Joaquín Garrido Medina, Lógica y
lingüística. Editorial Síntesis.
Carlos Bermejo
Este libro es un abordaje de la lógica desde el lenguaje, y no desde la matemática como suele ser habitual en la actualidad. El hecho de que parta de las oraciones para llegar a la formulación lógica nos permite indicar que es una lógica del discurso. Entendemos por discurso, no el concepto lacaniano, sino lo que entiende el lingüista Emile Benveniste – el discurso hablado basado en la oración y el vocablo (segunda significancia del lenguaje) y no en el signo y el sintagma (primera significancia); discurso que nosotros denominamos discurso común. Es, pues, un abordaje desde la gramática de la lengua, no desde la semiótica sino desde la semántica.
El hecho de plantearse el libro así tiene de entrada una doble ventaja para los psicoanalistas. Por un lado, ventaja práctica: la formación lingüística de los psicoanalistas, sin ser buena, no es tan escasa como su patente analfabetismo en lógica; además, en el campo lacaniano el amor al lenguaje suele estar presente, aunque desgraciadamente acompañado de su partenaire narcisístico con relación a los aparatos de escritura llamados artificiales o “sintaxis endurecidas”. La otra ventaja es que, aunque se parte de la lengua y no del signo semiótico o semiológico (Benveniste no los diferencia), todo el paso a la rigorización lógica se efectúa, no por medio del sentido (Benveniste no confundió nunca como hacen los teóricos del lógico-positivismo el sentido con la semántica), sino por medio de la denotación –la significación en Lacan. Esta segunda ventaja es crucial para entender el uso que hace Lacan de la lógica y sobre todo cómo la modifica para que sea una lógica del significante y del psicoanálisis, y no sea una lógica del signo como en la ciencia. Éste último es un aspecto muy mal comprendido por los colegas y este libro puede ayudar a re-orientarlos.
Volvamos al libro: éste comienza con conceptos básicos de lo que es un lenguaje artificial y pasa rápidamente a la lógica de la verdad. El tercer apartado es el que nos parece crucial para los psicoanalistas; en él se explica la cuantificación y sus dificultades. En particular, los problemas con los nombres propios, genéricos o singulares, amén de los problemas de existencia. Nos referimos a lo que Russell denomina “teoría de las descripciones" y que el libro trabaja mediante los operadores iota, eta y lambda. Es básico entender dichas articulaciones para comprender lo que efectúa Lacan en los Seminarios XVIII, XIX y XX. Nos referimos a la escritura, la existencia y la ex-sistencia. El concepto de existencia tiene su definición precisa y es la que en principio Lacan utiliza para lo que se escribe, aunque luego la modifique un poco para adaptarla a la tesis de que no hay metalenguaje (ver primeras páginas de L’etourdit).
Pasemos ahora al apartado sobre la modalización; allí encontrarán lo básico para comprender por qué hay que modalizar el discurso, y sobre todo la diferencia entre lo real y lo simbólico. De todas maneras, es un apartado algo flojo, ya que no profundiza demasiado en la modalidad alética[1]. Por el contrario, aporta algo de lógica del tiempo clásica, lo que permite, por comparación y contraste, comprender mejor la lógica del tiempo lacaniana y sobre todo comprender que la modalización alética que Lacan propone, bastante diferente de la de Aristóteles, también incluye el tiempo, el tiempo del discurso.
En el apartado cinco tienen una novedad, la lógica fuzzy. Es muy de agradecer su inclusión, ya que evita tener que acudir a una obra especializada para entenderla. La lógica de la ex-sistencia para el psicoanálisis necesita con urgencia ponerse a punto y desarrollarse mediante dicha lógica, llamada flou en francés y vaga o difusa o borrosa en castellano. ¿Por qué es necesaria para el psicoanálisis? Pues porque filosóficamente diríamos que la lógica habitual habla de la parte en el todo, inclusión o implicador según se mire, mientras que la lógica difusa habla del todo en la parte: ¿cuánto el todo está presente en la parte o pertenece a ella? Si quieren decirlo de otra manera, es el operador de pertenencia de Peano, pero a la inversa. Esa pertenencia del todo a la parte es formalizado mediante el concepto de pertenencia con grado y logicizado mediante unos valores de verdad infinitos entre la verdad y la falsedad. Es el conjunto de los números entre cero y uno. El déficit del texto es que no trabaja el gran avance de dicha lógica, que es el concepto de variable lingüística en oposición a las variables matemáticas, que son numéricas (y que en su momento nos serviran para el cifrado del goce). Debemos resaltar que la lógica difusa, mediante el concepto de variable lingüística, consigue articular una variable basada en el significante y una variable basada en el número, lo que permite rigorizar extremadamente bien el cifrado de goce (la letra) y el descifrado de goce (el significante).
Una variable lingüística es un predicado y modificadores de él que se convierten en valores lingüísticos. Por ejemplo, el predicado opaco puede convertirse en la variable opaco con los valores muy opaco, no muy opaco, más o menos opaco, poco opaco, nada opaco, etc. ¿Para qué esto? Lo real es lo imposible, es decir, lo que no cesa de no escribirse; no se escribe en el acto en el que se escribe algo (Lacan lo rigoriza con el operador cuantificacional modificado no-del-todo). Entonces, algo pasa y algo no pasa a lo simbólico; podemos decirlo así: algo no pasa del-todo a la parte. El semblante fálico puede y debe ser cuantificado ya no sólo mediante una cuantificación de tipo existencial, es decir, convertido en una variable de apariencia, que es lo que hace Lacan, aunque sea modificada, sino que debe ser cuantificado mediante una variable lingüística.
Mediante una variable lingüística podremos suavizar las diferentes posiciones fálicas de modo que el no-del-todo fálico tenga muchos valores posibles, lo que permite mucha más riqueza rigorizadora sobre lo que escuchamos en los divanes desde el lado femenino. También permitirá mejorar las fórmulas del lado masculino, ya que éste no quedará obligado a estar en la oscilación entre el todo y el “existe uno que no”, de modo que mediante la diferenciación de la negación y el antónimo, que sólo la lógica difusa permite, aparecerá una variedad de excepciones del todo que también cuadran mejor con la clínica; una especie de estratificación de la castración. Además, el antónimo permite ligar mejor el semblante fálico y el objeto plus-de-goce proveniente del discurso, fórmula que en Lacan es aparece un poco abrupta, F (a).
En el apartado sexto, que es un poco más complicado, encontrarán tratado el problema de la presunción, es decir, cuando un nombre propio o descripción resulta que no existe (se lo presupone) y las diferentes soluciones que hay. Básico para el psicoanálisis, ya que la nominación (primera identificación al padre) y la significación del ser de goce, en psicoanálisis, son dos cosas distintas y, sobre todo la segunda, no puede formularse mediante la existencia, ya que haría que el sujeto existiese, o mejor dicho, haría que existiese un ser de goce simbólico que sería equivalente al sujeto, lo que tendría por consecuencia deshacer toda la diferenciación entre el significante que representa al sujeto, el signo del sujeto (plus-de-goce representado por el objeto “a” minúscula) y el goce denotado mediante el semblante fálico; es decir, rompería todo el dificultoso entramado que Lacan aparta para la doctrina.
En la tercera parte, que es definitivamente complicada, está tratado uno de los aspectos caros a la doctrina psicoanalítica, la relación de la sintaxis con la semántica, o dicho de otra manera, la diferencia entre el sentido y la significación. La imposibilidad de que las dos sean isomorfas. Sabemos que Lacan indica que la significación es neutra (“…ou pire”) con respecto al sentido. Los lógicos, para diferenciar en las sustituciones los valores de verdad (significación) del sentido, construyeron la diferencia intensión-extensión. Nos retrotraemos al escrito de “La proposición del 9 de octubre” en la que Lacan, mediante la lógica en un plano proyectivo, establece la relación entre intensión y extensión. En un trabajo nuestro, Lógica y topología de la proposición del 9 de octubre, hemos indicado cómo la intensión pasa a la extensión. De todos modos, pensamos que debe ser pensada de nuevo a la luz de sus últimos desarrollos sobre lo real, el falo y sobre todo con el nudo; ¡queda pendiente! El futuro es pasar a la cuantificación fuzzy y de ahí a la topología fuzzy y volver a pensar la relación intensión-extensión.
No queremos terminar esta reseña sin hacer un cometario
sobre una sinonimia utilizada en el libro. Nos referimos a la utilización de
los términos referencia, denotación y designación como equivalentes. Es lo
habitual en la ciencia actual, sea de raíz conjetural o empírica. En
psicoanálisis no debemos confundirlos (Seminario XVIII); incluso Peirce,
en su libro Escritos sobre el signo, marcaba e insistía en la diferencia
entre la denotación y la simple referencia o la simple designación,
considerando estás últimas no-signos o signos degenerados. No insistimos más,
pues lo mejor es leer tanto a Peirce como a Lacan, pero remarcamos que en su
centro está la diferencia entre pensar lo simbólico como una reducción a lo
imaginario (dimensión dos) y pensarlo mediante un nudo a tres.
Barcelona, octubre de 2003
[1] Para quién desee profundizar un poco más en ella le recomendamos el excelente libro de G. Henrik Von Wright, discípulo de Wittgenstein, “Ensayo de lógica modal”. Éste ha aparecido en diferentes editoriales.