Resumen-guía
de la intervención de Carlos Bermejo en el Seminario de Escuela, sobre el
Sujeto supuesto Saber
Recordatorios y aclaraciones
de partida
Hay diferentes formas de leer y comentar un texto; escogemos ahora la que
nos propone Lacan: hacer responder al texto por las preguntas y las tesis que
plantea.
Como se trata del nuevo concepto de Saber que ha ido construyendo desde el Seminario IX no hay ya que igualar Otro
y Saber. Estamos en dos campos: el del sujeto[1]
y el del Otro, y en ellos pueden ocupar diversos lugares los términos del
álgebra lacaniana tal como la doctrina de los discursos establecerá con rigor
un par de años después.
El Inconsciente ya quedó en el Escrito
“Posición del Inconsciente” situado en la relación del sujeto al Otro mediante “su
corte en acto”.
En este texto no se trata tanto del Inconsciente, sino de la transferencia,
de ahí que lo que no explicita es la constitución del sujeto dividido sino la
de Sujeto supuesto Saber, que no son lo mismo en absoluto.
Psicoanálisis y ciencia: la
psicoterapia en el centro
En relación a la ciencia nos introduce el Dios de Einstein y el de Pascal.
Un Dios que en ningún caso es el Otro de Lacan, sino un supuesto. Un Dios
neutro, el de la ciencia, que contendría el Saber antes de que el Sujeto lo
supiese. Para Lacan no se trata de que el consciente deba saber el Inconsciente,
sino de que el sujeto se articule con ese Saber, que en ningún caso tiene
sujeto. Un Saber que más tarde define en “Televisión” como que ni piensa ni
calcula, sino que sólo trabaja. El que calcula es el fantasma. Ese Dios de la
ciencia que contendría el Saber es el que ha hecho que lo físicos lo definan
como un Dios geométrico. ¿Por qué? Pues porque la ciencia supone que las leyes
de ese Dios son isomorfas a lo real. Por eso el real de la ciencia está ahí
para ser sabido; por el contrario, el del psicoanálisis no. No hay isomorfía
entre el Sujeto supuesto Saber y lo real.
No está de más recordar que en la ciencia lo real es lo necesario y en
psicoanálisis es lo imposible. Luego el Saber está predestinado para que se
sitúe dicho imposible con él; de ahí que, aunque haya ganancia de saber, se
trate más bien de marcar con un Saber tonto ese imposible. ¿Para qué? Para que
el sujeto se inscriba (como marca) en lo real. La realidad psíquica es
fantasmática y no Saber sobre lo real.
Por eso la transferencia es lo más parecido a la apuesta del científico en
relación al Saber: suponerle un sujeto al Saber y depositarlo en algún
individuo, o institución, u obra. Recordemos el camino de Descartes. Ése es el
punto que comparte el psicoanálisis con la psicoterapia: habría un Saber que
resolvería. Compartimos con
Primera tesis fundamental del
texto
Al Sujeto supuesto Saber no se lo puede atrapar, ese Dios no se sostiene, y
por eso Lacan usa el término de méprise.
Es decir, si recordamos el matema de la transferencia que más tarde escribirá Lacan,
el Sujeto supuesto Saber está construido con la misma estructura de sujeto
temporalizado y dividido que el sujeto dividido. Hicimos un repaso a los
párrafos en los que explícitamente hace referencia a ello. Y fundamentalmente
al que indica que el Inconsciente borra al sujeto en contra de la idea de que
lo sostiene, además la referencia a Cantor en el tema del Saber no-sabido.
Si el Sujeto supuesto Saber también está temporalizado y debe ser borrado,
exactamente igual que el sujeto, ello nos lleva a dos cuestiones: el tiempo y
el objeto @. Pulsaciones del Inconsciente y tetización por parte del objeto @.
Estamos ahora en las operaciones de segundo nivel, ya no se trata sólo de la
significación y del sentido en la metáfora y la metonimia. El recurso, que
Lacan usará en los Seminarios XIV y XV, para pasar a ese segundo nivel al
que se refiere con el acto, que denominan morfogénesis los teóricos de la
discontinuidad, la estructura mayor en lógica matemática, es el grupo de Klein.
Estructura usada también por el psicólogo Jean Piaget y que denomina grupo de
las dos reversibilidades. En este grupo, Lacan, para mantener los presupuestos
psicoanalíticos, elimina una de las operaciones: la operación identidad, que no
tiene sentido en psicoanálisis. El sujeto nunca tiene existencia como el
significante, jamás es idéntico a sí mismo, siendo la primera consecuencia la
ley de la repetición.
En ese grupo capado sitúa las operaciones con las que articula al sujeto
del Inconsciente con el Sujeto supuesto Saber: alienación, transferencia y
verdad. Por eso es en la transferencia donde se juega la cura, al menos en la
dirección habitual desde la palabra[2],
lo que Freud denomina la neurosis de transferencia. Y ahí donde la ciencia y la
psicoterapia mantienen a su propio Dios equivalente a lo real, ahí donde
mantienen la ilusión de que lo real es equivalente al Saber de dicho Dios,
Lacan nos sitúa al objeto @ y la castración como verdad cuando el Sujeto supuesto
Saber cae. Obviamente la verdad en este nivel ya no está situada por el lado
del significante, material, sino que éste tiene dimensión de semblante. Por eso
leímos con detalle el párrafo que indica que en ese movimiento “… donde el momento de la reducción (del Inconsciente
a la inconsciencia) se hurta por no poder medirse por el movimiento
ni por su causa”. Creemos que es la
traducción conceptual que encaja con lo que dice Lacan aunque fuerce un poco
Lalengua. Encaja con la doctrina y la clínica, el Inconsciente no es ontológico
y borra su propia estructura dejando sólo restos aquí y allá. Desde el punto de
vista lingüístico no creemos que sea un “ne” expletivo, luego “comme” funciona
como apoyo de la negación.
Esta tesis es importantísima, ya que es la contraria de la hipótesis de la
ciencia y por ello nos ofrece la estructura fundamental del Inconsciente frente
a la de la ciencia. Ésta supone que hay una estructura y que dentro de ella
haya un vector que empuja hacia algún lado, no es caótica ni sólo azarosa. Es
lo que se conoce como la “irreversibilidad”. En termodinámica es la tendencia a
la menor entropía. Esa irreversibilidad es la que crea el tiempo mediante el
movimiento de lo “espacial”. Por eso la referencia a Einstein es doble. En
nuestra doctrina: es el movimiento del significante en la estructura de cadenas
el que crea el tiempo. Pero además, y es la diferencia con la doctrina de la
relatividad[3], desaparece el par tan
caro a la ciencia, el par causa-efecto.
Incluso Einstein forzaba la teoría para que jamás se diese la causa después del
efecto[4].
Luego causa y efecto están presentes en la estructura; por el contrario, el
Inconsciente no permite medir eso, lo que no significa que no haya una causa en
juego, pero posterior al efecto, significante por supuesto[5].
Otro de los principios de una ciencia es que se pueda medir; una ciencia que
sólo mide con la estadística está todavía en la debilidad mental. No debemos
esperar ninguna métrica para los efectos del Inconsciente cuya causa se perdió
y sólo reaparece por la vía del objeto @. El Inconsciente aparece no como causa,
sino como efecto y no en el fenómeno, sino en el trastabillado. Sirvan estas
pequeñas disgresiones para no sacar al psicoanálisis de su lugar y
“cientificarlo” bajo la presión de la subjetividad moderna.
Los tiempos en psicoanálisis
El tiempo de lo hablado
Debemos articular tres conceptos diferentes de tiempo con el movimiento
significante. El primero, el tiempo de una cadena significante, el denominado
diacrónico, consustancial a su desplegamiento en clases combinatorias. Éste concepto
no deja de ser ampliación de lo que Saussure denominaba “el eje diacrónico”, sólo
que ahora es una cadena significante y no la articulación sintagmática de
signos. El segundo es el concepto de sincronía, el eje asociativo o
paradigmático definido como aquello que se da fuera del tiempo. Lacan va a
sustituir dicho eje por un conjunto: la batería significante. Véase dibujo:

El mismo sistema va a aplicar para el discurso común o palabra vacía:

Y efectúa la intersección, que sería mejor denominar “anudamiento”,
mediante los conjuntos de la sincronía de las dos cadenas:

Ahora va a incorporar un término fundamental en la física relativista: la
simultaneidad. Y lo hace doblando una cadena de la diacronía hacia la
izquierda, en sentido contrario al modelo de la comunicación de Shannon:

Donde vemos la retroacción de la significación. Y podemos situar dos
estructuras clínicas con precisión en función de los fallos de estructura de
anudamiento de los puntos de sincronía o de simultaneidad. El autista no entra
en la estructura de anudamiento de la cadena del Saber con LaLengua y por eso
es el trastorno más grave. El esquizofrénico no consigue nunca terminar la
significación y habita en una superficie con embudos temporales.
El tercer concepto de tiempo es que sobre esa estructura mínima se da el
tiempo lógico. Tiempo que produce el sentido y las identificaciones. Sabemos
que si la palabra plena se pone en juego no se llega a la certidumbre mas que
reintroduciendo la significación de nuevo en el Otro y recomenzando el proceso.
Los tiempos son entonces: uno, el instante de la mirada para el punto
sincrónico, cuando se ven todos los significantes; dos, cuando se abren hacia
atrás y hacia delante las cadenas significantes -una que avanza y otra que
retroactúa-, es el tiempo para comprender. Tres, en el momento que se efectúa
la conclusión es el momento de concluir. Lo podemos graficar así:

Hemos establecido así una articulación entre el espacio, el movimiento y el
tiempo. El tiempo es consecuencia, al menos, del movimiento del significante. No
sólo del significante. Sabemos además que el momento de concluir está ligado a
la operación borde de la cadena significante. Sabemos también que el proceso
debe repetirse varias veces, así que debemos situar otro concepto temporal, la escansión. Lacan la denomina
“significante temporal”. Cada apertura y culminación termina con una escansión
posterior al momento de concluir. Ésta aparece después de que termina cada
significación, es decir, después de que la simultaneidad se funde con la
sincronía:

Esta serie de aperturas y escansiones culmina cuando el momento de concluir
se reduce al instante de la mirada, que es cuando el proceso de subjetivización
ha llegado a su objetividad máxima. Fijémonos que Lacan ha introducido además
del concepto de “instante”, que ya existía en las lógicas científicas del
tiempo, las tense logics, el concepto
inmedible de “momento”. Recuerden la frase que hemos traducido más arriba. Y
nos ha dado un tiempo nuevo: el tiempo para comprender. Un tiempo para la
subjetividad y no para la objetividad medido mediante un reloj. Resuenan aquí
con fuerza los diferentes settings de
El tiempo de lo escrito
Hasta ahora tenemos (si suponemos que los significantes a los que nos
referimos son el Saber situado en el Otro) la significación, pero no tenemos al
sujeto ni al objeto, activo el segundo y subvertido el primero. El objeto @
aparece por la imposibilidad de la identidad de percepción en Freud. Es el for-da. Lacan lo sutiliza mucho más.
Resulta que la cadena del significante de la enunciación no se puede
metalenguajear con la del significado, que ahora es
Esa copulación es lo que después será matema-do mediante el discurso del
maestro constituyente del sujeto y del objeto. Evidentemente para cada uno de
los cuatro discursos hay que construir un grafo como el que hemos trabajado con
el orden de las cadenas y todo lo demás en la forma apropiada. Y es ahí, en esa
copulación, donde debemos situar el nuevo término espacio-temporal: la pulsación. Podemos suponer que la cadena
de la enunciación mueve sus tiempos como la del enunciado, pero entre ellas dos
se da una apertura y un cierre, en el sentido vertical. Esta pulsación también
debe tener un elemento que marque su “irreversibilidad”. Lacan indica primero
en el Seminario IX que la tapona el
objeto @. Pero ahora podemos ser un poco más precisos. Primero veamos el
gráfico:

Sabemos que ahí, cuando se cierra el Inconsciente aparece la transferencia -la
“presencia del analista”, lo había denominado en el Seminario XI. O sea, no hay primero transferencia y luego apertura
del Inconsciente, sino todo lo contrario. La clínica es cristalina en ello y
por eso la mayoría se extravió tomando como resistencia (¿de quién?) lo que es
estructura per se del Inconsciente. Y
encima reintrodujeron la identidad de nuevo: “el” que resiste. Esta es la
segunda tesis fundamental de este texto: el Inconsciente funciona al revés del
conocimiento. Y por eso Lacan tiene que situar la operación cierre como
consustancial. No es cierre y apertura, sino apertura y cierre “lo que le hace
más coriáceo a una segunda pulsación”.
¿Por qué? Pues porque en el piso de lo escrito en el que se juega el deseo
del sujeto, además de varios de su goces, aparece el objeto @ como equivalente
del tiempo de retraso y su angustia. Después dirá que “tetiza la prisa”.
Tetizar quiere decir lo que se plantea como sujeto-objeto sin relación con
nada, es decir, fuera del significante. ¿Pero por qué la angustia no es sin
objeto? Pues porque el objeto presenta al sujeto otra de las caras de que el
Otro está barrado, el objeto es él mismo y no lo es. Por eso el hombre de los
lobos se aterroriza con su propia mirada, petit
“a” que recubre al objeto @, tetizándole desde los lobos. El objeto indica
al sujeto que siempre se escapará de sí mismo. Persecutorio para el psicótico,
angustiante para el neurótico y dominante para el perverso. Por eso Lacan va a
proponer que el proceso de aperturas y cierres se concluya con el “corte”. Corte
basado en un nuevo concepto de borde, no de la cadena significante, sino de
dicho borde actuando sobre superficies que son las extensiones del deseo y del
cuerpo de goce.
No lo desarrollamos porque es lo que denominará involución significante, pero
que en este texto todavía está teorizado con lo que denomina “el acto psicoanalítico”:
la identificación del sujeto temporal y dividido con el objeto @.
El nuevo camino
¿Cómo situar lo escrito y lo hablado en un mismo acto sostenido por la
estructura del lenguaje? ¿Y cómo, al mismo tiempo, diferenciar al objeto @ de
lo que no se pudo escribir en la pulsión? O dicho de otra manera: ¿Cómo situar
la ex-sistencia? ¿Cómo situar lo real como imposible y diferenciarlo
radicalmente del goce introducido por el significante que sí se escribió? Ahora
viene la introducción del dicho y el decir. En el mismo acto lo hablado y lo
escrito. Véase gráfico:

Enunciado+enunciación = dicho. Lo que supone que todas las pulsiones han
quedado ya estructuradas en el campo del lenguaje. Es una mejora considerable
de la tesis del Seminario XI en la que,
tras haber explicado los pasos del narcisismo a lo autoerótico, Lacan indica
que la pulsión es la apelación al Otro. Ahora ya no es sólo eso, sino lo que se
escribe en un acto de decir al que siempre se le escapa algo, acto en el que el
objeto queda perfectamente situado, y lo que se escapa es lo real. Pero eso lo
trabajará después, ahora lo que le interesa es la relación del sujeto,
sostenido por esa pulsión, en relación a un Saber que le supera sin que se sepa
(qu’on sache) quién lo dice y al que
el pensamiento se hurta. Una resistencia on-tica, un “ente” y ya no la omnitud del
Sujeto supuesto Saber. Ha comenzado la pregunta por el ser de goce y el término
pulsión a decaer. Dejamos ahora la pelota, como en el voleibol, para el que nos
sigue en la serie de este seminario de lectura.
[1] En el texto se mejorará con el “On” en francés.
[2] Con la doctrina de nudos son posibles
otras direcciones.
[3] Doctrina que es coetánea del
descubrimiento del Inconsciente y que roza el concepto de “sujeto en la
doctrina”. El concepto de observador que le es intrínseco. La diferencia es que
el observador es un signo y el sujeto que produce el inconsciente es un
“intento de escribirse”. Un dato el primero, un efecto el segundo.
[4] Ampliar el implicador lógico a causa-efecto supone siempre introducir el tiempo: antes-después.
[5] Recordar la tesis del Seminario XVII “el efecto es el afecto”.
[6] Simplonería que ha hecho fortuna.