La relación entre las tres caras del abjeto y las tres modalidades de la castración

 

 

 

 

La cara simbólica o causa del deseo y la castración del Otro. Deseo inconsciente y demanda

 

Ya Lacan, en el añadido al Seminario de la carta robada (paréntesis de los paréntesis), sitúa el 1 del rasgo unario fuera de todas las cuplas de la cadena significante como la repetición de dicho rasgo. En el Seminario de la Identificación (cuando empieza en serio su doctrina y no sólo la lectura de Freud) nos da la primera relación entre el rasgo que se re-pide (demanda) y el objeto que se pierde. Es la figura del toro. Se trata de la corporificación de un organismo en forma de cuerpo de goce. El objeto “a”, ahí, ya no es sólo el objeto imaginario petit “a” que se articulaba en la tópica del espejo con , sino que es un objeto causa del deseo y siempre “fuera” por estar en el agujero tórico, es decir, no pertenece a la textura del deseo y la demanda, pero está “ahí al lado”. ¡Qué perfecta manera de situar el recorrido del que se obtendrá la pulsión freudiana y al mismo tiempo situar el objeto fuera del cuerpo pero ahí mismito!

 

La pregunta inmediata es ¿la corporificación en la psicosomática también es tórica? Yo creo que no, apunta más a una esfera y de ahí que el objeto quede pegado al cuerpo. La relación ahora con la castración no es con (aunque Lacan lo arrastre en las operaciones entre el Ello y el Inconsciente) sino con , la castración del Otro. Es del  de donde se obtiene ese significante magnífico y su dobladura: el objeto pérdida. Sólo hay que ver el esfuerzo de los esquizofrénicos, mediante la repetición de actos sexuales, por situar esa pérdida cuando te indican que buscan el sexo con furor para “tener una experiencia límite” en el doble sentido de fuerte y limitadora, búsqueda que les suele acarrear un ingreso.

 

Creo que, como Lacan hacía equivalentes y  , se permitió el camino de articular esa cara simbólica del objeto con . Nos hubiera despistado menos si lo hubiese hecho con en los Seminarios XII-XV. Quizá no lo vio tan claro como lo indicamos y por eso no acababa de diferenciar netamente causa del deseo y petit “a”.

 

¿Cómo situar espacialmente ese objeto en relación al sujeto, de forma que sean dos campos distintos y al mismo tiempo pueda articularse con la propiedad en el espejo de las imágenes no-especulares? Además, el campo del deseo no debe tener dos caras o doble inscripción. Pues con un plano proyectivo, en el que, desde la tópica del inconsciente, se pueda efectuar en él un corte especial en repetición (ocho interior) que divida a dicha superficie en dos pedazos (la desconexione o separe) sin romperla y que dichos dos pedazos tengan propiedades distintas: esférica y a-sférica.

 

Nos aparece entonces que entre el toro de la demanda-deseo y el plano proyectivo del fantasma o del deseo-realidad debe establecerse alguna relación. Es lo que sitúa en “L’Etourdit”, operación denominada involución significante. ¡Qué camino tan bien establecido! Es la articulación entre el eje del semejante, y su tópica del espejo, y el eje del inconsciente y su tópica de la significación.

 

Dicho con más precisión, entre la cadena de la demanda, cuya extensión es un toro, y las cadenas significantes (pulsionales y del Otro), cuyo efecto es el fantasma con extensión de plano proyectivo, se da una relación de ida y vuelta. No hay que olvidar nunca que la extensión de las cadenas significantes son triangulaciones del espacio. De esas triangulaciones de dimensión 2 se obtienen mediante la operación borde de una cadena, que es un círculo de dimensión uno, esos círculos que actúan sobre el plano proyectivo o sobre el toro. Véase el dibujo, como si la tópica del inconsciente articulase tanto el fantasma como la Demanda:

 

Plano proyectivo inmergido y su corte de la banda para extraer el objeto “a”

 

                                              

                                                


Cadena significante bidimensional y su borde unidimensional

                                  

 

                             Operación borde de una cadena            Efecto sobre el fantasma

                                                                                           Efecto sobre el cuerpo 

                                  

 

 


 

Toro de la demanda y el deseo con el objeto “a” metonímico

 

                                                  


La cara imaginaria y la castración simbólica. Narcisismo y fantasma

 

Se tapona  con un fantasma y entonces se sitúa con un objeto, que denominamos de ganancia, el “a” imaginario o petit “a” en sentido estricto. Esto permite recordarnos que el objeto petit “a” es una imagen que “sí que se ve en el espejo”. Es un error muy habitual pensar que “no tener imagen especular es no tener imagen en el espejo”. No tener imagen especular quiere decir que la imagen del objeto “a” en el espejo plano no es diferenciable de dicho objeto, es decir, que las flores del esquema óptico, a y a’, no son orientables y por lo tanto son indiferenciables la una de la otra. Por eso el objeto “a”, en su cara imaginaria, es persecutorio si se extrae de la realidad. El esquizofrénico testimonia de ello cuando tanto encuentra la mirada de los otros “delante” (flores a’), como “detrás” cuando se vuelve de golpe por la calle, (flores a).

 

Lo que no tiene imagen en el espejo es . Por eso es el reservorio libidinal o de donde brota la libido. Con este  es con el que se articula el “a” imaginario para dar la estructura “fetichista” del objeto en el espejo. Es a causa de una operación en el inconsciente por lo que se sitúa  en el centro de la imagen narcisística, pero para hacerlo debe pasar por introducir dicha castración en el fantasma. De forma que el “a” imaginario añadido a la imagen  corporal tapone el agujero en el centro de las imágenes que introduce . De aquí la complicación de la tópica imaginaria, ya que se articulan 4 elementos a la vez: i(a), a,  y . Uno aportado por el espejo: i(a); otro como objeto imaginario, signo degradado del significante fálico: ; otro, aportado por el espejo pero recubriendo un objeto simbólico: “a”; y finalmente, uno simbólico aportado por el inconsciente: .

 

 

 

 

La cara real del objeto o plus-de-goce y la castración del inconsciente. Goce fálico y goce del Otro

 

¿Qué faltaba? Pues introducir el goce “pulsional” y no sólo la demanda. Es decir, que bajo ese objeto ganancia imaginario que recubre el objeto pérdida no sólo estaba el deseo, o sea, que debía ser un objeto de goce para ser pulsional y no sólo como imagen sostenedora del deseo añadido al goce narcisista (espejo).

 

Además debía ser reencontrado en el cuerpo del semejante y no en el propio, es decir, abordar el encuentro de los dos sexos en el goce y no sólo en la comedia de los sexos. Comedia en la que cada uno es la causa del deseo del otro diferenciándose entre ellos porque uno hace semblante de tener el falo imaginario y el otro de serlo.

 

Aquí viene la gran cabriola de Lacan, el cuerpo del semejante simboliza al Otro del goce, con lo que se establece una relación entre el significante por el lado del Saber del inconsciente y el significante como sustancia gozante, tema bien complicado ya que aparece un Otro del goce compacto (para terminar de una vez con el concepto de pulsión), o como una sustancia gozante compacta aunque debida al significante. Lacan se negó siempre a postular una letra de goce “anterior” al significante, por lo cual lo de la sustancia gozante es complicado, pues parece algo más que el significante. El significante es denso[1] y no compacto como el goce. No sigo por este camino, pero parece que necesitamos más topología y lógica para eso.

 

Aquí ya no se trata de topología de círculos, sino de topología de letras o de conjuntos (que para Lacan son lo mismo ¡qué fantástico paso!). El Otro como conjunto-espacio puede ser recubierto por un tipo especial de sus subconjuntos (los abiertos), y, si es compacto, podrá ser recubierto por una colección o familia finita aunque él sea infinito. Nos acaba de introducir los posibles objetos recortables en el Otro como contables o numerables. Ya no hay que ir al infinito no-numerable de La mujer como el psicótico (empuje a la femme). Es decir, los pluses de goce no son más que una letra para recuperar como tapón ahí donde el significante se sitúa frente al infinito infinitamente infinitizable, o el horror de los horrores. Letra que está siempre empotrada en el nombre que el sujeto se da. 

 

La relación de esta cara del abjeto con la castración se hace mediante la modalidad del falo simbólico. Si el falo reprimido en el Otro  constituye el inconsciente, es decir, separa el inconsciente del goce del Otro, entonces puede pensarse que el significante en sus operaciones  de significación atrapa todo ese goce, o puede pensarse que no. La clínica indica que no. Luego el inconsciente está castrado por estar sometido a la significación fálica (si el falo está afirmado). No puede con todo el goce del Otro, de ahí que estar en lo fálico sea estar castrado en un sentido nuevo. La denominamos la castración del inconsciente. Si hay forclusión fálica no hay inconsciente, o uno precario, y todo es goce del Otro. De nuevo en la psicosomática aparecería ese goce en el cuerpo directamente. Una escritura que no está hecha para ser leída ¿un dibujo en el cuerpo?

 

Aquí aparecerán dos posibles cuantificaciones de esa castración, lado macho y hembra. El cuantificador “no-del-todo” y otro que no explico ahora. Y donde el falo no llega aparece el plus-de-goce, goce a-sexuado de la antigua pulsión freudiana. Plus atrapado también en el fantasma para el lado macho. Es decir, que la flecha que en las fórmulas de la sexuación va del sujeto dividido al “a” para el macho no es el fantasma, como suele entenderse, sino lo que se añade de goce al fantasma. Y para el lado hembra será el , es decir, lo que será para los hijos el fantasma del Otro materno.

 

Por eso, al final de la cura, además de dicha castración hay que hacer caer la existencia de ese Otro; de lo contrario no hay manera de terminar.

 

Si además pensamos en lo que no se puede escribir, entonces tenemos la modalización Lacaniana y aparece el eje de lo real como lo imposible, mientras que el goce del Uno es lo necesario, y el inconsciente lo contingente, quedando las palabras (mots) para lo posible.

 

 

La geometrización topológica de las tópicas, el objeto y las castraciones

 

 

Creo que ahora podemos situar este álgebra en la topología que estamos trabajando; la topología como geometría alternativa al espacio de Descartes y sus derivaciones. Si ponemos el objeto en relación con las castraciones tendríamos:

 

 

 

                                  

 

 

Pero si nos salimos, como siempre, del plano y triskelizamos en vez de intersectar:

 

 

 

 

 

 

Cada trozo de recta da una de las caras del abjeto y en los cruces de las tópicas tenemos las castraciones. Se visualiza que para situar bien lo real como imposible, el más allá del inconsciente y del goce del Otro, como goce Otro (la imaginarización de un real más allá de lo articulado por lo simbólico, tema relacionado con el para el litoral femenino y con I(A) para el masculino) hay que romper este triskel y pasar a la cadena de cuatro.

 

 

Con esto aprovechamos para situar los diferentes usos de la topología que hace Lacan:

 

a)      Topología simplicial o de Homologías para situar la cadena significante y sus bordes.

b)      Teoría restringida de nudos, tóricos, para articular el toro del sujeto y el del Otro: deseo y demanda.

c)      Topología de la Homotopía para situar los bordes de la cadena significante en las superficies del plano proyectivo y del toro.

d)     Teoría general de superficies y dimensiones, para hacer las superficies y sus propiedades. Cortes efectuados en ellas por dichos bordes. Además, para poder graficar la teoría de la metonímia entre las superficies tóricas y las uniláteras (plano proyectivo y botella de Klein).

e)      Topología de conjuntos (letras) para situar los objetos plus-de-goce en el “espacio”, n’espace, del Otro.

f)       Teoría general de nudos dóciles para efectuar la articulación entre las tópicas y los goces. La nominación y el sinthoma, es decir, para la geometría del aparato psíquico.

 

 

Y todo ello articulado con las distintas lógicas: intuicionista, modal y existencial modificadas. No debemos olvidar que la ciencia prínceps del psicoanálisis es la lógica y que las modificaciones son necesarias por varias razones: una, para situar el universo de la falta; dos, para que sea una ciencia de lo real y no de lo simbólico, como en la filosofía y la ciencia; tres, para situar la verdad como un producto del discurso, es decir, como un nuevo Saber en el momento en que se inventa para suplir la falla en lo real. Por eso lo real debe estar triskelizado con los otros dos registros representando ese imposible que se capta en los impases de dicha lógica, un real no-para-saberlo a diferencia de la filosofía y la ciencia. Un real con dos características: tiene una falla, falla que el aparto de escritura no puede arreglar: la relación sexual no se puede escribir; dos, a causa de ello sólo podemos metaforizarlo. La mejor explicación está en el Seminario de los nombres del padre, lección VIII. ¡Cómo no iba a ser la lógica la ciencia prínceps en un discurso basado en el lenguaje! De la misma forma que la historia de la filosofía está plagada del estudio de la filosofía del lenguaje, en el discurso del analista hay que hacer lo mismo, pero claro está, una lógica que no sea la apropiada para el discurso del amo en el que la filosofía está basada. Si el discurso del amo sitúa el saber en el Otro y su compañero, el discurso universitario, gira un cuarto de vuelta para que sea el Saber el que comande el discurso, pero con el amo en el lugar de la verdad, en el discurso del analista hay que efectuar una operación semejante con el discurso histérico, condición del análisis. La cuestión es entonces ¿qué lógica para el Saber del inconsciente? No se nos escapa que si del discurso del amo y su compañero se ha obtenido con el tiempo el discurso pulido, y basado en la escritura, de la ciencia, del discurso del analista y su compañero (el discurso histérico) deberá desprenderse un discurso que denominamos con un neologismo: matemético. De eso estamos hablando en nuestro seminario, siguiendo la vía abierta por Lacan, es decir, leyéndolo con sus propias herramientas como a cualquier analizante (eso decía él que era) y alguna más, cuando hablamos de las posibilidades de matema-ción. 



[1] Denso quiere decir que entre un significante y otro siempre puede construirse uno nuevo, pero que entre un significante y otro quedan “poros”. No hay “poros” en la compacidad. Por eso esos “poros” son utilizados para que sean el deseo como resto de las operaciones significantes.