Juan manuel
Gasulla Roso
Una parte importante en la
formalización del psicoanálisis es el estudio de las negaciones para comprender
la lógica de lo inconsciente. Pero este esfuerzo de formalización sería estéril
si no tuviera una aplicabilidad clínica.
Expondré el análisis de un sueño
y a su través desarrollaré un breve estudio sobre las negaciones que provienen
del inconsciente, como parte integrante y fundamental de su lógica, extrayendo
algunas consecuencias clínicas.
Una mujer joven acude a la sesión muy angustiada por el sueño que ha tenido esa noche.
-“Hoy he tenido una pesadilla horrible. Me he
angustiado mucho y me he despertado, pero me he tranquilizado y he podido
seguir durmiendo”
-¿En qué ha
soñado?
-“He soñado con el Demonio. Era un ser horrible. Me daba pánico. Su imagen era espantosa, tanto como su presencia. No tenía escapatoria: El estaba por todas partes. Era terrorífico y he sentido una angustia espantosa. Pero inmediatamente he pensado: ¡Qué tonta soy! ¡Pero si no es el Demonio! ¡Es San Nicomedes!. Al instante, la imagen del Demonio se ha trasformado en la imagen de San Nicomedes. Todo lo que era angustia y miedo por la presencia del Demonio, se ha trasformado en paz y serenidad y la angustia ha desaparecido.”
Con el Demonio asocia lo malo, la maldad, el miedo; un ser que no tiene piedad y que es malo. Asocia también que a ella le decían, de pequeña, que si era mala el Demonio vendría por la noche y se la llevaría. Al soñar con el Demonio, la idea que le viene a la cabeza es que el Demonio se la venía a llevar. Por eso se angustia tanto en el sueño. Por el miedo y por la angustia de que se la lleve.
Con San Nicomedes no asocia nada. Ni tan siquiera sabe si ese santo existe. Lo único que se le ocurre es que con la trasformación de la imagen del Demonio en la del santo, la angustia le ha desaparecido. Con el santo puede asociar la bondad, el Cielo, el ser bueno, la ausencia de maldad.
Instada a concretar más sobre la maldad, relaciona esa maldad con lo que para ella era el motivo que la llevó al análisis, además de los violentos ataques de angustia inmotivados que la asaltaban con cierta regularidad en los últimos tiempos. Tal como se había presentado en la primera entrevista, a la que había acudido con su marido, ella traía una preocupación dominante: convencer a su marido de que las relaciones incestuosas que había tenido con su padre (que era policía) cuando era niña, no le afectaban para nada ahora, y que las actuales crisis de angustia no tenían nada que ver con aquello, como sostenía el marido.
La
mayor de una fratría de 6 hermanos, a la edad de 13 ó 14 años fue requerida
sexualmente por su padre, estando la madre embarazada del último de sus
hermanos, a lo que ella accedía gustosa (le gustaba mucho lo que le hacía su
padre) y temerosa por si los descubrían. En el silencio de la noche, cuando
todos en la casa dormían, ella se levantaba de la cama y se echaba en el sofá
de la sala recostándose con las piernas abiertas esperando que el padre
llegara. El padre
no la penetró nunca.
En una ocasión, la madre la acorraló junto a una ventana. Le preguntó: “¿Qué te hace tu padre?...Tu padre te toca, ¿verdad?... ¿Dónde te toca tu padre?... ¿Te toca los pechos?” En ese momento, ella se sentía morir. Acorralada, la angustia lo invadía todo. No tenía palabras y no podía hablar. Cuando la madre le sugirió que lo que le hacía el padre era tocarle los pechos, ella se apresuró a decir que sí, que era eso. “¡Pues si tu padre te vuelve a tocar los pechos, te mato!” (Desde entonces, ella no soporta que ningún hombre le toque los pechos).
En la frase de la madre había algo incomprensible para ella, aunque comprendió bien. La madre convenía en mantener una mentira, pero la acusaba a ella de incitar al padre, porque de otro modo ¿por qué la iba a matar a ella si él le tocaba los pechos? A todas luces, la madre no creía en la inocencia de la hija, pero no cuestionó la conducta del padre.
Por su parte, la
paciente aceptó la salida que le había dado la madre y no confesó lo que en
verdad hacía con el padre ni que era ella quien lo iba a buscar y lo esperaba
por las noches. ¡Le gustaba mucho lo que le hacía el padre!
La
intervención de la madre puso fin a los encuentros furtivos y cuando tras la
escena con la madre se cruzó con el padre y éste intentó tocarla, ella le
apartó la mano con rabia, de modo violento y añadió: “¡Déjame! ¡No vuelvas a tocarme!” Aquello puso fin a los encuentros
y al cabo de un tiempo las relaciones con el padre se normalizaron; también con
la madre, que se mostraba más tranquila con respecto a ella.
La falta de
asociaciones sobre los elementos del sueño, conociendo de antemano la historia
previa de la paciente, no permitía, aparentemente, ninguna otra interpretación
que no fuera la trasformación de un elemento angustiante en otro apaciguante,
pues había sido la trasformación operada, tanto sobre la imagen como sobre las
palabras, lo que le había calmado la angustia que sintió durante el sueño.
De hecho, lo
que ofrecía el sueño era una imagen y un nombre que se trasformaba en otra
imagen y otro nombre, pero contrarias a las primeras
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Imagen del Demonio Imagen del Santo
DEMONIO SAN NICOMEDES
Parecía claro que, trabajando ahora sobre las palabras, en realidad la palabra SAN cumplía la función de invertir una cosa en su contraria y que en la lectura
DEMONIO
(SAN) NICOMEDES
El “SAN” autorizaba
la lectura invertida de la palabra NICOMEDES. Esta lectura arrojaba:
NICOMEDES SEDEMOCIN
Preguntada la
paciente si podía asociar algo con la palabra Sedemocin, la palabra no le
sugería nada ni podía asociar nada con ella.
Sin embargo,
si se separaba por sílabas, podía deletrearse y adquiría pleno sentido:
SE
DE MO CIN
Siguiendo un
recorrido de lectura, introduciendo un retroceso y cierto arreglo posterior,
permitía leer libremente y sin obstáculos una frase:
SE DE MO CIN
SE DE M- O IN
C
Se ve si sacamos la C y leemos invertidamente OIN como NIO.
La frase leída de forma lineal, dice:
SE
+ DEMONIO + C
En la operación final puede decirse que:
1: SAN cumple las funciones de invertir la palabra y la imagen en sus contrarias y, en consecuencia, autoriza la lectura invertida de la palabra Demonio.
2: La trasformación del Demonio en San Nicomedes, que es lo que aparentemente calma la angustia, encierra la afirmación de lo contrario: diríamos que es un santo que encierra en su seno el imperativo de ser el, o como el, demonio.
3: Lo que en verdad calma la angustia es la aparente trasformación de la maldad en santidad, pero llevando oculta en su seno la maldad.
4: La negación de la percepción (formada por la imagen del demonio y por un significante DEMONIO), arroja como resultado una partícula SE (o ES), la misma palabra DEMONIO para cuya lectura ha sido preciso un retroceso lineal, la eliminación de una letra y un empalme con una letra anterior (movimiento sugestivo de ser leído sobre una banda de Möbius) y un resto no significante, que es una letra (C).
Tras este análisis, la paciente comprende que, en realidad, lo que ella quería era seguir siendo mala y no haberse visto privada de las relaciones sexuales con su padre. También, que bajo la apariencia de buena que ella muestra socialmente, se oculta la envidia y los deseos de hacer daño a los demás.
Finalmente,
el ser buena y sumisa no es más que la forma reprimida de ser mala, es decir,
que es mala siendo buena o que su forma de ser mala es ser buena. Concluye
relacionando las crisis de angustia con situaciones en las que el ser buena ya
no le basta para ser mala, porque lo reprimido es ser mala directamente. Estas
situaciones son las que se relacionan con sus venganzas cotidianas y sutiles en
contra de su marido, porque considera que no la trata bien. Lo que la puso enferma, dijo,
fue la imposibilidad de manifestarle abiertamente sus quejas.
Lo acontecido como trabajo del sueño puede describirse como un mecanismo defensivo ante una percepción angustiante descrito por Freud y reconocible como una “trasformación en el contrario”.
En el capítulo VI de “La interpretación de los sueños”, “El trabajo del sueño”, apartado C[1] “Los medios de figuración del sueño”, Freud aborda “la conducta del sueño hacia la categoría de la oposición y la contradicción. Lisa y llanamente la omite, el «no» parece no existir para el sueño. Tiene notable predilección por componer los opuestos en una unidad o figurarlos en idéntico elemento. Y aún se toma la libertad de figurar un elemento cualquiera mediante su opuesto en el orden del deseo, por lo cual de un elemento que admita contrario no se sabe a primera vista si en los pensamientos oníricos está incluido de manera positiva o negativa.”
En el apartado H [2] del mismo capítulo, dice: “El trabajo del sueño, además de acoger los afectos de los pensamientos oníricos o de reducirlos a cero, puede todavía hacer otra cosa con ellos. Puede trastornarlos hacia lo contrario. Ya tomamos conocimiento de la regla según la cual, para la interpretación, todo elemento del sueño puede figurar a su contrario como a sí mismo. Nunca se sabe de antemano si debe suponerse lo uno o lo otro, sólo el contexto decide sobre ello. [...] Esta mudanza en lo contrario es posibilitada por el íntimo encadenamiento asociativo que en nuestro pensamiento liga la representación de una cosa {Ding} a la de su opuesto. Como cualquier otro desplazamiento, sirve éste a los fines de la censura, pero es que no consiste sino en la sustitución de una cosa desagradable por su contraria. Lo mismo que las representaciones-cosa {Dingvorstellungen}, también los afectos pertenecientes a los pensamientos oníricos pueden aparecer en el sueño trasmutados hacia lo contrario, y es probable que este trastorno del afecto sea llevado a cabo las más de las veces por la censura del sueño. Tanto la sofocación del afecto cuanto el trastorno del afecto sirven asimismo en la vida social [...] con miras a la disimulación.”
Un análisis desde el punto de vista de la lógica que ha operado en la trasformación del sueño de nuestro ejemplo permite afirmar, no obstante, que la primera operación sucedida tras la percepción angustiante es una negación clásica, incluida en la exclamación defensiva inmediata, que sigue a la percepción angustiante: “¡Pero si no es el demonio!”.
Este primer paso es, pues, una negación clásica del tipo:
(1) p Ú Øp
que leeremos: «‘p’ o ‘no p’», y cuya tabla de verdad nos informa que si ‘p’ es verdadero, ‘no p’ es falso, y viceversa. En el sueño, la percepción del demonio es simplemente negada en un primer tiempo (“¡Pero si no es el demonio!”), y no se informa sobre nada más, de modo que, si la paciente hubiera interrumpido aquí con esa negación el proceso, en este primer momento seguido a continuación de la percepción, al estar negada la percepción lo único que sentiría el sujeto sería angustia pura.
Ahora
bien: la construcción misma de la frase que incluye la negación ya advierte de
que está próxima una conclusión que va a desmentir la percepción. Esta
conclusión, anticipada ya en la oración que contiene la primera negación, es la
construcción de una segunda negación que consiste en afirmar lo contrario de lo
negado, pero con la condición de que ambos enunciados, el afirmado y el negado,
coexistan simultáneamente. Es por la acción de esta segunda operación, mediante la cual se
construye una representación cuyo afecto ligado es de signo contrario al
angustiante, como se anula la angustia.
La construcción del nombre del santo incluye el nombre de la representación angustiante. Es una negación que, como indica Freud, es del orden de lo negativo y lo positivo, anulándose mutuamente:
+ 1
— 1 = 0
Para este tipo de negación, J.-M. Vappereau[3] propone el nombre de “negación modificada”, que debe leerse como “es falso que”, y la representa mediante una tilde (~ p) Así, en la construcción del nombre Nicomedes, resultado final de la operación de represión del sueño del ejemplo, la negación tilde se leerá: “es falso que [la imagen y el nombre de San Nicomedes] sea el demonio y es falso que no sea el demonio”.
Todo el proceso represivo se salda con una operación de costura construida mediante dos negaciones: una negación clásica y otra negación modificada Tal como se muestra en el ejemplo, el conjunto del proceso se aviene a lo que Freud le dio el nombre de “trasformación en lo contrario” y en este ejemplo ocurre que la propiedad que Freud le atribuía al lenguaje primitivo[4] no sólo consiste en mantener unidos los opuestos, sino en que ambos han de coexistir en una negación modificada. En esta operación de costura (que ha trasformado Demonio en San Nicomedes) han intervenido, además, la adición de una palabra que representa una cualidad de un objeto (San), una deformación sobre la palabra y la imagen ligadas a la angustia, y la incorporación de algunas letras.
Esta operación puede escribirse lógicamente del siguiente modo:
(2) p Þ ¬p Ù ~p
que se lee: si p, entonces no p y es falso que p.
Para poder predecir qué posibilidades le quedan al sujeto de poder operar con esta trasformación, resolveremos las tablas lógicas de las proposiciones que resultan de dichas trasformaciones.
La operación total ha quedado
escrita en (2) como p Þ ¬p Ù ~p, que se lee: si p, entonces no p y
negación modificada p. Construimos, primero, la tabla lógica de la conjunción:
|
¬p |
~p |
¬p Ù ~p |
|
V |
V |
V |
|
V |
F |
F |
|
F |
V |
F |
|
F |
F |
F |
Ahora llamaremos W a la expresión completa “¬p Ù ~p” y construiremos la tabla de
verdad de la expresión “p ® W”
|
p |
W |
p ® W |
|
V |
V |
V |
|
V |
F |
F |
|
F |
V |
V |
|
F |
F |
V |
Podemos unificar en una sola tabla el conjunto de
operaciones realizadas :
|
p |
Þ |
ØP |
Ù |
~p |
|
V |
V |
V |
V |
V |
|
V |
F |
V |
F |
F |
|
F |
V |
F |
F |
V |
|
F |
V |
F |
F |
F |
A efectos prácticos, sólo nos
interesa comprender, de acuerdo con las tablas aquí deducidas, que si dada una
proposición p cualquiera, que es angustiante, la conjunción de dos negaciones
(una clásica y otra modificada) siempre hará verdadero el enunciado.
Cabe esperar que esto tenga
consecuencias dramáticas para el sujeto, pues tendrá la certeza de que el
elemento contrario, que sustituye al elemento reprimido, es el verdadero y, en
el caso del sueño del ejemplo, que San Nicomedes es la verdadera percepción y
no el Demonio. El efecto sobre la angustia, aliviándola e incluso haciéndola
desaparecer, es notable. Ahora bien, el elemento reprimido no ha desaparecido,
sino que ha modificado su estado.
En suma, la construcción de las
negaciones permite un cálculo lógico que hace desaparecer la angustia. La
negación más notable es la que proviene del inconsciente en forma de negación
modificada, pues hizo exclamar a la paciente: “¿Pero yo he hecho eso? A mi no se me habría ocurrido nunca una cosa así
[refiriéndose a la trasformación de Demonio en San Nicomedes] Claro que, si no he sido yo, ¿quién ha
sido?”.
Es preciso analizar qué
consecuencias y efectos tiene sobre el sujeto el mecanismo represivo descrito
por Freud como “trasformación en lo contrario”.
Tal como se ha visto, es un
proceso en tres tiempos:
Primer tiempo o de la percepción
angustiante, donde irrumpe a la conciencia una percepción con tres componentes:
una imagen, un nombre y un afecto ligado al conjunto imagen-nombre . Lo formularé
como “Afecto + imagen-nombre”.
Segundo tiempo o de la negación
de la percepción que, aunque operándose sobre el nombre, afecta de igual modo a
la imagen. Mediante esta primera negación, el sujeto separa el afecto
(angustia) de lo percibido (imagen-nombre); Lo formularé como “Afecto sólo”.
Tercer tiempo o de la afirmación
de lo contrario, conservando los trazos del elemento reprimido y mutando el
afecto (de angustia a tranquilidad).
Para que este tercer tiempo
pueda ser efectivo, es preciso que en el segundo tiempo quede al menos la
huella de la imagen-nombre negados, es decir, que por el hecho de que la
imagen-nombre sea eliminada de la conciencia, no por ello es eliminada del
proceso discursivo pues, si así fuera, en el tercer tiempo no quedaría ninguna
posibilidad de reconstrucción de nada.
Diferencio este tipo de negación
(¬p Ù ~p) que llamaré “negación tipo
trasformación en lo contrario” (y que he obtenido de la disyunción que describe
el mecanismo represivo de la trasformación en lo contrario “p Þ ¬p Ù ~p”), de la doble negación,
bien sea la clásica (ØØp) o la clásica y modificada (Ø~p), porque en la “negación
trasformación en lo contrario” se inscribe una temporalidad que no poseen las
otras dos negaciones, aunque el resultado final en los tres casos sea la
afirmación de la percepción. Esta temporalidad implica que se ha realizado en
tres tiempos sucesivos.
El saldo de la operación
represiva es la disminución o desaparición del afecto perturbador (angustia),
pero a costa de eliminar de la libre asociación determinados aspectos de la
vida relacionados con el deseo. Se puede decir, entonces, que como mecanismo
defensivo frente a la irrupción de la angustia, el mecanismo es efectivo, pero
a costa de impedir la libre asociación de ciertos pensamientos y perpetuando de
este modo la emergencia de la angustia,
nuevamente desprovista, ahora, de una buena representación a la que
ligarse. En consecuencia, el sujeto inconsciente se verá constreñido a elaborar otra representación para poder
ligarle la angustia. Hasta entonces, es de esperar que el sujeto sufra accesos
angustiantes sin ningún tipo de representación conciente. Probablemente sea
este el mecanismo implicado en la fobia y en algunos fenómenos psicosomáticos,
pues en un caso la angustia se ligaría a una representación conciente banal (el
caso de la fobia), o a un fenómeno somático, las más de las veces también
banal. Por así decir, el sujeto ya tiene de qué angustiarse.
Desde el punto de vista del
análisis, éste debe proseguir hasta que se hayan recuperado las
representaciones primeras que causaron la represión y la siguiente construcción
represiva.
En la analizante del ejemplo no
sucedió así. La asociación de la imagen del diablo con un fragmento de su
historia no fue suficiente para permitirle enfrentarse con la angustia, quizá
por el intenso sentimiento de culpa que llevaba asociado.
Desde entonces, volvió a sufrir
inexplicables accesos de angustia sin ninguna representación, tal como había
ocurrido antes de iniciar el análisis. Cuando dejó el análisis y se hizo
atender por un psiquiatra que la medicó, sé que sufrió una intensa
trasformación religiosa. Volvió a la Iglesia y se hizo una buena practicante
cristiana (tercera negación). No he tenido más noticias suyas.
Hasta donde sé (notificado por
su psiquiatra), la medicación le fue bien, no volvió a sufrir nuevas crisis de
angustia y se hizo miembro de una asociación cristiana de su parroquia. Al
parecer, esta acción la puso a salvo de dar el paso de separarse de su marido,
con quien vivía mal y de quien se quejaba continuamente de desamor. Se
sacrificó por una causa.
En un análisis retrospectivo, la
angustia que la dejaba sin palabras aparecía cuando se encontraba en un
callejón sin salida: no podía delatar al padre sin delatarse ella.
[1] Sigmund Freud: Obras Completas. Amorrortu Editores. T. IV; p 324-5
[2] Op. Cit. T. V; p. 468-9
[3] J-Michel Vappereau. “¿Es
uno... o, Es Dos?” Ediciones Kliné. Buenos Aires. 1997
[4] Op. cit.: p. 324. Nota al pie nº 16: “Por un trabajo de K Abel me enteré del hecho asombroso, confirmado también por otros lingüistas, de que las lenguas más antiguas se comportan en esto exactamente como los sueños. Al principio poseen una sola palabra para los dos opuestos de una serie de cualidades o actividades (fuertedébil, viejojoven, lejoscerca, uniseparar), y sólo secundariamente forman designaciones separadas para los dos opuestos, mediante ligeras modificaciones de la palabra originaria común.”