SUMARIO

 

El tiempo lógico en el establecimiento de las sesiones.



Montserrat Romeu Figuerola

 

 

En esta presentación pretendemos exponer la necesidad de un tiempo desde que una persona, un neurótico, llama a un psicoanalista para pedir una primera entrevista, hasta que dicha persona formula su compromiso a venir regularmente y con una cierta frecuencia. Para ello se deberá pasar por una serie de vacilaciones, propias en cada caso, pero necesarias para poder  establecer un compromiso, a la vez que a lo largo de la cura dichas vacilaciones podrán volver a surgir. Hoy nos referiremos al momento de la entrada, en donde una persona llama a un especialista al que en muchos casos no conoce; como mucho, puede tener alguna referencia, pero en todo caso no sabe dónde  va, y aun más cuando quien llama está fuera del campo analítico.

 

Será conveniente que, desde esta primera llamada, el sujeto pueda poner en juego su propia elección, más allá de la referencia o la información que haya tenido previamente; y para ello será necesario un tiempo lógico. Muchas veces es la angustia o el sufrimiento lo que determina que alguien llame a un analista por primera vez, y en muchos casos tal angustia hace precipitar la decisión de pedir una posible cura; se tratará, pues, de poner a prueba tal decisión, es decir, hacer que el sujeto pueda formular una demanda y comprometerse con ella, para que dicha decisión no sea yaanticipada por la angustia.

 

Para ello, será necesaria la intervención del analista, el cual debe permitir que el sujeto entre en la experiencia subjetiva, lo que le llevará o no a formular una demanda.

 

Si leemos el artículo de J. Lacan "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma." (Escritos 1), veremos cómo Lacan planteará los tres tiempos (tiempo de ver, tiempo de comprender y tiempo de concluir) como tres tiempos que no se articulan entre ellos de una manera lineal y cronológica. También veremos cómo, en dicho artículo, pone en juego una estructura temporal en donde los fenómenos se significarán; nos referimos a las mociones suspendidas (las cuales suponen el hecho de poner la duda en juego), y cómo dichas mociones, que son una parte misma del proceso, serán la manera de comprobar y verificar aquello subjetiva y anticipadamente concluido. Intentaremos ilustrar lo dicho con una presentación clínica:

 

A. acude a mi despacho por primera vez en Noviembre del año 2000; tiene 20 años y estudia derecho. Ella ha vivido siempre junto con sus padres, hermana, abuela y perrito, hasta que empezó la carrera, momento en que se instala en otra ciudad; a partir de entonces, va cada fin de semana a casa de sus padres; los primeros años estaba en una residencia de estudiantes, y después se instalará en un piso (le sale más económico) que compartirá con dos compañeras procedentes de su ciudad natal.

 

El motivo de su llamada es que tiene una fuerte ansiedad, llora mucho y se siente una desgraciada, al tiempo que supone que los otros son felices. Durante la semana está bien, pero cuando llega el fin de semana y va a casa de sus padres, se pasa el tiempo llorando; después regresa a la ciudad donde estudia y al principio también llora; el hecho de tener que cambiar de ciudad la hace llorar; los cambios le cuestan. A. parte de la siguiente formulación: "sufre y tiene que llamar a un especialista para curarse". Es ella quien ha tomado esta decisión, y su familia está conforme. Busca información sobre un psicólogo (hace referencia a la psicología; el psicoanálisis es algo que todavía no conoce) y la obtiene.

 

Presentaré el caso en tres periodos, necesarios para establecer su compromiso, tanto con el seguimiento del tratamiento como con la frecuencia de las sesiones; en dicho proceso deberá pasar por una primera transferencia en la que la analista va a representar el ideal del yo, para poner en juego cierta falta y, si es posible, poder formular una demanda.

 

1 La entrada

 

2 Empezar a poner en juego la demanda

 

3 Formular una conclusión

 

 

1-    Entrada:

 

A. es una chica guapa, muy expresiva, con mucha teatralidad y aparenta una gran ingenuidad. Inicialmente, la voy citando con una frecuencia de dos sesiones semanales, sin comprometernos previamente en ninguna frecuencia en cuanto al número de sesiones. En las primeras entrevistas, verbalizará que no se quiere hacer mayor (cuando le vino la regla no le gustó, significaba hacerse mayor); además, a ella le gusta sentirse el centro del grupo, le gusta ser como una estrella de cine y que todos la admiren. Dirá: "Lo quiero controlar todo, lo quiero tener todo y estoy muy pendiente de lo que dicen los demás". Escogió hacer derecho para ayudar a la gente débil ante las injusticias; nadie de su familia es abogado y sus padres, cuando ella decidió estudiar dicha carrera, más bien le dijeron que se lo pensara, porque se trataba de una carrera de mucho peso y que quizás no podría soportar (se referían al hecho de poner tanta dedicación en unos estudios).

 

En pocas sesiones, dirá que está contenta porque ve que se puede curar. Venir a esta ciudad y hacer derecho fue algo que escogió ella; en su familia lo hacen todo juntos, y darse cuenta de que ésta ha sido una decisión importante tomada por su cuenta la satisface y la hace sentir más fuerte. En esta ciudad lo ve todo distinto, ve cómo la gente se hace mayor; le gusta apreciar esta diferencia, pero verbalizará que sigue sin querer hacerse mayor.

 

Estas primeras sesiones calmarán su ansiedad, sus llantos y malestar disminuirán, y, en la medida que se siente calmada, al cabo de unas seis semanas de venir, pedirá acudir una sola sesión semanal; el motivo que alega es que se encuentra más tranquila y, además, hasta el momento sus padres pagaban una sesión semanal y ella, con sus ahorros, pagaba la otra sesión semanal; se le han acabado los ahorros y no quiere pedir más dinero a sus padres. Ella estudia con becas, y no quiere que sus padres le den tanto dinero para venir, a pesar de que sus padres en ningún momento ponen obstáculo económico a que venga. Sin embargo, para ella sus padres son "pobrets"[1], expresión que usa habitualmente para referirse a ellos y ante la cual intenvendré cuestionando: "Són pobrets?"[2], preguntaré también si hay problemas o dificultades económicas. Ella se sorprenderá, pues verá cierta inconsistencia en el significante "pobrets", ya que nunca han pasado por dificultades ecónomicas en su casa. Más adelante veremos como el significante "pobrets" no se reduce a una cuestión de tener o no tener dinero.

 

Pero partimos de la siguiente evidencia: quizás los padres no son tan pobres, ya que si pueden pagar no son pobres del todo, lo que va a suponer un instante de la mirada y quizás va a necesitar que la ayuden en aquello que ella no puede hacer sola. Aquí relaciono mirada y falta.

 

Le sugeriré que hable con sus padres y que, en todo caso, podemos intercalar una sesión semanal con dos sesiones semanales; estará de acuerdo. Pero le resulta muy difícil admitir que sus padres destinen tanto dinero para que ella acuda a las sesiones; ella quiere ser perfecta y autosuficiente; le responderé, como sin darle importancia: "Bueno, a veces los padres ayudan a los hijos". Normalmente, manifiesta sorpresa ante mis comentarios.

 

Sus padres no van a poner obstáculo económico para que venga, pero el hecho de que su hija vaya a un psicólogo no les gusta, sobre todo a la madre, que le preguntará en muchas ocasiones hasta cuándo debe ir. Para ellos, incluso para A., ir al psicólogo o al psicoanalista supone no estar bien y además les remite a la enfermedad de la abuela, como veremos más adelante. A. dirá en ocasiones: "Es como la idea de que si estoy en tratamiento es porque estoy mal y esto me recuerda a la abuela", aunque dice saber que en realidad no es así.

 

Aquí podríamos obervar un cálculo fantasmático familiar: si estás enferma vas al médico o psiquiatra o cualquier otro profesional del Psi. Luego, si no vas al médico es que no estás enferma. Quizá sirva, porque nos aporta un elemento del piso imaginario de la enunciación (línea que va del fantasma al deseo) interviniendo en los cálculos del piso del enunciado (va de S(A) a A), en el que ella se sitúa, y en el que debe formular una demanda para pasar al piso de arriba.

 

A. vino con la idea de que con tres o cuatro sesiones arreglaría su problema, su ansiedad; y acudir a las sesiones le resulta difícil porque, por un lado, supone que si viene es que está muy mal y, además, según ella, seguro que de la facultad es la única que acude a un psicoanalista, lo cual no le gusta nada; como tampoco le gusta admitir el dinero de sus padres. Pero, por otra parte, le gusta venir porque así se da cuenta de cosas que antes no hubiera pensado. Va a seguir viniendo, pero tendrá que pedir a sus padres que le den algo más de dinero para las sesiones, ya que ella no puede pagarlo todo: ¡Está en falta! Los padres accederán, pero lo difícil para A. es ver cómo sus padres dejan de gastar en otras cosas para destinar el dinero a las sesiones que ella necesita; esto le resulta  complicado, pues detrás de esta dificultad está el hecho de que sus padres no le ponen impedimento para venir, pero no les gusta que venga.

 

2-    Poner en juego la demanda:



En este punto voy a hacer referencia a:

 

a-     Realidad familiar

b-     Analista como Ideal

c-      Sexualidad

d-     La vacilación en el tratamiento

 

 

a- Realidad familiar:

 

A. es la mayor de tres hijos; su hermana es 5 años menor que ella y con su hermano se lleva 7 años. Nació prematura a los 7 meses; parecía que su madre no podía tener hijos (antes de nacer ella, tuvo cuatro abortos naturales) y cuando sus padres ya daban por perdido el hecho de terner hijos, vino ella. Cuando nació fue el centro de atención de sus padres, estuvo muy mimada; de recién nacida su madre siempre estaba pendiente de que no se muriese, y dejó de trabajar para cuidar de ella y luego también de sus hermanos. Veremos que en ella habita el fantasma materno de que, si vive,puede morir; la relación con la madre está impregnada de esta idea.



En cuanto al padre:

 

De pequeño, lo pasó muy mal porque sus padres se divorciaron. El padre (es decir, el abuelo de A.) se fue a Latinoamérica y la madre, la abuela, internó a los hijos en un colegio y no los iba a visitar; el padre de A., de pequeño, estuvo internado y sin la presencia de sus padres; por eso, ahora, el centro de su vida es su familia. A. dirá que su padre siempre monta numeritos (manera de llamar la atención), que es muy teatral; ella se identifica con este rasgo paterno, pero con una gran diferencia: A. lo hace en serio, su padre no. A él, de joven, los amigos le llamaban "el conquistador", porque siempre llevaba detalles a las chicas. Le gusta mucho sentirse querido.


Sobre la madre:

 

La madre de A. dirá que ha sufrido mucho con su propia madre, es decir, con la abuela materna de A.; ya en la primera sesión explicará lo penoso que le resultó, que, cuando ella tenía 15 años, tuvieran que ingresar a la abuela en un psiquiátrico; la abuela siempre ha sido depresiva y la madre de A. siempre ha tenido que cargar con ella; en aquella época, A. se hizo la fuerte para apoyar a su madre: así, era ella quien acompañaba a su madre a visitar a la abuela; dirá que ella hizo el papel de padre, ya que éste, según A., no hizo nada, se mantuvo al margen. Debido a ello, A. decidió ser fuerte para cuidar a su madre.

 

Como el padre se inhibía, cuando la madre se ponía histérica, ella se entregaba a su madre, y veía al padre como el “malo de la película”. Asumía el papel de padre en la familia, pues tenía que parar los pies a la abuela, para salvar a la familia. Aquí me parece oportuno señalar la identificación histérica con el padre. La abuela amenazaba con que, si no la querían, se suicidaría; siempre los reclamaba y a veces hacía intentos graves de suicidio, lo que hacía que la familia no pudiera salir nunca y que estuvieran siempre pendientes de la abuela. Vemos cómo la amenaza de muerte cierra la posibilidad de vivir.

 

La madre dirá que ella y su marido (el padre de A.) se juntaron porque los dos eran unos desgraciados y necesitaban cariño y ahora quieren tener la familia perfecta que nunca tuvieron ni uno ni otro: una familia unida. Siempre le han dicho que estarían todos juntos, que lo decidirían y lo harían todo juntos.

 

Cuando ella se fue de casa para estudiar, su madre no esperaba que tomara esta decisión y dejó de hablarle porque la añoraba. Normalmente, cuando su madre se enfada con ella, que suele ser en cuanto A. tiene una opinión diferente de la suya, le deja de hablar y actúa como si ella no existirera: no le habla, no le hace la comida... hasta que se le pasa. Esto resulta muy angustioso para A.. Aquí quiero señalar un calculo fantasmático: "Si me habla, existo; luego, si no me habla, no existo." El objeto voz, como se verá, tiene una gran importancia en A.

 

Su madre siempre se queja, dice ser una desgraciada y echa la culpa de su malestar, sobre todo, al marido y a veces a los hijos. A. quiere solucionarlo todo, siente que estaría bien si su familia estuviese bien, hasta verbaliza que yo debería atender a toda su familia. A su madre la ve desgraciada, siempre con problemas y al padre, sin autoridad, y siente que ella tiene que solucionar todos los problemas porque los ve "febles"[3].

 

Por otra parte, se muestra muy unida a su madre, hasta el punto de que no puede ver la vida bien si no ve a su madre bien. Dirá: "Me pongo en el lugar de mi madre y ella se pone en mi sitio; siempre ha sido así, como si fuéramos dos espejos". Observamos la relación en el eje imaginario a-a´. Si su madre sufre, ella también debe sufrir; normalmente, la madre se dirije a ella para quejarse de sus males. És más, A. dirá: "Si uno de la familia sufre, es como si todos debiéramos acabar sufriendo". El analista le indicó: "Efecto dómino", y responderá: "Es verdad, pero si no, es como si te quedaras fuera."

 

En la actualidad, ella ya no sigue este juego y le dice a la madre: "Mira, yo no puedo hacer nada con lo que te pasa; en todo caso, háblalo con mi padre". A menudo, las quejas de la madre se refieren a su insatisfacción respecto al padre.



b- Analista como Ideal

 

 

A. me situará rápidamente en un lugar ideal, de perfección - Ideal del Yo. El hecho de oir mi voz ya la calma, más allá de lo que diga. Tendrá varios sueños en los que aparezco yo, y muchas fantasías alrededor de mi persona; se imagina, por ejemplo, a toda su familia viviendo en una casita al lado de mi despacho.

 

Al principio de su tratamiento sólo puede aprobar una asignatura con la que hace una paralelismo con la psicología; hablará de la importancia de este aprobado, ya que ello supone estar bien, porque, según ella, todos los psicólogos están muy bien; mi reacción será de extrañeza y preguntaré: "¿Todos los psicólogos estan bien? ¿Acaso los médicos no se ponen enfermos, no hay policías que delinquen, abogados que se saltan las leyes...?" Como es habitual, se sorprende y se alivia ante tales intervenciones, que marcan la inconsistencia en su discurso.

 

Después de unos meses de venir y estar en sesiones cara a cara, la presencia del diván en mi despacho le inquietará (además coincide con un momento en que yo hago cambios de mobiliaro). Le molesta ver el diván, preferiría que no estuviese o que estuviese en otra habitación: "Me intriga, no sé lo que es, dirá, y en parte, lo quiero saber, pero no me veo capaz de estar, y me imagino que si me tuviera que poner me levantaría, porque no podría estar sin mirarte, por eso me molesta, es como si lo quisiera esconder, pero está." Entiendo que en esta inquietud se ponen en juego dos aspectos: por un lado, en el triángulo imaginario, el diván sería el lugar del fi imaginairo, lo que supone un lugar para ocupar, luego ya no se tiene valor por uno mismo sino que se tiene por el lugar que se ocupa, por ser el falo. Más adelante, cuando ya ha pasado al diván, un día, en la sala de espera, ve dicho mueble en una revista y, muy contenta, me dirá: "¡Mira! Estoy contenta de verlo porque también es como si fuera mío."

 

Otro aspecto a tener en cuenta es que ella se sostiene por la voz; necesita que le hablen, y esto tiene que ver con algo fantasmático referente al objeto voz, que la calma y la hace sentir especial. Cuando decido que pase al diván, se preguntará: "¿Lo haré bien?", y lo primero que formulará será: "Yo quiero vivir en un cuento de hadas, quiero ser la princesa y vivir con la máxima felicidad y siendo yo la protagonista. Pero, en la vida real, ni todo es bonito ni yo soy la protagonista." Quiere ser un falo imaginario permanente; ella sabe que esto no puede ser, pero dice que es un mundo que se ha creado. Recuerdo que, en la acutalidad, su madre la abraza y le dice: "Sempre seràs la meva nena bona."[4] Ahora ella pone freno a estas expresiones de la madre.



c- Sobre la sexualidad

 

 

En un primer momento, no hablará mucho de este tema; en todo caso, se referirá
a lo siguiente: hablando de su hermana pequeña, dirá que le hacía de "mareta"[5], ya que sus padres decían que los hermanos serían para ella, y dirá: "Era mía, es lo que me dieron mis padres"; pero, sin embargo, esta hermana pequeña se reía de ella. Por lo visto, era muy mona y espabilada, pero entonces A. dice que de mayor puso "els collons sobre la taula"[6]. Mi reacción será: "¡Ah! ¿Tienes cojones?", y ella, sin ningún reparo, va a responder: "Jo ho he volgut tenir tot, ser como un nen i com una nena"[7]. Seguirá: "Cuando tengo ataques de histeria es porque algo que quiero no lo tengo. Y yo lo quiero tener todo". Con el hermano dice que se implicó menos que con la hermana, a pesar de que lo quiere mucho y “es su niño”.

 

A los 18 años, salió con un chico, pero al cabo de un tiempo éste la dejó porque le dijo que no le podía dar todo lo que ella necesitaba. En segundo de carrera, salió con un chico unos meses, pero rompieron. "Uso el sexo como un arma", afirmará. Con su novio actual, con quien empezó a salir unos meses después de empezar el tratamiento, a veces está triste porque no le hace caso. "Yo sé que, en realidad, no es así" -dirá-. "Yo quiero que siempre esté pendiente de mí, entonces cuando veo que no me hace caso, hago ver que me enfado y lo soluciono con sexo, ya que entonces sí siento que está por mí. Siempre estoy muy seductora". Busca lo que le falta a su novio en los otros chicos. Ella misma dirá: "Es como este mundo que me he inventado y no es real, donde yo tengo que estar en el centro y todos me tienen que hacer caso". Recordamos que, de pequeña, ella fue el centro para sus padres, estuvo muy mimada.

 

Ahora puede decir que está enamorada de su novio; antes no podía, porque decirlo suponía bajar del pedestal, era rebajarse. Quiere ser una flor y que su novio sea el jardinero, quiere ser la niña de su novio.



d-La vacilación en el tratamiento

 

 

Hace un año que asiste regularmente a las sesiones. Su vida cotidiana es mucho más tranquila (sale con su novio, no llora tanto...), y aparecerá la duda de qué hacer con el tratamiento, pues ya no sufre por los motivos que la llevaron a venir. Respecto a su madre, dirá que le sucedió algo importante: "L´altre dia, la mare em va agafar i em va dir: ‘la meva nena bona’; jo li vaig respondre: ‘Ja es fa gran, ja no és la nena bona.’ Fins ara, volia ser una nena bona. Que creixi li fa mal a la mare, ella vol tenir les seves nenes."[8]

 

Su abuela materna, según ella, no creció y por eso tuvo tantas depresiones; incluso el abuelo decía en muchas ocasiones que se había casado con una niña. "Mi madre tenía que cuidar a sus padres, ahora yo quiero ser una niña mayor". Ha comprendido que necesita ayuda y que para mejorar debe dejar de ser tan niña. Esto le ha permitido, como primera conclusión, comprometerse con regularidad, hasta el momento, con las sesiones. Pero esta primera conclusión se tambaleará. Estamos en la segunda vuelta del tiempo lógico.

 

Planteará lo siguiente: "Tengo la sensación de que ya no necesito venir aquí, pero tengo ganas de venir porque me gusta; pero en casa hacen un esfuerzo económico y me sabe mal, lo he de valorar. Vengo porque quiero, pero eso implica a mis padres; decidir hacer derecho no los implicaba porque me dieron becas y me cuesta mucho entender que mis padres me den dinero, porque he de ser autosuficiente. No quiero aceptar que los demás me ayuden. Representa que he de ser perfecta y ayudar a los demás. Por otro lado, si vengo, ¿hasta cuándo tendré que venir? Además, venir aquí es como ser más tonta. ¿Es lo que quiero yo o lo que quieren los demás? A mí el otro me hace dudar".

 

Le recuerdo que cuando ella no hace lo que su madre quiere, ésta le deja de hablar y hace como si no existiese. Así, para ella, es muy importante sentirse querida y muchas de sus elecciones tienen que ver con satisfacer a sus semejantes, para que la quieran.

 

Querrá salir de la duda en relación al tratamiento, planteándome de nuevo venir una sola sesión semanal. Le responderé que no, y le indicaré que, en todo caso, tiene que poder decidir si sigue viniendo o no, pero que reducir el número de sesiones no la ayudará a ello. Por un lado, seguir viniendo le da la sensación de que lo hace de manera rutinaria y por obligación, y además le cuesta mucho aceptar el dinero de sus padres; a ella, que quería arreglar los males de toda la familia, ahora la han de ayudar, en este caso económicamente.

 

Ante el agobio que supone para ella dicha situación, que se hace insistente y la bloquea, le propongo que, en lugar de quedar de nuevo para una próxima sesión, sea ella quien me llame para quedar o no quedar. Está de acuerdo y se compromete a llamarme.

 

Propongo la moción porque, si no, ya será tarde y no podrá concluir
bien, en el sentido de que, si decide venir por obligación, concluirá mal, y si se cansa del agobio de la duda y se va, también concluirá mal.

 

            Hay una escansión que propone el analista: quiere venir, pero no está segura de si es necesario soportar la ayuda de sus padres y el compromiso que supone el seguir con las sesiones. Será necesario que, con el trabajo hecho, pueda comprender y concluir en algo. Se trata de apelar al inconsciente y al deseo del segundo piso del escrito de Lacan “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”. Es una intervención con la que me aparto de su fantasma. Tal propuesta la calma y me da las gracias. Nos encontramos a principios de noviembre del 2001.

 

 

3-    Formular una conclusión

 

 

No había tiempo límite para que me llamara, es decir, para tomar la decisión de seguir o no con el tratamiento y con las consecuencias que cada decisión suponía. Pero sí había una presión “en ella” porque, si no llamaba, yo me podía enfadar. Esto jugaba en tanto que la presionaba: es la presión del tiempo de retraso; cuanto más tardaba en llamar, más me podía enfadar. Vemos la ligazón del tiempo de retraso del primer piso con la lógica de su fantasma imaginario.

 

A principios de enero del 2002 (han pasado dos meses), me llamará por teléfono y dirá lo siguiente: "Vull que quedem i vull seguir venint. Estava agobiada perquè pensava que estaries enfadada amb mi, però dubtava, m´agobiava pensar fins quan hauria de venir. Quan he deixat de pensar en el final, llavors he pogut trucar"[9].

 

El dejar de pensar en el final tiene que ver con dejar de pensar en la muerte. Ha podido poner una separación del fantasma materno y dejar de responder a la demanda de la madre. Va a venir a pesar de que a la madre no le guste que venga y además lo ha decidido ella por sí sola. Necesita ayuda, está dispuesta a que su familia le siga pagando las sesiones y a no dejar que la molesten mucho preguntándole hasta cuándo debe seguir viniendo, si es que no hay problemas económicos, como dicen.

 

Manifestará que quería ser una niña, pero que ahora quiere ser mayor. A partir de aquí, A. podrá hablar de una manera mucho más explícita de su sexualidad, ya que será algo que le va a inquietar. Su padre también estará muy presente en su discurso. Dirá haberse sentido muy cerca de su madre y abuela, y lo marca como una serie: abuela, madre y ella.

 

En la actualidad, vemos cómo ya puede dar una vuelta más al significante "pobrets", "Si em faig gran, la mare, pobreta, perd les seves nenes."[10]

 

En referencia al padre: para ella, su padre es débil y no la protege. Cuando la
abuela estuvo mal, él no hizo nada y permitía que fuera ella la que acompañase a su madre al psiquiátrico a visitar a la abuela. Le molesta que, cuando pasa algo, su padre se preocupa, pero no actúa y ella quiere que le ayude a solucionar los problemas. De pequeña sí que jugaban, pero si hay problemas no hace nada. Quiere un padre y dice que, sin embargo, se comporta como un niño, pues llora y no asume las cosas; ella lo ve "feble"[11]. El padre no actúa, y esto le da mucha rabia. Además, se queja de que ni el padre ni el novio le han hecho el caso que ella quiere.


En cuanto a la sexualidad:

 

En el momento de retomar las sesiones, la relación con su novio es la siguiente: tienen relaciones sexuales, pero dice que no acaba de tener el gran orgasmo, que alguna vez lo ha tenido y es como si perdiera la cabeza. De todas formas, lo que le preocupa es que sueña muy a menudo que hace el amor con hombres distintos; son hombres de los cuales ella no está enamorada, pero le dicen constantemente que la quieren, que es guapa y la tienen en un pedestal. Poco a poco, van a surgir dudas sobre la relación con su novio. Ella dice quererle y sabe que él también la quiere, pero como él no le dice constantemente que la quiere (parece ser que es un chico poco expresivo), ella duda de si la quiere o no, y dicha duda se pone en juego en el acto sexual, en donde no se puede entregar del todo.

 

Dice tener orgasmos clitoridianos, pero no vaginales empieza bien la relación,
pero de pronto se frena, y se iría corriendo, pues se siente un agujero y no quiere estar en esta situación, siente que le da placer a él y no quiere, pues no quiere sentirse como un objeto, ya que, según ella, los dos son iguales, y piensa que los dos tendrían que disfrutar igual. Además, ella quisiera sentirse especial en aquel momento y se pregunta por qué sólo tiene que ser un objeto. Ella también quiere tener, no quiere ser menos, ya que un agujero está vacio y él tiene más y eso no le gusta; ella se imaginaba que podía ser chico y chica a la vez, dice quererlo todo, pene y vagina. Pero le gustaría más tener pene que vagina, pues el pene es más activo, es el que viene, es como si en el acto sexual el pene fuera el centro de atención y la vagina estuviese allá esperando a que el pene acudiese y esto no le gusta; además, se queja porque una chica no puede violar a un hombre y al revés sí; ella, hasta ahora, pensaba que las mujeres tenían dos cosas para obtener placer, clítoris y vagina, y los hombres sólo una, con lo que sentía que tenía más y ahora ve que no es exactamente así.

 

Durante unos días, el novio y ella se separarán. El novio le dirá que no le puede dar todo lo que ella necesita; es el novio quien plantea dejar la relación. Ella va a dudar de si lo quiere o no lo quiere, pues dice saber que él la quiere, pero necesita que él se lo diga para asegurarse, puesto que, si él no la quisiera, ella haría el tonto mostrando su interés. De nuevo, la duda la bloquea y no puede decir ni sí, ni no. Se siente impotente. Sin embargo, se da cuenta de que, a pesar de estar en esta situación estresante con el novio, puede seguir estudiando; es más, este curso empieza a obtener buenas notas.

 

Su novio y ella se han separado y está con la duda de si quiere o no quiere seguir. Ha decidido seguir con el tratamiento, pero de nuevo traerá en las sesiones la duda, ahora sobre el novio, alguien a quien ella quiere y por quien sabe que es querida, pero necesita que él se lo diga. Una intervención por mi parte en donde apunto: "Más allá de que sigas o no con el novio, las relaciones se deben ir construyendo", la va a desbloquear, y de nuevo saldrá de la duda.

 

Ahora de nuevo va a pedir, será ella la que promoverá una conversación con su novio para volver a reiniciar la relación. Y así será. Ella admite y verbaliza su preocupación por el hecho de ser tan absorbente con los hombres.

 

Seguimos con el trabajo, y respecto a la financiación de las sesiones se organiza de la   forma siguiente: el padre es quien le da el dinero para poder venir; es el único dinero que le da, pero a veces a él se le olvida y a ella le cuesta pedírselo, aunque lo hace, porque quiere venir. Se enfada si su padre no se acuerda de dárselo, pues él sabe que a ella le gusta recibir sin pedir, y, además, pedir dinero al padre es como pedir limosna, pero reconoce que antes de empezar su análisis no pedía nada; además, veía a sus padres "pobrets".

 

En todo caso, pide el dinero de las sesiones y su padre no le pone ningún inconveniente, sólo le dice que, si él no se acuerda, que ella se lo pida. A. acepta, lo que supone pasar por sus padres, y dice que es en el único lugar en que es así, pero ahora le molesta menos. Una vez salvada la duda en cuanto a si seguir o no con el tratamiento, ya no se tratará de establecer una decisión de conclusión, sino de comprometerse con el segundo piso del Grafo del Deseo.

 

 

Presentado en el Taller de Clínica. Foro Psicoanalítico Barcelona. 6 de abril, 2002
 

 

SUMARIO



[1] Pobrecitos, con el doble sentido de economia débil y gente de poco valor.

[2] “¿Son pobrecitos?”

[3] Débiles

[4] “Siempre serás mi niña buena”

[5] Madrecita

[6] “los cojones sobre la mesa”. En sentido figurado, imponerse.

[7] “Yo lo he querido tener todo, ser como un niño y como una niña”

[8] “El otro día, mi madre me cogió y me  dijo: ‘Mi niña buena’; yo le respondí: ‘Ya se hace mayor, ya no es una niña buena’. Hasta ahora, quería ser una niña buena. Que crezca le duele a mi madre, ella quiere tener a sus niñas.”

[9] “Quiero que quedemos y quiero seguir viniendo. Estaba agobiada porque creía que estarías enfadada conmigo, pero dudaba, me agobiaba pensar hasta cuándo tendría que venir. Cuando he dejado de pensar en el final, he podido llamar”.

[10] “Si me hago mayor, mi madre, pobrecita, pierde a sus niñas”.

[11] Débil