SUMARIO

 

La revisión de la noción de estructura de LACAN. Un comentario del libro de J.-CL. MILNER: Le périple structural[1]

 

 

Juan Bauzá

 

Jean-Claude MILNER, lingüista parisino, es uno de estos autores cuyo interés, por sí mismo y para el campo del psicoanálisis contemporáneo, en su relación con la ciencia en general y con las ciencias del lenguaje en particular, nos parece fundamental. Por eso la aparición de cualquier obra suya constituye un acontecimiento. Así que aprovechamos la publicación de su último libro para comentar su contenido, y en particular aquello que nos parece fundamental de su aportación para el psicoanálisis.

 

Esta vez nuestro autor se centra en, casi me atrevería a decir, la noción-guía que interesa al psicoanalista contemporáneo, la noción de estructura, que como dirá Lacan en su “Petit discours a l’ORTF”, “se inscribe en lo real” (Autres écrits, p. 225), y el movimiento que la impulsó como categoría fundamental: el estructuralismo, cuya revisión Milner tomará como eje de su libro:

 

“La presente obra (...) tiene un designio unitario: dar una idea más exacta y mejor fundada de lo que se llamó el estructuralismo.” [7][2].

 

Al hablar de estructuralismo señala nuestro autor, conviene distinguir lo que: “Bajo ese nombre, se tiene la costumbre de juntar, dos entidades esencialmente diferentes” [7], por una parte, el programa de investigaciones estructuralista que tiene a JAKOBSON y a LÉVI-STRAUSS como iniciadores y que, según Milner finaliza, en el plano teórico-lingüístico, con la publicación en 1957 del libro de Chomsky, Syntactic Structures, y, en el plano de su extensión práctica, alrededor de 1968. Y, por otra, la corriente de opinión estructuralista que él llama el movimiento de doxa, que tiene su origen en los primeros seminarios de Roland BARTHES en los Hautes Études en 1962, y que comienza a declinar después del mayo del 68 para concluir a mediados de los años 70.

 

Milner, después de un breve Prólogo, divide el libro en dos partes. En la primera, titulada Las figuras, nos presenta la recopilación de diversos artículos suyos, algunos de ellos inéditos y otros, revisiones de artículos ya publicados de manera dispersa, dedicados a ciertas figuras, no todas, fundamentales, del estructuralismo. Algunos de estos artículos son excelentes, en particular el primero que trata de SAUSSURE, una de las mejores síntesis que hemos podido leer al respecto; le siguen artículos sobre DUMEZIL, BENVENISTE I y II, BARTHES I y II, JAKOBSON y un LACAN I, que tiene como subtítulo “Ciencia del lenguaje y teoría de la estructura en Jacques Lacan”, que no tiene desperdicio, y al que después me referiré, y finalmente un LACAN II y “La constelación de los sujetos”, que se centra fundamentalmente en DELEUZE y DERRIDA.

 

En la segunda parte, que titula El paradigma, que nos parece imprescindible, y en la que nos detendremos en primer lugar, Milner formula lo que constituye para él el paradigma estructuralista.

 

“La fonología estructural se presentó públicamente en el Primer Congreso internacional de lingüistas de La Haya, en 1928. Esta circunstancia marca la aparición del programa de investigaciones estructuralista en cuanto programa científico para la lingüística.(...)

 

“La extensión del punto de vista estructural a otras ramas del saber que la lingüística comenzó pronto; Jakobson fue sin ninguna duda uno de sus principales artífices. (...) Para que se inicie un programa de investigaciones estructuralista sistemáticamente ampliado a objetos no propiamente lingüísticos, será necesario esperar el encuentro de Jakobson con Lévi-Strauss en New York en 1941. (...) Para noviembre-diciembre de 1945, Jakobson y Lévi-Strauss anunciaban en la École libre des hautes études un seminario común titulado: “Estructura de las instituciones (Lenguas, costumbres, folklore)”. Las Estructuras elementales del parentesco (1949), así como varios textos de la Antropología estructural salieron de este período neoyorquino de Lévi-Strauss.” [179]

 

Después de una introducción, Milner divide esta segunda parte en 9 apartados, a algunos de los cuales vamos a referirnos aquí para proponer al lector el hilo conductor que nos parece esencial. En el I recuerda la oposición clásica entre physis[3] y thesis[4], para plantearla como “algo análogo a lo que Holton llama un thema: un esquema organizador de las problemáticas, anterior no solamente a los problemas y a las soluciones, sino a la formulación misma de esos problemas y a los cánones de aceptabilidad de las soluciones.” [182]. Milner llamará a ese thema “la gran polaridad”, oposición que se extiende con diversos nombres a lo largo de las épocas: Naturaleza/ Convención; Naturaleza/ Cultura; Naturaleza/ Sociedad; Naturaleza/ Historia, oposición fijada, y cerrada en general a todo examen crítico y que ha determinado la organización clásica de las ciencias hasta la actualidad: Ciencias de la naturaleza /Ciencias sociales o humanas o del espíritu.

 

A esa gran polaridad primera se añaden otras que modifican y matizan las interpretaciones al uso. En primer lugar, en el reconocimiento en las cosas del mundo, la manifestación de otra oposición, la que determina un orden necesario, inmutable e insensible a las preferencias humanas, orden que unos atribuyen a una instancia divina, y otros, a una instancia estrictamente material e interna o intrínseca a las cosas mismas; y un orden contingente, mutable y sensible a la intencionalidad humana.

 

Por otra parte, lo inmutable, e independiente de las preferencias humanas, puede tenerse por absolutamente inmutable e independiente, o por relativamente tal, es decir, como lógicamente necesario e inmodificable, o como contingente, modificable hasta cierto punto y dependiente de algún modo de decisiones humanas (lo cual no quiere decir dependientes del sujeto a quien eso afecta).

 

En fin, estas oposiciones: “(...) estas discordancias y otras semejantes han nutrido y siguen nutriendo aún muchos debates. Nada de todo esto sin embargo afecta a esa gran oposición inicial: de una parte, lo que no depende de la voluntad humana, sino de la naturaleza; de otra, lo que depende de la voluntad humana, de la “convención”, supuesta infinitamente variable según los tiempos y lugares.” [184]

 

Pero es esa polaridad, que parecería primaria e incuestionable, la que comporta una o una serie de hipótesis o de corolarios que suelen soslayarse y la que Milner saca a la luz:

 

“(...) la gran polaridad comporta siempre una hipótesis sobre lo que puede o no puede la voluntad del conjunto de los humanos” Así pues, una hipótesis sobre la potencia humana, sobre el poder humano, sobre sus posibilidades, que no carece de consecuencias prácticas, y es que las “mismas realidades pueden ser puestas en lugares diferentes: atribuir el lenguaje humano al polo physei o al polo thesei, esto separó las doctrinas antiguas y modernas.” Y lo mismo sucede para la esclavitud, la propiedad, la mujer, el negro: “Que la desigualdad social sea o no el reflejo en la sociedad de una desigualdad natural o no, es ésa como se sabe una de sus proposiciones mayores.” [184]

 

Podría pensarse que en el primer mundo, en el que vivimos, ésa es una cuestión, al menos ideológicamente, superada, y que la balanza se inclina por el lado de la injusticia social; pero, de modo sutil, esa oposición y la interpretación de ciertas realidades como cayendo de un lado o del otro sigue determinando muchas de las actitudes ante esas realidades en nuestros días. Milner nos pone un ejemplo cuya fina ironía nos lleva a citar completo:

 

“Así hemos visto en algunos decenios a la homosexualidad ser presentada sucesivamente en términos de thesei y en términos de physei, con consecuencias políticas espectaculares. La tesis de la homosexualidad physei pasaba en los años 60 como absolutamente reaccionaria, propia para favorecer la represión y el eugenismo; la tesis de la homosexualidad thesei, en cambio, pasaba por absolutamente progresista y propia para reivindicar los derechos civiles de los homosexuales. Hoy es a la inversa, a partir del desarrollo de la genética fundada en el genoma, la tesis de la homosexualidad physei es reputada como la vía más segura para impedir la represión política y fundar una integración social en términos de minoría genética reconocida al mismo título que los obesos, los calvos, etc.; la tesis de la homosexualidad thesei se supone en cambio que favorece soluciones educativas o terapéuticas, represivas y moralizantes (...) de la misma manera, mutatis mutandis, ocurre para la enfermedad mental, la criminalidad, la inteligencia, etc.” [185]

 

Milner concluye este primer apartado señalando que, como esa gran oposición procede de la doxa, y dado que lo que caracteriza a la misma son criterios ideológicos solapados y no criterios lógicos razonables, la ley de la doxa finalmente “es la de contradecirse fácilmente a sí misma”, y cuando eso es así, la lógica nos ha enseñado que finalmente todo vale porque nada vale, y que, por consiguiente, nada es demasiado importante; el fundamentalismo o el nihilismo, son sus dos consecuencias sociales más aparentes.

 

En el apartado II, Milner comienza por romper la asimilación de la physis con la naturaleza, el paso de uno a otro término no es “una simple traslación”, “comporta un cambio radical”, y, en primer lugar, porque: “como sucede a menudo, el término ‘naturaleza’ es equívoco”. [186]

 

Ese cambio radical en la teoría es el siguiente:

 

“A la noción antigua de physis (conservada de hecho bajo el nombre latino de natura) se le sustituye la noción moderna de naturaleza, que se hace en adelante inseparable de la noción de ciencia.” La ciencia lo es de la naturaleza, noción vinculada a la ruptura que produce la revolución galileana. “Esta ruptura – dice Milner –podría resumirse así: la ciencia tiene como objeto la naturaleza empírica; recíprocamente, la naturaleza no es sino el objeto de la ciencia; la condición formal de esta solidaridad recíproca es que la ciencia sea íntegramente matematizada; la consecuencia material de esta solidaridad es que la ciencia pueda intervenir sobre el curso de la naturaleza, ya sea por la experimentación, (...) ya sea a través de la técnica como reputada aplicación de la ciencia. En consecuencia, la naturaleza no tiene otra sustancia sensible que la que se presta al funcionamiento preciso de las fórmulas matematizadas que dan forma a la ciencia y a su aplicación eficaz operada por la técnica.” [186]. Lo cualitativo y lo sensible quedan subsumidos en esa matematización de la sustancia de la naturaleza que deviene así materia, objeto o medio sobre el que operar.

 

“La naturaleza en cuanto objeto de una ciencia galileana es tan sólo, y por ello puede reducirse a eso, una red de leyes y determinaciones a descubrir, despojada de toda sustancia contemplable. Más precisamente las cualidades son sistemáticamente eliminadas y reemplazadas por fórmulas matemáticas.”

 

Digamos, por ejemplo, que los colores del arco-iris que pueden despertar una emoción sensible son sustituidos por longitudes de onda, que si bien pueden producir una particular emoción en el físico-matemático, excluyen asimismo algo fundamental al devenir objeto de ciencia.

 

“(...) todo lo que se deja matematizar es objeto posible para la ciencia, sin que hipótesis alguna sea avanzada sobre su esencia: la ciencia requiere la matematización de su objeto.”. Por ello se reduce, por así decirlo, a una analítica descriptiva: la velocidad de la luz es de 300.000 km/seg, o la constante gravitatoria de 9.8 m/seg2 , pero la causa de eso, su esencia, ¿qué importa?

 

“(...) los instrumentos captan la naturaleza, no la miran, no la ven, no la perciben. El ojo del observador sólo cuenta como correlato del instrumento.”

 

“La naturaleza aparece definida así, no como el lugar de lo que escapa a la acción y a la voluntad humanas [nuestro real], sino más bien el lugar donde éstas pueden ejercerse, por medio de la ciencia, teórica y aplicada.” [188]

 

¿Cuál es la consecuencia? La costumbre procede del hombre, es lo que lo distingue del animal en particular y de la naturaleza en su conjunto, y “sostener que no hay ciencia galileana de la costumbre, es pues sostener que no hay ciencia galileana del hombre. Tesis simétrica: si existen ciencias del hombre, entonces no son galileanas, lo que quiere decir que no son ciencias propiamente dichas o lo que es lo mismo que son ciencias impropiamente dichas.” [193]

 

Por consiguiente, y entramos en el tercer apartado de esta segunda parte del libro de Milner:

 

En esta versión del paradigma galileano, no hay ciencia del hombre en el sentido que la ciencia lo es de la naturaleza, porque no hay ciencia galileana del thesei y porque no hay hombre sin thesei... salvo si se demuestra que lo que parece thesei en realidad se deja absorber en la physei. Es decir salvo si se naturaliza lo que se tenía por costumbre. Y a eso es a lo que asistimos: El movimiento de naturalización (...) ejemplos no faltan”, en ellos asistimos a la integración por no decir absorción, reducción o negación en el reino de la naturaleza de muchas realidades humanas, así “La estadística permite reducir a números y por consiguiente a algo calculable lo que parecía el soporte formal de lo absolutamente imprevisible y la elección imprevisible de cada cual; la genética permite reducir a un programa calculable lo que parecía el soporte sustancial de la individualidad: color de los ojos, morfología del cuerpo, of course, pero ¿por qué no? Disposiciones del alma: homosexualidad, esquizofrenia, psicosis, fobias, obsesiones, ansiedad, depresión, tristeza. El individuo se reduce así a ser un soporte, un anexo de la naturaleza, un segmento de la misma, un epifenómeno natural; de ahí a la asimilación a una sociedad de hormigas, tal como lo sugieren los trabajos de Sociobiología de Wilson, por ejemplo, sólo hay un paso, paso a marcar adecuadamente con una adecuada remodelación o modificación de la conducta.

 

“A partir de ahí –como nos dice Milner– quedan únicamente dos posibilidades:

 

- o bien se conserva la definición galileana de la ciencia y se modifican las fronteras de lo physei, anexando a lo physei sectores anteriormente supuestos thesei, que se hacen así susceptibles de un tratamiento científico propio.

 

- o bien se modifica la definición del nombre de ciencia y se admite que ese nombre puede entenderse en sentido impropio; y, en última instancia, si no se quiere caer en ambigüedades inadecuadas al campo de lo científico: se renuncia a la definición galileana de la ciencia. (194]

 

Así en un primer momento se habla de ciencias del hombre oponiéndolas a ciencias de la naturaleza, pero sin cuestionar la noción galileana de la ciencia, “como si se tratara de dos especies en el seno del mismo género, con el riesgo consiguiente de que el género común llegue a estar desprovisto del menor contenido determinable.” Para evitarlo: “Lejos de tener a las ciencias de la naturaleza por un modelo ideal, al que las ciencias humanas deben asimilarse, deberían en toda una serie de puntos esenciales distinguirse y lo más radicalmente posible.” [194]

 

Es en este punto que en cuanto programa de investigación, interviene el estructuralismo, diría en una suerte de división de las aguas, de una parte la que se vinculará desde el positivismo lógico a la evolución de la teoría de la ciencia dentro de la filosofía de la ciencia, y de otra el programa estructuralista. Sólo a finales del siglo XX podemos hablar de una cierta confluencia en los resultados de estos programas a lo que hay que añadir la corriente estructuralista matemática del grupo Bourbaki. La teoría de la ciencia que se deduce de esta confluencia modificada convenientemente es la que nos parece que interesa al psicoanálisis y no la que sigue anclada en el programa preestructuralista de las ciencias humanas, por ejemplo la que se empeña en seguir hablando del psicoanálisis como hermenéutica y que es el mismo que potencia el empirismo ingenuo asociado a la llamada clínica psicoanalítica como base de operaciones ateórica.

 

¿Cuál es – según Milner – la grandeza del estructuralismo? “Que establece como tesis que el dilema es falso, que no existe. Para ello sostuvo en su doctrina y demostró mediante su práctica que efectivamente fragmentos enteros de lo que desde siempre se había atribuido a lo thesei podían constituir el objeto de una ciencia en el sentido galileano del término. Pero, y ahí reside la novedad singular, sin que por ello lo thesei fuera reducido a physei. Es más, los objetos privilegiados de la demostración [no son precisamente los que aparecerían como más naturalizables] sino justamente los objetos que hasta entonces especificaban más propiamente la diferencia del hombre con la naturaleza: el lenguaje, las leyes del parentesco y del matrimonio, los mitos, la cocina, el vestido, etc.” [195]

 

Naturalmente, al hacer esto, el programa estructuralista retomaba, de una manera novedosa, un problema fundamental apuntado por numerosos autores en el siglo XIX. Como nos dice Milner en esa síntesis brillante:

 

“En los primeros tiempos de ese siglo en efecto se constató este extraño encuentro, por el cual los hombres, en cuanto se separan radicalmente de la physis y por el solo efecto de relaciones que manifiestamente pretenden construir libremente entre sí, se ven llevados a seguir constricciones tan anónimas, tan constantes, allí donde ellas se ejercen, tan necesarias e inexorables como las leyes de la Naturaleza, pero a diferencia de éstas eventualmente tan variables de lugar en lugar, como de época en época, como las costumbres. La economía política da testimonio de ello, pero no menos que la etnología, la sociología o la lingüística.” [195]

 

Resulta entonces que la variante del fenómeno responde en términos de leyes; por ejemplo, lo contingente, lo particular en las lenguas del mundo, en lo que ellas tienen de diverso unas en relación con las otras, resulta que siguen leyes fonéticas, por ejemplo, cuyo funcionamiento es ciego como tal. A partir de esa constatación:

 

“El paso estructuralista consistió en lo siguiente: de lo que había sido hasta entonces un problema, multiplicado en otras tantas versiones parciales del mismo siempre que había ocasión de plantearlo, el estructuralismo hizo un conjunto consistente de afirmaciones”. Es eso lo que forma la base del programa. Lo podemos analizar en cinco tesis fundamentales.

 

Tesis I En primer lugar la necesidad de thesis existe y es necesario aceptarla como un dato; combina dos modalidades aparentemente opuestas: una necesidad tan constrictiva como la necesidad de naturaleza y una contingencia tan sujeta a variaciones de lugares y de tiempos como la thesis de los Antiguos. Paradoja modal, que, como ya dijimos, el siglo XIX observa sectorialmente y sin tematizarla.

 

Tesis II En segundo lugar, y es ahí que el programa va más allá del siglo XIX, la necesidad de thesis, una vez constatada como un dato, debe ser erigida en un objeto de ciencia en sí mismo y por sí mismo, pero ¿qué significa esto? Milner avanza el título de la respuesta: el nombre de ‘estructura’ resume esta decisión.

 

Tesis III En tercer lugar, en cuanto necesidad, todas las manifestaciones particulares de la necesidad de thesis tienen rasgos comunes, plausibles de un método común; puesto que entre las necesidades de thesis, la mejor analizada y la que además exhibe más abiertamente la paradoja modal es la necesidad de lengua, y de este modo la ciencia de la lengua es apelada a jugar un rol básico particular.

 

Tesis IV Cuarto, la necesidad de thesis sólo puede ser objeto de ciencia con la condición expresa de no tratarla como un fragmento de physis, es decir con la pretensión expresa de no pretender reducirla fisicalísticamente.

 

Tesis V En quinto lugar finalmente, no se formará hipótesis alguna sobre los orígenes, materiales o no, y sobre la constitución, progresiva o instantánea, de una necesidad de thesis constatada. [195-196]

 

“El conjunto de los estructuralistas de modo más o menos implícito concuerda en lo que está implicado en estas tesis: combinar la exigencia de la ciencia moderna y el rechazo de alienar sus objetos entre los seres naturales.”[196]

 

En la p. 197 Milner, como por otra parte lo hizo Lacan antes que él, señala la importancia de KOYRÉ para el programa estructuralista. Junto con Jakobson y Lévi-Sttrauss, el programa estructuralista implica a Koyré: “porque requería la definición de la ciencia moderna, tal como Koyré la formulaba.”, lo que, no deja de recordar Milner, Lacan fue el primero en constatar. En el artículo sobre “La ciencia y la verdad” de finales de 1965, podemos leer que: “Koyré es aquí nuestro guía”

 

“La ciencia de la que se reclama el estructuralismo es efectivamente la ciencia galileana”. Es decir una ciencia que responde al menos a dos condiciones: es empírica y está matematizada.

 

Desde el punto de vista de lo empírico, la promoción de lo formal, tan insistente en los estructuralistas, se convierte en una versión del movimiento que Koyré diagnosticaba en Galileo: la eliminación sistemática de los qualia. Ella tiene una consecuencia (...) en el seno del thesei, reina la diversidad. Pero esta diversidad se deja reducir, de tal manera que la misma no debe ofuscar la recurrencia de las formas [por las que asoma la identidad de estructura].

 

En cuanto a la matematización, la noción debe ampliarse y modificarse. No debe ser entendida como se había hecho hasta entonces” [198] privilegiando la cuantificación, sino asimismo la posibilidad de traducir ciertas estructuras a letras y de su manejo como tales:

 

“(...) se establecen letras, sin definición sustancial; se plantean reglas que definen lo que está permitido o no hacer con estas letras; y sobre esta base, son posibles deducciones que pueden correlacionarse con predicciones empíricas.” [199].

 

Paradójicamente, y de ahí su interés: “la matematización extendida del estructuralismo permitirá escapar” del estricto determinismo simbólico del thesei, es decir a poder establecer el poco de libertad posible al hombre en sociedad.

 

En el apartado V, Milner desarrolla un poco más este último punto:

 

“Si se equipara el conjunto del thesei como el conjunto de lo que depende del hombre [e insisto, que dependa de él no quiere decir que él sea el agente libre de la dirección de ese cambio], entonces se lo equipara asimismo con lo que puede ser transformado por el hombre. Las relaciones sociales son thesei. No son pues inmutables, como lo son las relaciones de los cuerpos celestes por ejemplo. Es, por el contrario, lo propio de la ideología –imagen invertida de la realidad- conferir a las determinaciones sociales, que son históricas [y relativamente contingentes, en este sentido], el carácter eterno de leyes naturales. Pero de vuelta y por esta misma razón, las relaciones sociales están tejidas de necesidades. Y estas necesidades se imponen a los hombres, por la razón de que se deben a ellos, y asimismo en esa medida que son modificables (...) las relaciones sociales se imponen a cada uno en la medida en que sólo son transformables en cierto sentido por el conjunto” [214-215]

 

Fue Louis Althusser quien realiza una crítica del marxismo desde un punto de vista estructural, que podemos resumir tal como lo hace Milner:

 

“-entre la necesidad de la physis y lo arbitrario de la thesis, el marxista puede y debe suponer un tercer término: una necesidad propia de la thesis, justamente la legitimidad de esta hipótesis es lo que garantiza la efectividad de las ciencias estructurales que constituyen así su fundamento”;

 

-desde el estricto punto de vista de la necesidad, la necesidad de thesis y la necesidad de physis son homogéneas; desde este punto de vista pues, el mundo de las formaciones sociales, del que Marx hace la teoría, es homogéneo al universo del que la ciencia galileana hace su objeto;

 

-así desde el punto de vista de la necesidad, la ciencia de las formaciones sociales es homogénea a la ciencia galileana.

 

(...) El nombre de “estructura”, en esta aproximación, resume por sí solo tres momentos: la paradoja modal, su constitución como objeto de ciencia y su resolución. (...) con ello es la propia representación de la ciencia la que se ve depurada (...) en adelante, ciencia galileana y estructuralismo se co-pertenecen por homeomorfía.” [217-218]

 

Para terminar, el programa de investigaciones estructuralista resultó afectado, y su relativa caída viene marcada por tres desequilibrios que siempre lo amenazaron y que son los que debe afrontar para seguir adelante como doctrina no perimida:

 

“El primero y el más grave se refiere al galileismo extendido: la configuración en efecto resulta paradójica. El estructuralismo se autoriza del galileismo, donde la matematización resulta decisiva, pero para lograrla es preciso entender esta matematización en un sentido modificado que ningún matemático sin más reconocería como suficiente o aceptable.” [220]

 

La paradoja sólo podría resolverse con una matemática que se apoyase en una lógica matemática modificada, para la cual los 60 no estaban preparados. Así pues, sin una revisión de los fundamentos lógico-matemáticos de la ciencia, el estructuralismo forma parte del pasado o se encuentra estancado.

 

“El segundo desequilibrio se refiere a la noción general de ciencia (...) el programa  estructuralista sigue siendo conservador en su idea de ciencia ideal” [221

]

En este sentido sólo una revisión de la teoría de la ciencia capaz de ir más allá del fisicalismo verificacionista del primer Circulo de Viena puede cambiar las cosas de tal manera que ese estructuralismo resulte productivo o viable teóricamente. Y finalmente:

 

“El tercer desequilibrio tiene que ver con la propia noción de estructura. El pivote del programa de investigaciones era que, gracias a esta noción, se podría legítimamente extender a todos los ámbitos de lo thesei los métodos y los conceptos desarrollados por un solo lenguaje fundamental (...)” pero para ello debía tratarse de una noción sujeta a una gran reducción y “(...) si la comprensión de la noción se reducía excesivamente, el riesgo de que estuviéramos ante una noción vacía de sentido la acechaba permanentemente. Se plantea así una cuestión: ¿es posible enumerar las condiciones necesarias y suficientes para que podamos hablar de estructura [sin llegar a una noción de la misma trivial]? [222]

 

Según Milner, sólo dos autores abordaron esa cuestión en aras a una solución viable: Benveniste y Lacan, aunque de manera inversa. Si Benveniste escoge la vía de la comprensión mínima con el peligro ya señalado, Lacan escoge la vía de comprensión máxima hasta el punto de identificarla con lo real; ¿qué quiere decir esto? No es fácil, y es aquí donde podemos apoyarnos en otro capítulo del libro de Milner, el que se titula: “Lacan I. Ciencia del lenguaje y teoría de la estructura en Lacan” (Op. cit., pp. 141-151).

 

Digamos algo de éste para terminar este comentario. Sin duda, Lacan ha subrayado que las Ciencias del lenguaje son fundamentales para el analista. Pero la relación del psicoanálisis con las mismas no puede ser la de tomarlas tal como nos las presentan los lingüistas y como, por así decirlo, ciencias auxiliares. En Lacan esto es claro tan sólo con recordar su famoso: “El inconsciente está estructurado como un lenguaje”, cuya interpretación inmediata, como dice Milner, es:

 

“Si admitimos que un lenguaje tiene propiedades de estructura –lo que demuestra la lingüística estructural-, el inconsciente tiene esas mismas propiedades.” [142-143]

 

Desde este punto de vista que suscribe Lacan y como dice Milner:

 

“Si el nombre de cualquier sistema es el de estructura, el nombre de cualquier sistema reducido a sus propiedades mínimas es el de cadena.[143]

 

Efectivamente, un conjunto de elementos vinculados por una relación estructural (la que determina la estructura), se hallan encadenados entre sí, forman cadena, y en este sentido el estructuralismo es una teoría de la cadena.

 

Entonces:

 

“No considerar un elemento cualquiera más que bajo el ángulo de las propiedades mínimas que hacen del mismo el elemento de un sistema, es lo que estenografía en Lacan el nombre de significante. Este nombre [como ocurrirá con otros nombres] es evidentemente e intencionadamente tomado de la lingüística, pero no es utilizado [como ocurrirá asimismo con otros usos] como lo es en lingüística” [143-144]. Es decir sin modificación, una modificación, conviene señalar, que no reniega de la ciencia de la que es importado, sino que trata de ampliarla y justamente en el sentido de la ciencia. Como he dicho en otras ocasiones, jugando con la lengua francesa: el paso de Lacan no es un paso (en el sentido de prescindir) de la ciencia, sino un paso de ciencia, en francés: C’est pas un pas de science mais un pas de science. El discurso científico con una vuelta más. Como dice efectivamente Milner:

 

“(...) haciendo esto, Lacan no se opone a la lingüística, sino que trata de llevarla a su propia verdad; (...) Por esa doble relación de préstamo y de modificación del nombre de significante [por lo que a su concepto se refiere] se enuncia a la vez la manera en que la lingüística es interpretada [y utilizada en cuanto ciencia] (...) y la afirmación de que precisamente esta interpretación confiere a la lingüística [lo mismo podríamos decir de toda ciencia en cuestión tomada por Lacan e incluso de la ciencia misma] su más alto grado de seriedad” [144].

 

De la noción de significante se pasa a la noción de cadena significante:

“(...) no hay cadena sino de significantes; no hay organización de los significantes sino en cadena.”

 

Se pasa después a la idea de metáfora y metonimia como dos operaciones sobre una cadena significante, “recíprocamente, una cadena significante es un conjunto sobre el cual se pueden definir dos relaciones [u operaciones], metáfora y metonimia.” [144]. Pero esas relaciones u operaciones, descubiertas en todas las lenguas, no sólo son propias de las mismas, “sino extensibles a todo tipo de cadena”, extensión que comprometerá, por ejemplo, a la lógica y a las disciplinas matemáticas.

 

“Así, no es en tanto que sería una lengua particular que el Inconsciente conoce la metáfora y la metonimia, sino en tanto está estructurado. Una teoría general de la cadena es una teoría de la metáfora y de la metonimia; recíprocamente una teoría de la metáfora y de la metonimia es una teoría de la cadena. Por este hecho, la ciencia lingüística [y toda ciencia, a nuestro entender] se descubre constantemente en exceso de ella misma. Su singularidad [como ciencia] consiste en descubrir en su objeto, justamente eso que hace que su objeto se despoje, con respecto a toda cadena posible, de su propia singularidad.” [145] Es ése precisamente el reduccionismo inherente a toda ciencia, y es eso lo que si el sujeto de la ciencia lo pierde de vista comporta una reducción, un achatamiento de su objeto que constituye la tentación en la que suele caer la ciencia moderna, y es eso justamente, de las consecuencias de ese achatamiento en el sujeto de la misma, de lo que el psicoanalista debe ocuparse a través del síntoma.

 

Pero el estructuralismo de Lacan ha tratado de vencer los tres desequilibrios o faltas, si se quiere, vinculados al origen de aquél, de los que hablábamos más arriba. Es lo que le hace decir a Milner que Lacan es hiperestructuralista. Y es en esa “(...) conjetura hiperestructuralista donde residen a la vez un requisito de consistencia y un punto de herejía; eso hace que Lacan se constituya en exclusión interna al estructuralismo, que se inscriba en este paradigma con una tesis que lo separa del mismo.” [145]

 

¿Qué es lo que precisamente se constituye en exclusión interna a la estructura oficial, por así decirlo, y que lo separa de la misma para devenir oficiosa? Justamente la emergencia del sujeto.

 

“Uno de los teoremas capitales de esta doctrina es que, entre las propiedades no cualesquiera de una estructura cualquiera (...) se halla la emergencia del sujeto. He ahí por qué la definición lacaniana del significante debe incluir esta emergencia, de donde la fórmula ‘el significante representa un sujeto para [en relación con] otro significante’[146]

 

Uno (el significante) representa algo para otro (asimismo significante), pero a esa representación subyace al menos un sujeto, el sujeto de la misma, no el objeto referente; es la diferencia fundamental entre signo y significante, el signo representa algo (un objeto-referente) para alguien, un sujeto no barrado que dispone de un código establecido que le permite evocar ese objeto, recibiendo así el mensaje que vehiculiza el signo; en última instancia no hay lugar alguno para el sujeto, pues esa traducción de signo a objeto (mensaje) puede hacerla una máquina que disponga de las claves del código. Una teoría completa de cualquier estructura requiere esa teoría del sujeto que constituye su “núcleo duro”, el sujeto de la ciencia. Milner señala algo que nos parece que no debe soslayarse pues constituye la herencia de trabajo que nos deja Lacan.

 

“Lacan nunca desplegó completamente ni la teoría del sujeto ni la teoría de la estructura ampliada, aunque enunció sus definiciones y proposiciones esenciales indicando y buscando sus precedentes (Frege, Peirce, etc.)[146]

 

Precisamente es todo esto, lo que los diversos estructuralismos no articulan, lo que los condena finalmente a no articular nada demasiado nuevo y a quedarse en un mero formalismo de la estructura sin consecuencias prácticas.

 

Y es que“el estructuralismo no debe nada a las diversas versiones del positivismo. En verdad el estructuralismo aparece a los ojos de Lacan como uno de los momentos mayores de la ciencia moderna; da la prueba de que ésta puede hablar de objetos que no pertenecen al reino de la naturaleza, sin tener que dejar el sitio a los diversos sucedáneos de la fe, y sin tener que modelarse en todo sobre la física o la biología. (...) Y Freud, que no renuncia al ideal de la ciencia, no podía escapar a la dicotomía entre espiritualismo y positivismo. Es esa dicotomía la que rompe el estructuralismo. (...) El reino de la ciencia se revela más amplio, más abierto de lo que lo imaginaban Helmholtz o Mach” [148]

 

Si el psicoanálisis no se inscribe en la ciencia moderna es porque eso requiere al menos dos condiciones: una revisión estructuralista de la teoría analítica que permita ir más allá de imaginarios míticos (es el trabajo que inicia Lacan, y que nos toca a nosotros continuar y desarrollar), y una revisión de la teoría de la ciencia que no excluya al sujeto de la misma en su enunciación. Todo eso requiere una ampliación teórica que debe contar con lo inconsciente y con ciertos avances de la ciencia moderna, en particular los vinculados a las ciencias que podemos llamar estructurales: lingüística, lógica, matemática moderna, topología, que si bien circunscriben lo real no lo confunden o hacen isomórfico con un real inatrapable justamente por la estructura misma de lo simbólico; es eso que designamos en relación con el sujeto como objeto a. Es en esa orientación que este comentario de ese nuevo libro de Milner quiere situarse.

 

Finalmente, para el lector interesado en profundizar en esa obra de Milner, ofrecemos a continuación una bibliografía actualizada de la obra publicada del mismo por orden cronológico.


 

 

Bibliografía de Jean-Claude MILNER (1941)

 

1973, Arguments linguistiques, Mame

1978, L’amour de la langue, Seuil

1978, De la syntaxe à l’interpretation, Seuil

1982, Ordres et raisons de langue, Seuil

1983, Les noms indistincts, Seuil

1984, De l’école, Seuil

1985, Détections fictives, Seuil

1987 (con F. REGNAULT), Dire le vers, Seuil

1989, Introduction à une science du langage, Seuil

1993, Archéologie d’un échec, Seuil

1995, L’Oeuvre Claire: Lacan, la science et la philosophie, Seuil

1997, Le Salaire de l’idéal

1999, Constats (reedición que comprende: Constat, 1992; Le Triple du plaisir,   1997, y Mallarmé au tombeau, 1999), Gallimard.

2000, “De la linguistique à la linguisterie”, en AUBERT y otros, Lacan, l’écrit, l’image, Flammarion, pp. 7-25.

2002, Le périple structural, figures et paradigme, Seuil.

            

 

8 de septiembre de 2002

 

 

SUMARIO



[1] J.-CL. MILNER, Le périple structural. Figures et paradigme, Eds. du Seuil, Paris, février 2002.

[2] Los números entre corchetes remiten a la paginación de la edición francesa del libro de Milner, cuyo texto traducimos.

[3] En adelante transcribiremos así el término griego jusiz, de cuyo sentido no vamos a hacer aquí una crítica. Para ello remitimos al lector al artículo de HEIDEGGER , M. (1958), “Sobre la esencia y el concepto de Physis”, del que existe una excelente versión en francés de F. Fédier en Questions I et II, Eds. Gallimard, 1968, pp. 471-582. Para dar una definición práctica del término en lo que sigue, digamos que physis se refiere en el conjunto de realidades observables a lo que es por naturaleza, lo que responde a una Ley natural..

[4] Lo que es por “convención”, lo que responde a leyes derivadas de convenciones sociales o de la vida en sociedad.