Lacan desliga del todo la posición de goce (o de
reparto del goce en los dos sexos) de la anatomía, al contrario que Freud
que decía "la anatomía es el destino".
Es verdad que cada parlêtre puede colocarse del
lado que ¿quiera? si le place, dice Lacan... (humm!), y pone como ejemplo a San Juan de
Un agente imaginario no es una operación
imaginaria. Freud creía que la mujer estaba castrada de entrada y Lacan le
corrige: "... dolorosamente vemos... al estrago...". Indica que está
privada. Si no, qué suerte ser mujer: ya no habría que afrontar la castración
denominada simbólica.
Tenemos entonces que la castración, -
Sabemos lo que es un significante y lo que es un
objeto imaginario, pero el significante no tiene ningún referente, es pura
sustancia gozante; vuelvo entonces sobre qué es un objeto simbólico. Aquí está
el problema, no es un órgano del cuerpo, ya que si fuese un órgano nos volvemos
de nuevo al significante. No hay corporificación más
que por el significante y lo incorporal nos lo dará el objeto "a".
¿Se ve entonces por qué indicar que el estar
privada/o marca la entrada en uno de los lados del goce? Pero que se nos
lía habitualmente con la anatomía. Por eso Freud se equivocó y
nosotros vamos sin luz, aunque con la linterna que nos dejó Lacan.
Pongamos un poco: en el lado femenino no hay que confundir nunca el
deseo como Otro barrado que tapona con un objeto imaginario (el deseo de falo
imaginario en la mujer que produce, si
es el caso, el deseo de hijo escrito en el álgebra lacaniana
Por otro lado, el deseo de falo imaginario en el
lado hombre es la clásica ecuación falo= chica. El que se sitúe en el lado
macho debe renunciar a él, y no quedar en esa rajadura del objeto según Freud o
en el deseo centrífugo de la busca del falo: sea como virgen o como puta, si quiere abordar la mujer mejor; por ahí pasa
también su castración denominada simbólica. Se suele tener confundido, y no se
aclara suficiente, que justamente es la mujer la que por el hecho de entrar por
la privación es la que tiene derecho a falo imaginario sea vía el hijo
(hijo pedido al padre, decía Freud, y no pidiendo un pene a la madre, lo que la
atasca y la deja en el estrago), sea por el órgano erecto en el varón o
vaya usted a saber. Insistimos, el varón es el que tiene que renunciar al
falo imaginario.
Claro, el varón renuncia al falo imaginario para
poder vehiculizar el falo simbólico para un mujer, mientras ésta sostiene el "a" de su
fantasma. En revancha, el de ella aparecerá muchas veces como fantasma del Otro
y tomará al hijo como objeto "a’ ". Ella se deja tomar por
objeto de goce donde a él le es muy difícil, porque le devuelve al goce del
Otro. Por eso, para el lado macho la mujer es un sinthoma
y en el lado hembra el hombre no lo es.
¿Qué hace pues que se entre al falo por uno de los
lados o por el otro? La operación real privación aplicada sobre un objeto
simbólico ¿ese pene que no falta porque no
debería estar, pero algo dice que falta? Volvamos al agente, el padre
imaginario. ¡Qué función fundamental tiene en la elección de lado! Es el que
decide, si opera, si se entra por el todo del lado femenino “no
existe uno que no”, o por el todo del lado masculino “todos sí”. Todos que
deberán caer con las excepciones (no la singularidad) para el goce macho y con
el mè pantes (no-todo,
singular) para el goce hembra.
¿Cómo lo hace? Es decir, para que esto no quede al
arbitrio de
Mi solución sigue dos líneas: una, la operación
real nos vuelve a un término utilizado ya por Lacan para la falta y la
libido como órgano, lo irreal,
es una operación en cierto sentido irreal. Por otro lado, la segunda línea, un
objeto simbólico, si no queremos desnortarnos y volver a la teoría del signo
(los que han vuelto a la debilidad en el pensamiento y la fortaleza en la
política), nos exige una mejor comprensión de los registros y el nudo y
quizá.... En eso estámos, y de paso intentamos
escuchar cada vez mejor a las mujeres y mucho a los varones que ¡ay, ay!
cómo están.