Dep. Legal B- 46662-2001  

 

 

“Lógica y Topología de los conceptos de intensión y extensión en la Proposición del 9 de Octubre”

 

 

                                Carlos Bermejo Mozas

 

 

 


 

 

 

 

Índice

 

Introducción

 

 

Primera parte: La lógica modificada o ampliada

 

 

Segunda Parte: Los cálculos fantasmáticos

 

 

Tercera parte: El salto a las tres dimensiones.

                         De la sombra del objeto al objeto

 


Introducción

 

 

 

Este trabajo tiene varios objetivos, unos directos y otros indirectos y algunos metonímicos[1]. Entre los indirectos resaltaremos uno que nos parece fundamental en el momento por el que atraviesa el psicoanálisis Lacaniano.

 

El psicoanálisis, en tanto no ha elaborado aún un equivalente de lo que en ciencia se conoce como el contexto de demostración[2], utiliza como garantía de verdad[3] la palabra-obra de sus fundadores, sean Freud o Lacan. No negaremos los beneficios que comporta que la verdad sobre la doctrina y la dirección de la experiencia se sustenten en la palabra de uno de sus fundadores, palabra-doctrina en relación a la clínica. Pero es evidente su déficit y riesgo: cuando estos desaparecen, otro sujeto toma su relevo y aparece una nueva orientación que sabemos que no siempre sigue el buen camino. Así ocurrió después de Freud: lucha Anna Freud y Melanie Klein zanjada con la desviación, en nombre de Freud, que supuso Jones. Y creemos que así ha ocurrido después de Lacan con la orientación Milleriana.

 

            Desviación en su nombre, es la frase clave. Si se habla en nombre de alguien es porque dicho alguien soporta la trasferencia de los sujetos de la audiencia. Sabemos de todas maneras que aquél que recibe la trasferencia, el significante cualquiera, no tiene por qué saber nada sobre el saber supuesto, en la significación, saber referente para dicho sujeto supuesto por el significante de la trasferencia. O dicho de otra manera: el que habla sostenido en nombre de… puede no saber nada. No es para nada seguro que el que tome la palabra en el lugar donde otro la dejó esté a la altura de su responsabilidad; de ahí que lo que debe saber el psicoanalista  sea importante.

 

            Todo lo que es sostenido mediante la trasferencia tiene efecto de seducción si no es atravesado, lo que lleva al sujeto a sostener su propia palabra, y dicha palabra no es seguro que sea la del deseo del analista. ¿Cómo poder salir de dicha dificultad? Al menos en el ámbito de la doctrina, es decir, al nivel en el que disponemos de unos textos que no hay que interpretar sino desarrollar[4]; proponemos una dirección para la solución: no seguir dentro de la ideología edípica, en la que uno marca la ley y además construye el saber, es decir, pasar de la intervención de uno que, actuando como padre de la realidad, orienta al grupo. Por el contrario, proponemos utilizar el método que nos fue legado por los fundadores: método psicoanalítico, lo denominó Freud, y dirección de la cura, Lacan. Al que debemos añadir el método y la escritura que Lacan fue construyendo a lo largo de su enseñanza. Dicha escritura se basa en un método lingüístico-lógico que utiliza la topología como base.

 

            Sustituir un sujeto por un método no es poca cosa, y deberemos elaborarlo con mucho cuidado, ya que supone abandonar el principio psicoanalítico de que el edipo y su mitogenia son los sostenes de la estructura,  para ver que dicha mitogenia es segunda frente a ella, y es la que Lacan inventa en el seminario “Encore”. Insistimos: hay que abandonar el funcionamiento en grupo imaginario sostenido por la mitogenia edípica, sea anverso o reverso. Esto queda muy claro en la proposición, pero sobre todo en las experiencias vividas por el mundo psicoanalítico a lo largo de los últimos cien años.

 

            Sostenemos que el momento en el que Lacan escribe la proposición del 9 de octubre es el momento en el que vislumbró ese paso. Terminada la elaboración del fin del análisis como el atravesamiento del fantasma, Lacan vislumbra que la teoría de la estructura que ha tenido hasta ese momento, el Plano proyectivo de “La cuestión preliminar…”[5] y el grafo del deseo de “Subversión del sujeto…”[6], se han quedado cortos y sólo permiten pensar en dos registros, simbólico e imaginario. Este paso ya estaba anticipado al aparecer el tres añadiendo la banda de la realidad, en el esquema R, y la cadena del significado, en el grafo del deseo, pero aun así dichas estructuras tienen serias dificultades para elaborar la teoría del registro real. Tiene serias dificultades para elaborar el 3 y el 4 en un todo aconjuntado.

 

            Si en dicha proposición plantea tres facticidades, una para cada registro, es porque ya ha trabajado dos de ellas y quiere abordar la tercera en conjunción con las anteriores. Bien es verdad que la facticidad simbólica no está aún bien desarrollada, ya que el mito edípico necesita mucha mejoría (Seminario 17 y el concepto de los 4 discursos) antes de que pueda elaborarse una lógica imprescindible para abordar la significación de lo real, algoritmo basado en el significante fálico, y que además sitúe los dos lugares que el lenguaje propone a la especie humana.

 

            Es importante recordar que dicha lógica de la significación fálica, ya apuntada en el escrito “La significación del falo” no estaba todavía elaborada[7], y por tanto el objeto “a” es aún imaginario y simbólico. Es en la referencia al campo de concentración, que tiene su discurso, donde apunta al objeto en el registro real. Más tarde sumará el objeto en los tres registros y aparecerá el concepto que los agrupa: abjeto. Tenemos así objeto imaginario en el fantasma, simbólico como causa del deseo y plus-de-goce unidos en un solo concepto y tres caras.[8]

 

            Pero lo importante es que, con el nudo borromeo, además de representar el aparato del psicoanálisis en dimensión 3, ya no es el edipo u otro sinthoma el que sostiene la estructura, sino que ella se sostiene mediante un nudo. El cuarto nudo, de lo real, se añade a los 3 primeros: simbólico, imaginario y realidad psíquica, y al tener 4 puede, mediante unas operaciones[9], obtenerse el nudo de la realidad psíquica como cuarto nudo; pasando así a convertirse dicha realidad en el sinthoma. El cambio es notorio: del edipo sosteniendo la realidad en homología con lo imaginario del espejo se ha pasado a que el sinthoma (Edípico o del tipo que sea) quede sostenido por la estructura, o mejor dicho involucrado en la estructura[10].

 

Nuestra tesis es que en los años 60 Lacan pasa las mismas dificultades que Freud en los años 14. Tanto al uno como al otro se les han quedado incompletas las estructuras. Se les mezclan las cosas y deben elaborar una ampliación que incluya a la anterior. En Freud supone ampliar las pulsiones con la pulsión de muerte y sus consecuencias en  "Mas allá del principio de placer…" que le llevan a la segunda tópica o tópica del sujeto. En Lacan supone pasar del 2+1 al 3+1[11], de la superficie al nudo. Sabemos que el nudo incluye la superficie como su superficie característica, y podemos así colocar en él lo que se había trabajado sobre las superficies. Además, Lacan debe elaborar la teoría del goce que pasa a tener 4 elementos. Por el camino ha elaborado el concepto de discurso en el que por fin se ligan las definiciones de  sujeto y significante con las del ser de goce que habían quedado pendientes en “Subversión del sujeto…” y en el Seminario 7.

 

            Para utilizar los aparatos de escritura que Lacan nos dejó, nos situaremos en la lógica que está trabajada en la proposición, lógica que sólo se sostiene en el plano proyectivo. Con dicha lógica, Lacan elabora los conceptos de intensión y extensión para el psicoanálisis. Veremos sus  ventajas y sus déficits, y con ellos justificaremos el paso del 2+1 al 3+1. Dicho paso lo hemos definido como el paso de la sombra del objeto al objeto, en terminología Freudiana[12]. Habremos así ligado un objetivo indirecto con uno directo: establecer los límites que la teoría psicoanalítica Lacaniana tenía en dicho momento, visualizar sus posibles franqueamientos y aprovechar dicho saber referencial para aplicarlo al momento actual. 

 

            Quisiéramos añadir que no hubiese sido posible este trabajo sin las investigaciones sobre lógica y topología psicoanalítica efectuadas por Jean Michel Wappereau al que avanzamos nuestro agradecimiento. 


 

Parte primera: La lógica modificada o ampliada

 

Lógica y psicoanálisis

           

            De todos es conocido que la lógica clásica, o canónica clásica en terminología de Quine, ya había sido modificada por Lacan en su escrito del “Tiempo lógico…”. La ampliación incluía la lógica clásica, pero temporalizando cada razonamiento que hacía el sujeto hasta llegar a la duda. Las dudas eran introducidas por las escansiones: verdaderos significantes temporales. Es conocido que debe haber tantas escansiones como sujetos menos uno: E=S –1. Esta lógica daba cuenta de la identificación y sobre todo de la identificación del Je. Ahora bien, esta lógica podía ser utilizada para explicar los movimientos de la significación. Es decir, explica el piso del enunciado del grafo del deseo, en el que a cada significación le corresponde una identificación[13]. El sujeto, tras tres tiempos, llegaba a una conclusión que debía verificar: es el momento en que empieza el verdadero tiempo lógico. ¿Y en el piso de la enunciación? ¿No debería haber una lógica compatible, de manera que los dos pisos fuesen compatibles cuando uno influye sobre el otro?

 

En el piso de la enunciación, los significantes ya no son simplemente del Otro, sino que son pulsionales y la significación es una significación escrita del significante sobre el significante. No se trata de la significación habitual, sino de la significación del metalenguaje necesario para que no se dé la paradoja del mentiroso, metalenguaje que se sostiene hasta que el sujeto encuentra el significante de una falta en el Otro que hace que éste desfallezca y aquél no exista[14]; éste es el momento en que el inconsciente se cierra. Como resultado de dicha significación, aparece la castración imaginaria por un lado y el fantasma por el otro. De momento no vamos ha tratar dicha lógica, sino una derivada de ella y totalmente compatible con la del tiempo lógico. Nos referimos a que, cuando se abre el inconsciente y aparece la significación absoluta del fantasma implicándose en el piso del enunciado, mediante la introducción de significaciones fantasmáticas en los síntomas, podemos situar cómo el fantasma, con su capacidad de significar, actúa sobre el enunciado. Es decir, cómo la significación absoluta del fantasma interviene en las significaciones que el sujeto construye para resolver sus incertidumbres. Tenemos así una serie de situaciones clínicas y sus correlatos sociales que pueden explicarse sin recurrir a la lógica del fantasma sensu estricto, aquélla que se deriva del . Insistimos, no se trata de la lógica de la construcción del fantasma como respuesta a una falta en el Otro; para ser más precisos: la construcción del fantasma supone recuperar alguna consistencia justo donde se descubre que el Otro ni es consistente ni completo[15]. En este trabajo damos por supuesto que eso ya ha ocurrido, y sólo nos interesamos en las significaciones que de ahí se derivarán. Imaginaremos al fantasma como un pequeño algoritmo de calcular y trataremos de ver cuáles son las operaciones que es capaz de hacer, como si fuese una máquina de Touring. De todas maneras, apuntaremos la dirección que es necesario tener en cuenta para establecer la lógica del fantasma que Lacan trabaja en los Seminarios 14 y 15.

 

Podemos graficarlo así:

                                                                                             

           

                       

 

            ¿Cómo efectúa sus cálculos el fantasma? No debemos considerarlo absolutamente rígido, sino como una pequeña máquina de calcular en función de los datos que recibe. Dichos datos, en principio, provienen del resto metonímico del paso de la necesidad por el Otro.      Ésta es la pregunta que vamos a intentar resolver. Insistimos en que todavía no es la lógica del fantasma, sino la forma en que dicho fantasma influye, una vez ya establecido, en el tiempo lógico.

           

            El fantasma está constituido por dos elementos heterogéneos: sujeto y objeto, articulados uno como el forro del otro. Lacan propone pensar dicha lógica sobre un plano proyectivo. Hay varias razones, pero una de ellas es que el objeto no debe ser un significante. Toda la lógica clásica se basa en que el sujeto de la oración  gramatical, a la que se va a adjudicar una proposición, acaba siendo el objeto sobre el que caen las notas intensionales; de ahí que los latinos lo denominasen el Subjectum, es decir, el sujeto como objeto. Nosotros debemos diferenciar claramente los dos campos. La segunda razón es la cuestión de la negación. Si se da sobre un plano, la negación clásica divide el plano en dos partes mediante un círculo[16]: una parte en la que la proposición es verdadera y otra en la que es falsa. Sabemos que dicha negación no es suficiente para el psicoanálisis[17], y por lo tanto debemos construir una que dé cuenta de los diferentes encuentros de la percepción y la conciencia, mediante la apertura y cierre del inconsciente. Tenemos que pensar un espacio para la extensión de las proposiciones en el que podamos construir otra negación más, como mínimo.

 

            En un plano proyectivo podremos establecer la heterogeneidad del campo del sujeto y del campo del objeto, establecer la segunda negación, y hacer que, mediante operaciones sobre él, el fantasma haga de máquina de Touring. Además, veremos su compatibilidad con los tres primeros tiempos de la lógica temporal del enunciado.

 

           

 


La heterogeneidad

 

           

 

            Si en un plano o en una esfera sumergimos un círculo[18], ya lo hemos dicho, desconexiona el plano o la esfera en dos partes. Estas dos partes son del mismo tipo: dos pastillas esféricas. Se ve muy bien en la esfera. Por eso, la identificación primera al padre no es del mismo tipo que las otras: es oral y lo oral se da en una esfera.  En cambio, en un plano proyectivo hay dos tipos de círculos, uno el que divide al plano en una Banda de Möbius y una pastilla, y el otro el que no desconexiona la superficie, sino que simplemente la abre, es decir, la pasa de unilátera a bilátera. Estas dos clases de círculos son las que hacen que el grupo fundamental de homotopía del PP esté formado por dos elementos. Vemos, pues, cómo con el primer tipo de círculos aparece la heterogeneidad, ya que no es lo mismo la BM (banda de Möbius)  que una pastilla. Ésta es la primera diferencia entre el campo del sujeto y el del objeto, campo del sujeto y no el sujeto dividido.

 

           

 

La negación

 

           

            Vemos claramente que el primer círculo puede ser asimilado a una negación en tanto desconexiona la superficie y puede dividir en verdadero y falso. Evidentemente sigue siendo todavía la negación clásica, aquélla en que la doble negación es equivalente a la proposición.

 

El segundo tipo de círculo es el que utiliza Lacan para desconexionar las caras, es decir, para el deseo y la realidad y para el punto de atravesamiento del fantasma: donde =a. Pero no seguiremos ese camino, como hemos dicho, sino que nos centraremos en lo que llamaremos las oscilaciones fantasmáticas.

 

           

 

La oscilación fantasmática

 

 

 

            Ya hemos dicho que un PP siempre es una BM y una pastilla, hagamos como hagamos el corte, reductible o del primer tipo. Ahora bien, sabemos por el grupo fundamental de homotopía, que si se hace el círculo que la desconexiona dos veces y además pasa por la línea de auto-atravesamiento del Cross-cap[19], entonces también desconexiona la superficie en una banda y una pastilla, pero duales de las primeras.  En cierto sentido, lo que era pastilla pasa a ser BM y a la inversa. Ésta es una propiedad muy importante del PP[20]. También hay que remarcar que esta propiedad se articula con el hecho de que si trasladamos el círculo reductible sobre la línea de auto-atravesamiento se convierte en un círculo de dos vueltas.

 

Véanse los dibujos:

 

       

 

 

 

Se ve, en el último gráfico, cómo lo que era BM se reduce y pasa a formar parte de la nueva pastilla, mientras que lo que era pastilla ha pasado a ser una banda de Möbius. Para no equivocarse, es preciso seguir los trozos de superficie interiores a los círculos que hacen de borde. No hay que olvidar que el borde de una pastilla es un círculo y el borde de una BM es un ocho interior.

 

 

 

El dibujo con un asterisco es tal y como presenta Lacan la enucleación del objeto “a” en lo imaginario (Seminario de la Identificación).

 

           

Círculo que desconexiona la única cara de la superficie unilátera en dos caras: es decir, la convierte en bilátera y abierta.

           

            Tabla del grupo fundamental de homotopía de un PP:

 

 

 

           

 

Tenemos así sobre el PP 3 elementos que corresponden, en la extensión, a cada una de las intensiones: p, no-p y sujeto de la repetición o sujeto dividido, .

 

BM = p, campo del sujeto S

Pastilla = ,  objeto

Circulo reductible = sujeto del conocimiento

Ocho interior = sujeto dividido por la repetición,

Y en el caso dual

BM=p

Disco = ~p

Ocho interior =

            En cualquier caso, las importantes son el campo del sujeto, el objeto y el sujeto del corte mismo y sus duales.

 

            Se ve bien en los dibujos que el dual del círculo del conocimiento es el círculo del sujeto,  que el dual del campo del sujeto (BM primera) es el campo del objeto (pastilla que envuelve a la BM) y viceversa. Vemos que nos falta un cuarto elemento a adjuntar al campo del sujeto, del objeto y el sujeto mismo; este elemento es el objeto “a” en el momento del corte mismo; es decir, cuando se da el corte, , debe aparecer “a” como efecto del corte mismo, ya que los dos componentes del fantasma son temporales[21]. La definición precisa que da Lacan de ese momento es: sujeto corte de “a”.

 

Dejamos claro que dichos círculos son las extensiones de operaciones en la cadena significante, pero una vez establecido el fantasma, éste puede funcionar como un algoritmo.

 

 

 

La lógica sobre un PP

 

 

 

            Asimilaremos el círculo que desconexiona con la conectiva de la lógica clásica negación. Por eso ese corte es el del sujeto del conocimiento. Asimilaremos el ocho interior a una segunda negación que escribiremos con la tilde delante de la proposición. Asimilaremos el círculo que abre la superficie a lo que Lacan denomina la línea sin puntos, círculo donde se da la operación de atravesamiento del fantasma y que ya hemos indicado que no trataremos.

 

            Tenemos así dos negaciones, duales la una de la otra, pero con propiedades bien diferentes, ya que la primera, clásica, no tiene repetición y por ello es del sujeto del conocimiento. Además, la negación clásica nos divide el espacio en dos partes absolutamente complementarias; lo cual, pasado al campo del psicoanálisis, implica que todo lo que no soy yo es no-yo, y sabemos que en el piso de la enunciación no es así[22]. La segunda negación sí incluye la repetición y además vamos a ver otra propiedad suya que nos permite obtener el objeto “a”.

 

            Podemos situar ahora las dos negaciones sobre el plano PP, quedándonos éste dividido en tres partes en el momento del corte doble. Partimos de que primero hacemos la negación clásica y entonces nos queda dividido en BM (en forma de birrete autoatravesado) y una pastilla. Ahora hacemos el doble corte (ocho interior) sobre dicha banda y aparece el cuarto elemento que estábamos buscando. Si cortamos una BM por una línea mediana nos queda una cinta bilátera con 4 semitorsiones que topológicamente es equivalente a una cinta vulgar de pelo. Eso hace que dicho corte destruya la estructura de banda. Por ello, dicho corte es equivalente al corte de una sola vuelta que atraviesa la línea de interpenetración del PP. Pero si cortamos la BM con el ocho interior, lo que hace la equivalencia con el corte supra definido[23], entonces, y es lo importante, sí que desconexiona, lo que nos da derecho a asimilarla a una negación del tipo tilde. Curiosamente, dicho doble corte desconexiona la BM en una BM y una cinta bilátera con cuatro semitorsiones.  

 

 

 

 

 

 

Claramente se ve que ahora tenemos 3 elementos más el corte mismo: la BM que ya teníamos, la cinta, y el disco previamente extraído. Lo curioso es que si la cinta con cuatro semitorsiones se suma al disco, se convierte en un disco; es decir, el disco la absorbe. Lo mismo sucede si la volvemos a sumar a la BM: queda una BM. Entonces tenemos una especie de elemento comodín que no nos cambia la estructura de los otros dos elementos, pero que nos permitirá establecer bien la segunda negación. 

 

            No debemos olvidar que dicha cinta, que llamamos “a”, no debe ser bajo ninguna condición un significante. De serlo, no cumpliría la condición de ser lo que queda como resto de una operación de división del sujeto, sea ésta en su efecto en lo imaginario o en lo real. No debemos olvidar la serie del “pienso y soy” y sus inversiones, establecida desde el Seminario 9 hasta el Seminario 17, para que siempre quede un resto.[24] Si debe ser un resto no puede ser una proposición, luego lógicamente debe ser una constante. Recordamos la frase de Lacan en “La proposición”, pág. 251: “Nuestra ppppppppropuesta es plantear una ecuación cuya constante es la agalma”[25]. Tenemos así una lógica paramétrica, una lógica que añade a los valores de verdad otros dos: a y . Sigue la frase más abajo: “El deseo del analista es su enunciación misma, la cual no sabría operarse más que con lo que viene en posición de x: de esta x misma, cuya solución libra al psicoanalista su ser y cuyo valor se anota ( ) …hiancia  que se aísla en el complejo de castración…, o (a) para lo que la obtura …”. Quedan claros los dos valores paramétricos (o referenciales, si seguimos nuestra hipótesis).

 

            ¿Cómo trabajar con dicho parámetro? (Empecemos sólo con “a”, de momento). Si nos fijamos podemos definir la negación tilde de p, ~p, como la cinta más ¬p, y entonces obtenemos que dos veces negar-tilde p, ~~p, equivale a p más la cinta. Véase el dibujo, en el que están las extensiones de p, ¬p, a, ~p, ~~p, y donde se ve gráficamente que la segunda negación, si se itera, hace oscilar entre la banda y la pastilla, pero añadiendo siempre la cinta “a” alternativamente a la proposición o a su negación. Así como p y ¬p no tiene nada en común, ~p y ~~p sí que lo tienen. Ahora veremos cómo trabajar estas dos negaciones y qué lógica nos introducen.

 

 

 

 

 

 

La lógica modificada desde el punto de vista de la intensión

 

           

 

            Para hacer la tabla de verdad de la ~ debemos hacer que sea compatible con las extensiones que hemos visto en el dibujo anterior. Entonces, cuando p es verdadero, ~p debe ser falso, ya que si estamos en la banda no estamos ni en “a” ni en ¬ p. Pero cuando p es falso podemos estar en “a” y en ¬ p, y entonces la verdad de ~p depende de la suma de verdades de a y de ¬p, es decir a ¬ p. Una intersección es verdad cuando son verdad las dos. Podríamos preguntarnos qué significa que “a” sea verdad si no es una proposición. Hemos dicho que es un parámetro y entonces su verdad o falsedad deberemos precisarla en otro momento, pero no es del tipo de la verdad de una proposición, es decir, no es la función verdad la que se le aplica, aunque le adjudicaremos valores de 1 ó 0 y los haremos funcionar como si fueran iguales a los habituales para hacer las negaciones. Sólo las negaciones, pues ya hemos indicado que “a” no es una proposición y no la haremos actuar como tal en ninguna fórmula, aunque está incluida en las negaciones tilde. Luego si “a” es falso, ~p es falso. Veamos su tabla, en la que veremos que ¬ p es la inversa de p mientras que ~p sólo invierte el valor de p cuando p es verdadera o cuando, siendo falsa p, “a” es verdadera.

 

            Si cuando p es verdadera no depende de “a”, y cuando p es falsa y “a” verdadera sí invierte, entonces, el único caso en el que ~p es distinta de ¬p es el caso de p falsa y “a” falsa. De ahí que sólo fuese necesario dar contenido semántico al caso de “a” falsa. Una manera de darle contenido semántico es tomarla como valor referencial y no darle valor textual o de proposición. Es un tema a desarrollar.

 

 

            Lo curioso de esta lógica es que la conjunción de la negación tilde, una vez y dos veces, da siempre falso, lo que hace que se cumpla el principio de no contradicción. Mientras que la unión de las dos negaciones, clásica y tilde, no lo cumple. Vayamos paso a paso.

 

            La lógica clásica es consistente y completa, es decir (p ¬p) siempre es falso y (p ¬p) siempre es verdadero. El primero es el principio de no contradicción y el segundo el del tercero excluido. Al abrirse el inconsciente aparece la segunda negación, y entonces el principio de no contradicción, juntando las dos negaciones, se viene al suelo: p ¬p; lo pondremos así:

 

                                              

            En vez de negar una vez, negamos dos y la componemos con una negada, sino no podemos articular las dos. En el caso clásico W sería siempre falso, pero ahora vemos que es verdadero en un caso, el que arrastramos siempre diferente, el caso p falso y “a” falso. Luego vemos la primera consecuencia de la barra en el Otro: cae la consistencia. Pero, por otro lado, se mantiene el tercero excluido, que pondremos así:

 

                                  

                                  

Tenemos que, al abrir el inconsciente, se pierde la consistencia, cosa que ya sabíamos por el artículo de la denegación de Freud. El sujeto afirma una cosa y su contraria a la vez, pero si la ponemos con las dos negaciones distintas nos aparece la proposición .

           

Lingüísticamente la podríamos enunciar así: es falso que es mi madre y es falso que no es mi madre. Eso sí, el sujeto suele decirla sin los dos falsos y sin saber, de entrada, que las dos negaciones son distintas, ya que no es lo mismo la madre como significante que la madre como significante y objeto. Es responsabilidad del psicoanalista hacerle saber que no son iguales las dos negaciones, lo que abrirá la posibilidad de que el sujeto siga calculando y no sólo se quede detenido frente a una aparente paradoja.

 

            Por otro lado, hemos visto que es completa, lo que quiere decir que ninguna proposición quedará sin decidir. Recordamos la frase de Lacan en la proposición cuando critica la psicoterapia como vuelta a un momento anterior o posición de partida o como no haber dañado algo; este principio de vuelta al estado anterior, dice, que sólo se sostiene de una indecible lógica. Por lo tanto, nosotros debemos sostener que hay que apostar por la no consistencia para poder salir de ese forzamiento (pág. 246).

 

            Perdemos la consistencia, pero mantenemos la completud. Por otro lado, hemos visto que por sí sola la negación tilde es consistente. Ello quiere decir que al pasar a dicha negación, que incluye el parámetro objeto, recuperamos la capacidad de hacer cálculos verdaderos[26]. Ahora esa negación no cumple el tercero excluido, luego no es completa: es el precio a pagar por la consistencia. Por ello, el fantasma supone siempre algunos indecibles, y es por tanto incapaz de resolver según qué proposiciones[27]. Por lo tanto, la consistencia del fantasma enmascara. El  tercero excluido sería la proposición:

 

~p ~~p; proposición que no es siempre verdadera, como debería para cumplirlo.

 

            La lógica de las dos negaciones está aún por hacer, pero la lógica de la negación tilde es la lógica intuicionista. Bien es verdad que ellos no usan el parámetro “a”, pero usan una lógica que no cumple el principio del tercero excluido y sí el de contradicción. Ellos comentan que es como si hubiese un tercer valor de verdad, pero del que no se sabe nada y en el que es mejor no entrar [28]. [29]

 

 

La contradicción y sus maneras de superarla

 

           

Hemos visto una, construir un fantasma que recupere la no-contradicción a precio de perder la completud. Otra sería la religión: montar una iglesia. Veámosla:

           

Cuando el sujeto da con la ausencia del principio de no-contradicción, lo que ha hecho es darse cuenta de que está en una lógica modificada con dos negaciones. Dicha lógica incluye la clásica como un caso particular, como subestructura.

 

 

Se ve claramente que si “a” es absorbido o el inconsciente se cierra, ~p se reduce a ¬p. De hecho, podríamos decir que si “a” es absorbido, entonces se cumple: ~p = ¬p; la cinta es absorbida por la pastilla. Lo que nos lleva a: p ¬ ~p; afirmar la verdad de p es lo mismo que afirmar dos veces su negación. Es la ley de la doble negación que había caído con las dos negaciones.

 

El tercer elemento desaparece y estamos de nuevo en la clásica. Ahora bien, el sujeto desea encontrar una operación que convierta  en siempre verdadero. Dicho de otra manera, el sujeto desea encontrar un operador para la enunciación, semántico en el sentido de Tarski, que le permita pasar de la lógica modificada a la clásica, lo que equivale a cerrar el inconsciente sin ningún cálculo fantasmático[30].

 

Dicho operador es el siguiente: Afirmar la verdad de p equivale a afirmar que p es verdad sólo si lo es  ~ ¬ ), o sea:

 

 

Que no es más que una ampliación de una tesis de la lógica clásica cuando se le añade la verdad semántica, cuyo operador hemos denotado :

 

 p   ¬(p ¬p); afirmar la verdad de p implica afirmar que p es verdad si es falso que se da la contradicción.[31] Veamos la tabla:

 

Sumergir o reducir la proposición p, de la lógica ampliada o modificada, en la lógica clásica, supone decir que la verdad de p es equivalente a la proposición: p es verdad sí y sólo sí las tres negaciones del principio de contradicción son verdad. Puede verse la tabla:

 

             

                       

Por decirlo de una forma sencilla, decir que “p es verdad”, semánticamente, es lo mismo que afirmar que es lo mismo afirmar p que las tres negaciones de su proposición de no-contradicción. Leyéndolo psicoanalíticamente, diríamos que la verdad de la enunciación de p es verdad si y sólo si es lo mismo enunciar la verdad de p que la verdad de las tres negaciones. Si lo pensamos al revés: Si se hacen las tres negaciones: ¡p es verdad por el hecho de ser enunciado! Lo que encaja perfectamente con la doctrina y la clínica[32]. Dicho de otra manera, es la verdad revelada de la religión: algo es verdad si y sólo si su enunciación es verdadera, y entonces, es equivalente a negar tres veces que el Otro es inconsistente. Entendemos así las tres negaciones de San Pedro sobre la verdad de su seguimiento de la palabra de Jesús antes de levantar una iglesia. Es importante no hacer lo mismo con la verdad el inconsciente. Mantener la consistencia clásica supone negar la inconsistencia del Otro tres veces para hacerlo equivaler al Otro de la religión. Por eso la causa es denegada a causa final, indica Lacan en “La ciencia y la verdad…”[33]. Ésta es la peor solución que el grupo psicoanalítico puede darse: convertirse en iglesia.

 

La segunda solución y también incorrecta, pero menos, es la consistencia fantasmática. Con ella el sujeto hará todos sus cálculos sin tener en cuenta la falta en el Otro. Eso sí, serán cálculos incompletos, cosa que se verá en la clínica cuando el fantasma es desbordado por un significante o por lo real y no puede seguir ignorando más. De momento, pasemos a establecer las operaciones que se pueden hacer con el fantasma, pero sin cuestionarlo.  


Segunda parte: Los cálculos fantasmáticos

 

La iteración del doble corte

 

 

            Dada por supuesta la lógica paramétrica en el PP, ¿cuál es el primer cálculo que puede hacer el sujeto? Suponemos que desea deducir, lo que le lleva a emplear los implicadores  y las dobles negaciones[34] para hacer deducciones ciertas. Supongamos que el sujeto ha hecho el corte simple, ¬p,  el corte doble ~p, y hora en la banda restante vuelve a hacer el doble corte. El PP ha quedado dividido en 4 elementos y dos cortes dobles. Véase el dibujo:

           

 

            Vemos en dicho dibujo las extensiones en las que es verdad cada proposición. Veamos qué cálculos podemos extraer. De entrada, ya que la segunda banda estaba dentro de la primera, podemos decir que q p. Si nos fijamos en el exterior del recuadro rosa, tenemos que ~~q p; es decir, negar modificadamente dos veces q[35] implica afirmar p.

 

Luego si q p  en un plano PP, si una es el recorte de la otra en una banda, entonces ~~q p. Podemos entonces decir que la una se deduce de la otra, ya que cuando una es verdadera, lo es la otra.

 

Veamos las tablas de verdad:

 

 

            Hay que recordar que, como a1 o a2 no cuentan como proposiciones, pero sí como parámetros para cada una de las negaciones, debemos tener en cuenta cuál es el valor de cada uno de ellos cuando p es falsa y cuando es verdadera. En este caso, si p es falsa, a2 es falso, luego ~q no invierte. Por el contrario, si p es verdadera, a2 es verdadero, luego invierte. Los casos de q verdadera son triviales, pues invierten como una negación clásica sin tener en cuenta al parámetro.

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Un ejemplo ayuda a comprender. De “Pienso, luego existo” se deduce “pienso y se dá el parámetro, luego existo”[36]. Dicha deducción nos parece totalmente aplicable a la clínica cuando el sujeto afirma sus existencia, gracias a haber hecho dos veces el ocho interior y visualizado el parámetro.

 

Llegados a la conclusión de que “si pienso, entonces existo”, equivalente al instante de la mirada, el sujeto debe hacer dos operaciones (ochos interiores) para deducir, en una subjetivización, que si dicha conclusión es verdadera lo será la segunda: “si pienso y es verdad la causa, entonces existo”. En el álgebra Lacaniana sería que el sujeto ha pasado del:

 

 1  2

al

 1+a  2

 

Hasta aquí las deduciones si el sujeto eligió lado ~~q; veamos qué sucede si elige el lado