan acaba con el mito del Edipo proponiendo una lógica; ésta la podemos recordar
en 4 pasos:
-
La
relación sexual no se puede escribir entre los seres de lenguaje: lo que la
especie dividió no lo une el significante ni el objeto ‘a’.
-
Donde
ella no se escribe, necesariamente se escribe la pulsión (S1) y
contingentemente, si es el caso, el falo,
-
El
falo es uno de los nombres del padre simbólico, pero de un padre que no tiene
existencia lógica, simplemente es un anudamiento entre los registros del que
depende la identificación primera freudiana.
-
Con
tres registros anudados, el goce queda entonces dividido en cuatro superficies:
sentido, goce fálico, goce Otro y goce a-sexuado.
Ahora bien, desde la tópica del inconsciente, esa estructura de goce es subjetivada
de forma que en los límites de la función fálica existe un imposible, eso que jamás
se podrá escribir (y por favor no se confunda ese imposible real con el objeto
‘a’, pues éste es sólo la frontera). El inconsciente intenta captar dicho goce
con más metáfora y más significación. Por eso el inconsciente no para nunca a menos
que sitúe ese imposible. El goce imposible que no puede pasar al significante,
en definitiva al inconsciente ¿cómo se presenta en dicho inconsciente? Pues adherido al goce de la prohibición. Es
la trampa del inconsciente: presentar como prohibido un goce que es imposible.
De caer en ella, el análisis deviene infinito y destructor para el analizante. Por
eso, el sujeto debe castrarse y salir del goce fálico para, mediante su teorema particular, definir bien ese
imposible y que el inconsciente no siga insistiendo en traspasarlo. De lo
contrario, tiene como efecto en la tópica del sentido un forzamiento de éste y
sus consiguientes efectos sintomáticos.
Cuando el inconsciente está atrapado en ese goce de la prohibición y hace
creer que se ha traspasado, entonces tenemos los remordimientos, típico de los
sujetos de los que decimos que sus deseos son incestuosos, utilizando un
lenguaje freudiano. ¿Pero no decíamos que es imposible? Sí, pero el padre de la
excepción hace creer que se puede. La figura del uno que no estaría sometido a la
función fálica es el comienzo del goce de la transgresión, figura absolutamente
necesaria para que los sujetos no se queden atrapados en el goce del significante
o goce fálico. Pero que si no avanza hacia las dos fórmulas posibles de
castración, mediante su cuantificación, no deja salida, como indicábamos más
arriba.
Creemos que los remordimientos provienen de dicho goce transgresor, goce
que aparece como el empuje de la relación sexual que no se puede escribir,
aunque sí se pueden tener encuentros sexuales. Es el goce de la prohibición al que se adhiere el goce sexual que no se
puede escribir, goce que el
inconsciente de las mujeres propone como traspasado y que no deja de ser un
enredo para tapar que justamente la relación sexual no se puede escribir; es
decir, aparece un goce como prohibido y su supuesta transgresión
El Otro del goce, la palabra y el todo
desde el lado del significante
Si no se puede escribir la relación con el
partenaire, sólo queda la relación con el Otro y es ahí donde se sitúa el
incesto; aunque de nuevo debamos recordar que éste también es imposible, y que
la prohibición, por parte del padre imaginario o denominado terrible, de dicho
incesto no es más que una protección para el infans; puesto que, de creer que es posible, quedaría atrapado en
el goce del Otro, materno en su caso, pues el goce es amboceptivo: uno goza del
Otro pero el Otro goza de uno. De nuevo, la única salida es la castración: pérdida
del Otro y recorte de un pedazo, ‘a’ y
De la culpa a la deuda simbólica
Uno de los temas menos elaborados en el psicoanálisis lacaniano es la
diferencia entre la culpa tal como la define Lacan y la deuda simbólica, por el
hecho de entrar en el universo significante; no creo que sea casual, porque la
religión cristiana, o al menos la católica, las une en coalescencia en el término
de pecado original. Nuestro modo de relacionarlo es el siguiente: la culpa, ya
lo hemos visto, es no aceptar que el Otro está en falta y, por lo tanto, el
sujeto se hace cargo de dicho goce en forma de culpa; por el contrario, la
deuda simbólica aparece justamente por el hecho de recibir todo el legado
significante. Por eso creemos que dicha deuda aparece en la cura tras reducir
la culpa, es decir, por barrar al Otro, y es entonces cuando el sujeto se
vuelve sobre el otro significante, el falo, denominado significante mayor, en
su función castradora; es decir, la responsabilidad, que no la culpa, recae
sobre el sujeto y aparece el tema desde el otro ámbito, que Lacan denomina ‘la
deuda simbólica’ y que abre un campo más cercano al deseo y más alejado del
goce.
La deuda simbólica aparece clínicamente
mediante un “no se sabe qué que el sujeto
ha hecho sin saberlo”, es decir, una deuda que Freud, a diferencia de
Lacan, sitúa también en el Edipo. Es una deuda con lo simbólico del lado del
inconsciente, por lo que Lacan la sitúa en la relación con el Otro de la
palabra y en su relación con el deseo.
El super-yo y la palabra
Desde el lado de la palabra, Lacan sitúa otra de las caras del super-yo, esa
figura maligna que surgía desde lo imaginario ahí donde la palabra se detenía.
No hay que olvidar nunca que tenemos tres registros y por tanto tres tópicas
entre ellos. Así es tal como Lacan define al super-yo feroz, y que recibe en la
doctrina clásica la denominación de super-yo materno. ¿Cómo situar esta imagen
de lo maligno en el aparato psíquico? ¿Cómo situar en el nudo del sinthoma el
super-yo en sus dos facetas, o tres, imperativo de goce y figura feroz desde lo
imaginario? Decimos tres aspectos del super-yo para no olvidar otra definición
fundamental “una escisión en el mundo
simbólico del sujeto”. En resumen, diferenciamos tres facetas del super-yo,
en analogía con las tres caras del objeto, y cada una de diferente génesis y
articulación con los registros. Necesitábamos, pues, obtener las diferentes
génesis tal como, leyendo a Lacan, habíamos hecho con los remordimientos, la
culpa y la deuda simbólica. No se nos escapa que la conciencia moral está
también del lado de la culpa y por ello del lado de la relación con el Otro.
Pero esta cuarta característica no la trataremos hoy.
Posible teorización
Podemos situar lo visto hasta ahora en un grafo que resulta de ampliar el grafo
de la palabra del Escrito “Subversión
del sujeto…”. En él colocamos en el lugar de la significación en la cadena de
la enunciación el fantasma del Otro y en el del síntoma los remordimientos. Se capta
que hemos “desdoblado” la cadena del significado para diferenciar lo real que
se escribe en la sucesión necesidad, demanda y pulsión, del real que no se
escribe. Este real lo situamos en línea punteada, ya que no es una cadena, sino
como mucho un litoral. En el círculo de arriba situamos la fórmula de la sexuación
correspondiente, en este caso la del padre de la excepción. En el círculo de
abajo situamos el super-yo paterno como resto. Para efectuar dicho grafo
partimos del siguiente razonamiento:
Es conocido que Lacan, en sus últimos seminarios, insistió hasta la
saciedad que lo real y lo simbólico no son superponibles, o dicho de otra
manera, hay un real que no pasa a lo simbólico nunca. Ahí donde no se puede
escribir la relación sexual se escriben los significantes amos y no queda más
que la relación con el Otro. Las fórmulas de la sexuación nos sitúan, de
diferentes formas, dicho real desde lo simbólico. Pero lo que Lacan sólo dejó
indicado es el camino inverso, toda la cadena significante no es usada para
construir las significaciones, o dicho de otro modo: todo lo simbólico no puede
anclarse en lo real. Luego siempre hay un resto de significante que no se
utiliza en la significantización; éste es el que hemos situado como voz saliendo
del círculo del Otro.
Si algo nos enseña la clínica es que cuando el sujeto efectúa su
repartimiento de goce, es decir cuando se ancla en lo real con la gran metáfora
fálica, entonces, adherido a ella, queda ese resto que deviene voz. Freud creía
que este resto “del complejo de Edipo” funcionaba como un heredero del complejo:
el super-yo era un prohibidor de goce, es decir lo vuelve a situar del lado de
la trampa del goce que como no se puede escribir aparece como prohibido. Lacan sitúa
al super-yo de forma contraria: es un
imperativo de goce. Pero un imperativo, decimos nosotros, que impele a
saltarse la castración en el sentido contrario al habitual, o lo que es lo
mismo, impele a intentar escribir como sea una significación fálica completa
sin resto alguno de simbólico. Por eso es una voz loca e irresponsable, “DEBE
...” y por eso cuanto más el sujeto se hace cargo de la castración, es decir,
de que no se puede traspasar el litoral entre lo simbólico y lo real, más
afloja el super-yo. Entonces, estas dos condiciones, voz resto de significante
e intento de traspasar la castración mediante un goce simbólico y real
isomórficos, se unen en el concepto de imperativo de goce. Y nosotros los hemos
unido en el círculo de abajo. Al unirse así, tenemos situado tanto el empuje
del super-yo hacia los goces del padre de la excepción como el empuje hacia el
goce paralizante de gozar del continuo “pensar y significar”[1].
En esta teorización, creemos ser consecuentes con Lacan cuando sitúa en el Escrito “Kant con Sade” el problema del
imperativo categórico del lado de la razón práctica. Es decir, ahí donde el
sujeto da con un imposible, debe tomar la responsabilidad
del fallo en la realización del significante o la realización del Otro,
Además, volviendo al gráfico se plantea que dicho super-yo actúa en
retroacción sobre la creación de los síntomas. Y por otro lado, tenemos que esa
figura maligna teorizada como super-yo materno, proviniendo del narcisismo de
la madre, en su doble registro imaginario y real, se une al par voz-resto. El
goce narcisista está aún por trabajar en la doctrina.
Propuesta de cadena borronea de 4 nudos en
la que el con el sinthoma se sitúa lo expuesto
Ahora podemos aprovechar el nudo de 4 hilos para ver cómo el sinthoma divide
a los 4 goces descritos en los Seminarios
XXI-XXIV. De esta manera, no nos
quedamos con el nudo de tres que impide situar la subjetividad o el sinthoma y
que queda como la personalidad paranoica. Si en vez de hacer los entrecruzamientos, que son
complicados, efectuamos un aplastamiento del nudo (una proyección sobre un
plano) tenemos que es más fácil visualizar cómo el sinthoma, al atravesar los
diferentes registros, divide los goces antes mencionados, de forma que el goce
fálico queda dividido (escindido) en dos: fálico y super-yo. El goce Otro
también se divide en goce Otro y goce narcisista. El sentido también
queda dividido en sentido y super-yo materno. Este último no deja de estar
relacionado con la tópica del sentido: es el máximo sentido, y sólo el
sin-sentido lo hace caer. Además, el objeto ‘a’ se diferencia del vacío en la
estructura. Esta última diferenciación es fundamental y ya está descrita en el Seminario de la angustia. Diferencia que
permite no confundir el centro de la estructura con un pleno, es decir, no
creerse que el falso ser que propone el abjeto es verdadero, pues no hay ser
por ningún lado.
Bibliografía
Puede encontrarse
todo el rastreo del concepto en Freud y Lacan en:
Gerez-Ambertin, M. (1993). Las voces del superyo. Buenos Aires, Ed.
Manantial. Col. “Estudios de Psicoanálisis”.
En especial:
Freud, S. (1923). El yo y el superyó (ideal del yo). El yo y el ello. En Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu editores. 2ª edición en castellano 1984.
Lacan, J. Séminaire
1971. “D’un discours qui ne serait pas du semblant”. Pp. 97-111 y 159-173.
Publication hors commerce. Document interne à l’Association freudienne
internationale et destiné à ses membres.
Lacan, J. Séminaire
1971-1972. “... Ou pire”. Pp.
77-100. Publication hors commerce. Document interne à l’Association freudienne
internationale et destiné à ses membres.
Lacan, J. Le Séminaire
1972-1973. Livre XX. “Encore”. París, 1975. Éditions du Seuil. Col. “Le
champ freudien”, pp. 9-21 y 63-75.
Lacan, J. (1966). Écrits. París: Éditions du Seuil. Col. “Le champ freudien”, pp. 92, 116, 121,129, 130, 132, 136, 137, 334, 335, 434, 619, 640, 683.
De las que remarco: 136, 434, 619
Bermejo, C. (2005). Real
y simbólico en el último Lacan. Un camino de ida y vuelta. Apuntes para una
lógica de los cuantificadores: “Inexistencia” y “No-del-todo”. Barcelona: Librería
Xoroi. Número de Registro B-
46111-2005
Carlos Bermejo, Enero 2006